Como marco celebrativo del Jubileo de los Administradores de Justicia, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, presidente de la Conferencia Episcopal de Panamá, ofreció una reflexión animando a vivir este momento como una oportunidad para la fidelidad, la coherencia y el servicio por los más pobres, insistiendo en que “no se puede servir a Dios y al dinero”.
El también arzobispo metropolitano de Panamá, mencionó que la justicia se puede evidenciar en los actos cotidianos y sencillos de cada persona, allí se forja la honradez y agregó “la honestidad empieza en casa”. Observó que todo tipo de corrupción desfigura la verdad y corroe el tejido social. Fue así como indicó que “no se puede vivir con un corazón dividido entre el dinero y Dios”.
Al señalar que los pueblos a diario claman por la transparencia en la vida pública, denunció que los intereses políticos y económicos priman sobre el bien común de las personas, haciendo frágil la confianza en las instituciones e hiriendo la dignidad humana de quienes esperan de ellas honestidad.
- Foto: Episcopado panameño
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La misión de los jueces y magistrados
“Quien administra justicia participa del mismo corazón de Dios, que es justo y misericordioso”, frente a ello, llamó a jueces, magistrados, fiscales y defensores a obrar con rectitud y de acuerdo a la ley, enfrentando con valentía las tentaciones de privilegios e intereses ocultos que les puedan ofrecer.
“Ser administrador de justicia es también un acto profético”, afirmó. Con ello subrayó que ejercer la responsabilidad de un cargo administrativo significa ser fiel y dar testimonio de que la corrupción no tiene la última palabra, que nadie está por encima de la ley y que la dignidad de cada persona es inviolable.
- Foto: Episcopado panameño
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Justicia: tarea de todos
En este contexto, el prelado hizo notar que la justicia no es solo responsabilidad de quienes administran la ley en los tribunales, sino una tarea compartida a la que todos estamos llamados, practicándola con fidelidad y coherencia en los distintos ámbitos de la vida: desde el empresario que paga un salario justo hasta el maestro que evalúa con equidad, el político que legisla para el bien común y el ciudadano que cumple con las normas de convivencia.
“La justicia no es exclusiva de los tribunales: es tarea de todos los bautizados”, aseveró, recordando en que este compromiso refleja la santidad de Dios y abre espacios de paz y fraternidad en la sociedad.
Por último, el presidente del episcopado panameño invitó a ser “astutos para el Reino”, es decir, instó a poner la inteligencia y la creatividad al servicio de la justicia y del Evangelio. Celebró que en un mundo permeado por la corrupción y el fraude aún hay personas que se mantienen fieles a su vocación obrando con rectitud.
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