El 14 de noviembre comenzó en Zacapa el VI Congreso Misionero Guatemalteco (COMGUA VI), una cita nacional de la Iglesia Católica que busca fortalecer la vocación misionera del pueblo de Dios. Bajo el lema “Misioneros de Esperanza para los Pueblos”, los participantes se han congregado para reavivar su vocación y fortalecer una Iglesia marcada por la sinodalidad, la profecía y la misión.
En sintonía con el espíritu del congreso, el Papa León XIV envió un mensaje donde invita a retomar el sentido esencial de la misión: anunciar la Buena Noticia desde un corazón abierto y abierto a la acción del Espíritu.
- Foto: Episcopado guatemalteco
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La misión como identidad y camino de amor
El obispo de Roma recordó que la misión no es una tarea añadida, sino que constituye el ser mismo del cristiano, por tanto, no debe ser vista como una obligación. Siguiendo el ejemplo de Cristo, alentó a recuperar el proceso de ver, juzgar y actuar, como un camino que permite mirar las heridas del prójimo, iluminarlas con el amor de Dios y transformarlas en gestos que generan vida.
Según el Papa, la misión prolonga el amor de Cristo en el mundo y se hace visible en quienes permiten ser transformados. Desde esa convicción, animó a abrir el corazón al Espíritu, formarse con solidez y reflejar la esperanza y la caridad en la vida cotidiana.
Misión que nace del corazón antes que de los pies
Al poner como ejemplo a santa Teresita y a san Francisco Javier, con su labor misionera silenciosa y de entregada, el Papa recordó que todos esos caminos nacen del mismo origen: un amor que se abre a Dios y se dona al prójimo.
“La verdadera misión no comienza con los pies que caminan, sino con el corazón que se abre”, destacó, exhortando a dejar atrás egoísmo y miedo y reflejar así el rostro Cristo. Igualmente, aseguró que este proceso de transformación interior permite abrazar a los demás y llevar a otros a conocer el amor del Padre.
- Foto: Episcopado guatemalteco
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El corazón misionero que despierta al mundo
El Santo Padre destacó al hermano Pedro de San José de Betancurt y su campana como símbolo de un corazón misionero limpio de distracciones y lleno de disponibilidad. Hoy, señaló, ese mismo espíritu misionero sigue vibrando en quienes dejan que el Espíritu los guíe, inspirando al mundo a acoger la Verdad y el Reino.
Finalmente, el Santo Padre confió a los presentes en el Congreso a la Virgen María, Reina de las Misiones, recordando las palabras de Jesús: “Como el Padre me envió, así los envío yo”. Con ello, otorgó su Bendición Apostólica, como signo de unidad y fortaleza en la misión que Guatemala está llamada a renovar.
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