Este viernes 24 de octubre, en el Aula Pablo VI del Vaticano, comenzó el Jubileo de los equipos sinodales y de los órganos de participación, con el panel “La sinodalidad como profecía social”, donde la doctora Mariana Aparecida Venâncio, miembro del equipo sinodal de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) presentó su ponencia sobre la sinodalidad frente a las polarizaciones sociales.
La teóloga resaltó que la sinodalidad no es solo un modelo de organización interna de la Iglesia, sino un estilo de vida que promueve comunión, escucha y participación frente a los desafíos sociales y eclesiales.
El panel incluyó también las intervenciones del cardenal Grzegorz Ryś, arzobispo de Łódź, quien se refirió a las tensiones en la Iglesia, mientras que el profesor Miguel De Salis Amaral habló sobre la conversión de las relaciones.
De la escucha a la acción concreta
La también académica observó que es importante pasar del “yo” al “nosotros eclesial”, creando comunidades donde se promueva la confianza y el apoyo mutuo. Además, señaló que la sinodalidad se basa en la escucha atenta, valorando la voz del otro, dejándose interpelar, respetando su identidad, su diferencia y su forma propia de participación.
En este sentido, explicó la importancia de esta mirada frente al individualismo y el aislamiento, notando que en Brasil la sinodalidad hizo que por primera vez muchas personas se sintieran escuchadas. Explicó que esta actitud constituye un testimonio profético contra la desigualdad, la discriminación y la exclusión, fomentando justicia y fraternidad.
La experta en pastoral sinodal, señaló que la escucha activa es esencial para el diálogo ecuménico e interreligioso, así como para avanzar en la cooperación educativa, económica y política. Como ejemplos de este compromiso, Mariana citó el Pacto Educativo Global, la Economía de Francisco y Clara y la presencia de la Iglesia en las cumbres climáticas de la ONU.
La sinodalidad como misión y profecía
Por otra parte, destacó que la sinodalidad impulsa a la Iglesia a anunciar el Reino de Dios y servir a los más frágiles y descartados. Desde esta perspectiva, se presenta como un camino para fortalecer el compromiso con los pobres, el cuidado de la creación y la defensa de la vida frágil, impulsando la solidaridad y la conversión de estructuras y relaciones.
La ponente recordó que, a la luz del Documento Final del Sínodo y de la tradición teológica latinoamericana, la Iglesia tiene la misión de acompañar a los que sufren, denunciar las injusticias y promover una participación corresponsable en la transformación social.
Un momento de encuentro global
El Jubileo de los equipos sinodales, que se desarrolla del 24 al 26 de octubre, reúne a aproximadamente 2.000 miembros de diversas realidades eclesiales de todo el mundo, se enmarca en el Año Jubilar 2025 de la Iglesia Católica, un tiempo de gracia, peregrinación y conversión.
Durante estos días, las jornadas permitirán compartir experiencias, aprendizajes y desafíos entre realidades de los cinco continentes, fortaleciendo el camino sinodal iniciado con la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
La intervención de Mariana Aparecida Venâncio evidenció que la sinodalidad constituye una forma concreta de comunión y participación misionera, fortaleciendo la dimensión profética de la Iglesia y proponiendo un modelo de convivencia solidaria ante las fracturas sociales que marcan el tiempo presente.
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