ADN Celam

En Congreso de Teología, Lucas Dalmasso afirma que la teología se hace vida cuando habita los márgenes y genera esperanza

En Lima, donde del 22 al 24 de octubre se celebra el IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña, el argentino Lucas Dalmasso, integrante del movimiento Cuidadores de la Casa Común, dialogó con ADN Celam su vivencia de una teología encarnada, que brota desde los márgenes sociales y se expresa en la vida cotidiana de los más pobres.

Convocado por Amerindia, el Instituto Bartolomé de las Casas y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el Congreso invita a tejer esperanzas desde abajo, alentando una reflexión teológica que brote del sentir, las luchas y las realidades de los pueblos del continente.

Una espiritualidad que se hace trabajo y comunidad

Nacido en Argentina en 2015 e inspirado por el mensaje de la encíclica Laudato si’, el movimiento Cuidadores de la Casa Común desarrolla iniciativas sociales y ecológicas orientadas al acompañamiento de personas en situación de vulnerabilidad, en particular con mujeres afectadas por la violencia, impulsando proyectos que integran el cuidado de la tierra con la dignidad del trabajo.

“Cuidamos nuestro entorno y cuidamos a nuestros hermanos a partir de generar trabajo. Nuestro lema es ‘Trabajo más espiritualidad es igual a revolución’”, destaca Dalmasso.

En diferentes provincias de Argentina, Cuidadores de la Casa Común desarrolla iniciativas comunitarias donde el cuidado de la tierra y de las personas se convierte en camino de vida, transformación y esperanza. “Se trata de unir el cuidado de la tierra con el cuidado de la dignidad humana”, subraya.

Teología encarnada en la vida cotidiana

Al hablar de su participación en el Congreso de Teología, Lucas Dalmasso señala que la presencia de Cuidadores de la Casa Común se basa en una convicción esencial: reconociendo que la fe se teje en los vínculos humanos, en el trabajo comunitario y en la esperanza que florece en los territorios donde se comparte la vida.

Si no tuviésemos esa mirada teológica, seríamos una ONG más. Cuidadores es parte viva de la Iglesia y de su historia de lucha. Lo teológico no es un adorno, es el fundamento que da sentido y esperanza a lo que hacemos”, sostiene.

Adicional a esto, el argentino destacó el valor de experiencias como Bendita Mezcla, una iniciativa nacida en Centroamérica que invita a repensar la espiritualidad desde lo cotidiano, donde la fe se hace encuentro, comunidad y acción transformadora en los territorios que buscan sanar sus heridas y fortalecer la esperanza.

El Dios de los márgenes

En palabras de Dalmasso, la teología sólo puede entenderse desde la realidad concreta de los pueblos empobrecidos. “Dios se manifiesta siempre en los márgenes y en los pobres”, apunta. Su testimonio se nutre de la experiencia que desarrolla en el Volcadero de Paraná, provincia de Entre Ríos, donde vive junto a comunidades que su labor es el reciclaje y la recuperación de residuos del basural, acompañándolas en procesos de organización y dignificación.

“No vamos de turismo a los márgenes, habitamos en ellos. Esa convivencia es una forma de hacer teología. Es ahí donde el Reino de Dios se hace justicia”, explica.

En medio de esas realidades, —agrega— los gestos más simples se llenan de un profundo sentido espiritual —compartir, cocinar, esperar— se convierten en expresiones concretas del Evangelio vivido día a día. “Son pequeñas eucaristías, signos de un Dios vivo que se hace presente en el dolor y en la marginación”, afirma con convicción.

La teología frente a los cambios sociales

El representante del movimiento, asegura que los tiempos han cambiado, y con ellos también las formas de pensar y organizarse, son distintas a la de los tiempos en que surgieron los movimientos populares del pasado. “Somos parte de una transición”, apunta. A su juicio, el pontificado de Francisco ha recordado a la Iglesia que la realidad concreta tiene prioridad sobre las abstracciones, un principio que interpela también al pensamiento y a la práctica teológica.

Si la teología no se abre a otras ciencias ni busca nuevas formas, va a dejar de tener sentido. Tiene que ayudar a mejorar la vida concreta de la gente o se convertirá en algo reservado para unos pocos”, sostiene.

Al cierre de la entrevista, Dalmasso hace una invitación a construir comunidades abiertas, donde la diversidad sea fuente de comunión y trabajo conjunto. “Hay que trabajar con otros, incluso con quienes piensan distinto, para mejorar lo inmediato: el acceso al agua, la comida, la dignidad del trabajo. Esa es también una forma de hacer teología”, concluye.

 

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