En el torneo más particular del fútbol colombiano —la Copa de la Fe, que reúne desde hace 12 años a sacerdotes de todo el país y delegaciones internacionales—, hay un jugador estrella que no pasa desapercibido, se trata de monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia.
Este prelado no se limita con acompañar a su equipo desde la tribuna, va más allá, entra en pleno a la cancha, compartiendo sudor, risa y hasta pataditas con su equipo de sacerdotes. Pero él no se lanza solo a esta aventura, también lo hace monseñor Jorge Alberto Ossa Soto, arzobispo de Nueva Pamplona, quien participa de este campeonato. Dos pastores que, dejan de momento la sotana y se ponen los guayos para jugar como uno más del grupo.
Un “tronco” con corazón de jugador
Con humor y sin temor, monseñor Torres confiesa que su pasión por el fútbol viene desde los tiempos del seminario. “Yo siempre he sido goloso por el juego del fútbol. Ahora como ‘tronco’ pues alguna cosita hacemos, así sea animar al equipo”, dice con voz sonriente, haciendo claridad que cuando habla de “tronco” se refiere a ser un poquito malito para jugar.
Eso sí, aunque no sea una estrella en este deporte, sabe que su papel va más allá de los goles. “Más que jugar, es la participación, el acompañamiento a los sacerdotes y la integración con ellos y con las demás delegaciones”, resalta el arzobispo.
Entre parroquias, entrenos y amistad
El equipo de la arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia no llega con un entrenamiento profesional y de hecho reconoce que no les ha ido muy bien en los partidos jugados, pero sí con mucha disciplina y ganas. “Cada mes procuramos encontrarnos para jugar con los ‘troncos’ de las parroquias a las que vamos. Y no nos ha ido tan mal”, menciona el prelado.
El líder religioso, asegura que para ellos levantar la copa no es lo importante, “si de da muy bueno” resala, aquí lo primordial es la integración, animar la fraternidad sacerdotal y permitir que otros sacerdotes de distintas jurisdicciones vayan conociendo a sus hermanos de Antioquia.
Fútbol con misión pastoral
La Copa de la Fe no se limita solo a la competencia deportiva. Es la oportunidad para vivir la misión, la cultura y el turismo, haciendo de estas jornadas una experiencia integral. Para monseñor Torres, ese es el verdadero gol: “El fútbol es un instrumento para la evangelización, para la misión, para la cercanía, para que la gente entienda que los sacerdotes no somos sujetos extraños sino personas del común”.
Y lo dice entre carcajadas: “También nos divertimos, también nos da rabia, también nos damos duro a veces, ¡jaaaa!, pero bueno todo esto hace parte de la fraternidad que hay que vivir y nos la disfrutamos”.
El deporte, escuela de fraternidad y paz
Iluminado por el mensaje del papa Francisco, quien insistía en la importancia del deporte como escuela de vida y fraternidad, el arzobispo hace un llamado claro a los jóvenes. “El deporte es escuela de fraternidad indudablemente. Quiero invitarlos a que hagan deporte, cuiden la salud física y mental. Jugar en equipo es un signo de participación, de comunión, de valores cívicos y humanos”.
Así también, para monseñor Torres el fútbol no es solo entretenimiento sino un camino concreto de construcción de paz. “Luego que jugar al fútbol o cualquier deporte esto es un signo de participación, de comunión, de disciplina, de valores cívicos, de valores humanos. Yo creo que el deporte a todos nos dignifica y es el mejor constructor de la paz”, señala el arzobispo.
Jugar limpio: la otra cara de la Copa
Algo que ha caracterizado la Copa de la Fe es el juego limpio y tener claridad que no todo se define por goles. “No se clasifica solamente por los goles y los puntos, sino también por las menos tarjetas amarillas o rojas. Eso habla de la ética y el alto sentido de responsabilidad de quienes jugamos, especialmente los sacerdotes”, explica monseñor Torres.
Así que esperamos que este campeonato se siga realizando con esos principios de jugar bien, integrarnos y hacerlo de manera que nadie quede ni herido ni agraviado, sino todo el mundo respetando la dignidad de cada hermano.
El objetivo, dice, no es que los sacerdotes terminen molestos y menos lesionados, se trata de que todos salgan fortalecidos en fraternidad, respeto y alegría. “Esperamos que este campeonato se siga realizando con esos principios de jugar bien, integrarnos y hacerlo de la mejor manera”.
Un torneo que combina fe y deporte
La Copa de la Fe es un torneo deportivo impulsado por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), cuya primera edición se celebró en 2013, a través de la Pastoral del Deporte y cuenta con el respaldo de diversas jurisdicciones eclesiásticas. En esta edición, participan 28 equipos integrados por sacerdotes, provenientes de diócesis y arquidiócesis de Colombia, además han hecho presencia delegaciones de Ecuador, Venezuela y México.
El campeonato se desarrolla del 2 al 12 de septiembre en escenarios emblemáticos del Quindío como el Parque Soledén, el Club Campestre, los estadios Alberto Pava Londoño de Montenegro, Alpidio Mejía de La Tebaida y el Centenario de Armenia, donde se jugará la gran final.
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