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En la COP30, sobrevivientes y expertos exigen convertir la deuda climática en responsabilidad global real

Foto: Cáritas América Latina y el Caribe

En el marco de la COP 30 celebrada en la Amazonía se ofreció el conversatorio “El imperativo moral de la financiación climática: abordar la deuda ecológica en un año jubilar”, donde los organizadores subrayaron que el financiamiento climático no puede seguir tratándose como un gesto de caridad, sino como un acto de justicia y reparación.

La jornada de reflexión que se realizó el martes 11 de noviembre, organizada por Cáritas Internationalis y apoyado por CAFOD, Catholic Relief Services (CRS), el Grupo de Trabajo sobre Deuda y Clima y Living Laudato Si’ Philippines, reuniendo testimonios de Asia y América Latina.

Testimonios que desnudan la deuda climática

La intervención de Joy Reyes, proveniente de Filipinas y sobreviviente del devastador Haiyan, conmovió a los asistentes. Su relato, cargado de dolor y lucidez, recordó que millones de personas enfrentan hoy un clima extremo que no provocaron. Su afirmación —“la resiliencia no es justicia”— denunció tanto la insuficiencia del apoyo internacional como la práctica de ofrecer préstamos a quienes ya lo han perdido todo.

El cardenal Pablo Virgilio David, obispo de Caloocan (Filipinas), reforzó la denuncia al relatar la dureza con la que Filipinas enfrenta, año tras año, fenómenos climáticos extremos. Señaló que el modelo financiero vigente profundiza las brechas, pues los países empobrecidos siguen destinando enormes recursos al pago de intereses mientras reciben montos insuficientes para enfrentar los daños causados por la crisis.

Una mirada desde América Latina

Por su parte, la boliviana Carola Micaela Mejía presentó cifras preocupantes que muestran que América Latina gasta tres veces más en el servicio de la deuda que en salud y educación. Mencionó, además, que casos como el de Colombia muestran la disparidad: se invierte muy poco en cuidado ambiental, mientras se destinan sumas considerables al cumplimiento de obligaciones externas.

La economista subrayó que esta carga desmedida mantiene a los países dependientes en dinámicas neocoloniales que limitan su autonomía. Por ello, propuso trabajar en un marco liderado por las Naciones Unidas, que garantice procesos justos de reestructuración y resolución de deuda y afirmó que «el poder de decidir no debe seguir en manos de quienes contribuyeron a crear la crisis».

Propuestas desde las comunidades y experiencias locales

Desde Cáritas Brasil se expusieron estudios de investigación realizados en varias regiones del país, donde se evidencia que la pobreza y la vulnerabilidad climática avanzan de la mano. A pesar del alto nivel de deuda que enfrentan muchas familias, emergen experiencias colectivas —bancos solidarios, redes económicas y sistemas comunitarios de semillas— que sostienen la resiliencia territorial. El mensaje final insistió en que toda respuesta climática debe nacer de las comunidades y con su participación activa.

En esa línea, el obispo David, monseñor Pablo Virgilio David introdujo la idea de un “arancel terrestre”, un mecanismo que aseguró, exigiría a las empresas que extraen recursos contribuir económicamente a la restauración de los territorios afectados. Insistió en que no sería un tributo convencional, sino una medida de justicia que combina responsabilidad ética y exigencia legal.

La apuesta internacional: Escocia como ejemplo

La funcionaria Gillian Martin, del Gabinete de Acción Climática y Energía de Escocia, afirmó que su gobierno está comprometido con soluciones reparadoras y concretas. Explicó que su país colabora de forma directa con comunidades africanas que sufren pérdidas y daños, impulsando esquemas que refuercen su autonomía y dejen atrás la lógica asistencialista.

Igualmente, pidió a los países que tiene las economías más grandes que pasen de las promesas a la práctica, confiando en las comunidades locales para diseñar e impulsar su propio futuro resiliente.

En el cierre del conversatorio, los ponentes alertaron sobre el riesgo de medidas que aparentan ser soluciones, como ciertos canjes de deuda usados con narrativa climática. Destacaron que los fondos de adaptación siguen sin llegar a quienes defienden cotidianamente la tierra, en particular las comunidades indígenas.

 

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