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“Empapado” con su pueblo: Mons. Edinson Fárfan revela la cercanía del Papa León XIV durante la Jornada Mundial del Enfermo

La Jornada Mundial del Enfermo 2026 ha situado a Chiclayo en el centro de la mirada eclesial. Pero más allá de la magnitud pastoral del acontecimiento, una imagen sencilla, casi doméstica, ha logrado condensar el espíritu con el que la diócesis vive este tiempo de gracia: la del Papa León XIV sintiéndose “empapado” por su pueblo.

Así lo relató Mons. Edinson Fárfan, obispo de Chiclayo, al evocar el diálogo sostenido con el Santo Padre en un encuentro con él. “Un sacerdote y un obispo le preguntamos: ‘¿Cómo te sientes?’, y él, a manera de anécdota, dijo: ‘Me siento empapado’”, recordó. La expresión, explicó, no aludía al cansancio, sino a una inmersión pastoral total: “Es decir, el Papa ha estado en todos los lugares con nosotros. En teoría y en práctica”.

Gratitud, alegría y esperanza: el clima espiritual de la diócesis

La designación de Chiclayo como sede internacional del encuentro ha sido recibida como un signo providencial que se entrelaza con la elección pontificia. Mons. Fárfan describió este momento como un tríptico espiritual que define el sentir del pueblo: “Tiene un gran significado de gratitud, de alegría y de esperanza. De gratitud porque desde la elección del Santo Padre, el Papa León XIV, el pueblo no ha dejado de dar gracias a Dios y más aún ahora que la sede de la Jornada Mundial del Enfermo es en Chiclayo, Perú”.

Esa vivencia esta encarnada en la identidad de la región. “Alegría porque Chiclayo vive la alegría con sencillez, a pesar de las dificultades, a pesar de los momentos difíciles que atraviesa la región; es un pueblo alegre que vive su fe con sencillez y esperanza”, dijo, y aseguro que la esperanza se sostiene caminando incluso en contextos adversos.

Detenerse para socorrer: la lógica samaritana

Para el obispo, la jornada no se reduce a actos celebrativos, sino que propone una pedagogía pastoral en la práctica: “Esta jornada nos invita, obviamente, a avanzar y detenernos en el camino para socorrer, a convertirnos en buenos samaritanos para socorrer al necesitado; en este caso, detenernos para ayudar a los enfermos”.

En ese horizonte, resaltó el testimonio silencioso del voluntariado sanitario de la diócesis: “Estoy muy contento porque hay esperanza. Hay esperanza en Chiclayo; tenemos un buen voluntariado de salud”. Se trata de una red que opera en una macroregión que atiende a millones de pacientes cada año: “Pero esta red de voluntarios siempre está disponible para dar y mostrar el amor de Dios”.

Uno de los objetivos centrales de la jornada, explicó, es despertar conciencia eclesial y social frente al dolor humano: “El objetivo de la jornada era sensibilizar, no solamente a la región, sino a la Iglesia peruana, al mundo entero”. Las visitas a hospitales han sido decisivas en ese proceso: “Estamos logrando esto: visitar los hospitales, ver el dolor de los enfermos, pero también sentir esa paz y esa alegría que reciben ellos cuando se les visita”. De ahí deriva una conversión pastoral: “Sin duda alguna esto nos ayuda a sensibilizarnos para asumir un compromiso especialmente con los más pobres, con los enfermos”.

Diálogo de hermanos con el Papa

La cercanía del Pontífice con Chiclayo no es protocolar, sino afectiva y pastoral. Mons. Fárfan describió su encuentro como “un diálogo de hermanos… compartiendo lo que hemos vivido en nuestra querida diócesis de Chiclayo”, experiencia que, como compartió, renovó su ministerio.

Subrayó además la identidad compartida que atraviesa la conversación: “Él es peruano de corazón, él ama a su diócesis de Chiclayo y también siente parte a la Conferencia Episcopal Peruana. Es su conferencia”. Ese conocimiento directo de la realidad nacional permitió abordar “los retos y desafíos que tiene que atravesar el país” en un intercambio “muy cercano… profundo”.

Al mirar su propio ministerio, el obispo reconoció el peso de la sucesión apostólica en la diócesis: “Sí, es una gran responsabilidad. Hay que dar continuidad”. Recordó que la Iglesia local ha construido un camino sólido desde sus orígenes hasta el episcopado de Mons. Robert Prevost: “Nosotros hemos encontrado ya un trabajo bien hecho y solo queda dar continuidad al trabajo que han venido realizando mis antecesores”. Con esa conciencia eclesial, pidió oración por su misión y por la del Pontífice: “Pido que oren por las intenciones del Santo Padre y por las intenciones de este servidor”.

Iglesia “empapada” de compasión

La anécdota que abre y atraviesa la experiencia: el Papa sintiéndose “empapado”, termina convirtiéndose en clave interpretativa de toda la Jornada Mundial del Enfermo en Chiclayo. Empapado del dolor y de la fe de su pueblo; empapado de hospitales, voluntarios y pastores; empapado, en definitiva, de una Iglesia que hace de la compasión su lenguaje.

Porque, como deja entrever el testimonio del obispo Fárfan, la verdadera cercanía pastoral no se mide por discursos, sino por la capacidad de mojarse los pies —y el corazón— en la realidad concreta de los que sufren.

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