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Enviado del Papa lleva a Roma el amor de la ciudad de Eten, corazón eucarístico del Perú, en la Jornada Mundial del Enfermo

La visita del cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y enviado especial del Papa León XIV a la 34.ª Jornada Mundial del Enfermo 2026, tuvo uno de sus momentos valiosos en la histórica Parroquia Santa María Magdalena de Ciudad Eten, territorio que tiene una gran devoción al Divino Niño del Milagro Eucarístico. Allí, fe popular, memoria histórica y reflexión pastoral confluyeron en una celebración que puso en el centro la Eucaristía y el cuidado de los enfermos como expresión de la compasión cristiana.

Papa León XIV y su vínculo pastoral con Eten

La jornada estuvo atravesada por la memoria agradecida hacia el hoy Papa León XIV, entonces obispo de Chiclayo, Mons. Robert Prevost, cuya cercanía pastoral con la zona fue recordada reiteradamente.

Durante su ministerio episcopal, que se extendió por más de ocho años, mantuvo una presencia constante en las fiestas patronales y celebraciones eucarísticas de la región. Se recordó especialmente su impulso para promover el reconocimiento del milagro eucarístico de Eten ante la Santa Sede, iniciativa que incluyó la recolección de miles de firmas presentadas personalmente al Papa Francisco.

Su vínculo con esta devoción reforzó la identidad eucarística de la diócesis y dejó una huella pastoral que hoy se proyecta desde el pontificado.

Mons. Edinson Fárfan: la primacía de la ley del amor

La reflexión de la misa fue pronunciada por el obispo de Chiclayo, Mons. Edinson Fárfan, tras la proclamación del Evangelio. En su saludo inicial reconoció la presencia del cardenal Czerny, del nuncio apostólico, de obispos de la región y de agentes de pastoral de la salud reunidos por la Jornada Mundial del Enfermo. “Nos convoca hoy el Señor en esta tierra bendecida, marcada por el milagro eucarístico, signo elocuente de la cercanía de Dios a la fragilidad humana”, dijo.

A partir de la Palabra de Dios, señaló que la fe auténtica no puede reducirse a estructuras o ritos externos, y que, más bien se expresa en la confianza del que clama desde el dolor. En esa línea, recordó que para quien sufre la enfermedad, la certeza de la presencia divina se vuelve sostén interior.

Iluminado por el Evangelio, advirtió sobre el riesgo de una religiosidad superficial, asegurando que “Jesús denuncia una religiosidad que se queda en la apariencia… El Señor nos invita a comprender que la ley verdadera es la del amor”. En el contexto de la Jornada Mundial del Enfermo, explicó que esta enseñanza adquiere especial urgencia, pues el cuidado no se limita a la asistencia técnica, sino que implica cercanía, escucha y acompañamiento real.

El obispo llamó a vivir una “conversión integral de mente, corazón y manos”, insistiendo en que la fe debe traducirse en gestos de misericordia, particularmente hacia los más vulnerables. La homilía concluyó invocando a la Virgen y al Divino Niño del Milagro para que la jornada renueve el compromiso de servicio samaritano.

Agradecimiento parroquial y comunión eclesial

Al finalizar la celebración, el párroco de la comunidad anfitriona, Pbro. Elmer Uchofen Llontop, dirigió palabras de gratitud al enviado pontificio y a las delegaciones presentes.

Resaltó que la visita constituía una bendición inédita para la parroquia y expresó el afecto del pueblo etenano hacia el Santo Padre: “Que le diga al Papa que aquí tiene sus amigos y sus hermanos que rezan todos los días por él”.

Asimismo, encomendó el ministerio de los agentes de pastoral de la salud, especialmente de quienes atienden enfermos, migrantes y personas privadas de libertad.

Cardenal Czerny lleva el amor de Eten al Santo Padre

Antes de impartir la bendición final, el cardenal Michael Czerny recogió el sentir de la comunidad y expresó que llevaría al Papa el cariño manifestado en Eten. En tono cercano preguntó a los fieles si debía transmitir ese amor al Santo Padre, recibiendo una respuesta unánime. Luego impartió la bendición apostólica en su nombre, sellando así la comunión entre la Iglesia local y la Iglesia universal.

La llegada del enviado pontificio estuvo precedida por un ambiente festivo en el distrito, ubicado a unos 20 minutos de Chiclayo. Fieles, grupos parroquiales y autoridades locales se congregaron con globos, danzas típicas y bandas musicales para darle la bienvenida. La visita fue interpretada por la comunidad como un gesto providencial. Algunos fieles manifestaron que la diócesis vive la Jornada Mundial del Enfermo “con la mirada del mundo puesta en Chiclayo”. También se prepararon obsequios simbólicos, entre ellos una imagen del Divino Niño del Milagro, expresión de la identidad espiritual del lugar.

La presencia del cardenal Czerny en Eten se inscribió dentro de un programa más amplio que incluyó: Visitas a hospitales y enfermos, encuentros con agentes de pastoral de la salud, jornadas teológico-pastorales. Todo ello orientado a reflexionar y llevar ala práctica el mensaje del Papa León XIV para esta edición: “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”.

Ciudad Eten: memoria viva del milagro eucarístico

Antes del inicio de la celebración eucarística, se presentó a los fieles la reseña histórica del acontecimiento que ha dado identidad espiritual a esta localidad lambayecana: las apariciones del Niño Jesús en la Hostia consagrada en 1649, durante las vísperas de Corpus Christi y, posteriormente, el 22 de julio, en la fiesta patronal de Santa María Magdalena.

Según la tradición transmitida por los franciscanos, el primero en advertir el fenómeno fue Fray Jerónimo de Silva Manrique, quien observó la figura del Niño en la Sagrada Hostia y convocó a otros religiosos. Semanas después, los testimonios fueron recogidos por autoridades eclesiásticas enviadas desde el obispado de Trujillo.

En la segunda manifestación participaron los frailes Marcos López, Tomás de Reluz y Antonio Crespo, quienes, tras nuevas observaciones durante celebraciones litúrgicas y momentos de adoración, afirmaron haber contemplado nuevamente la figura del Niño Jesús, seguida de la visión simbólica de tres corazones blancos unidos, interpretados como signo de la Santísima Trinidad. Estos relatos, conservados en archivos franciscanos según investigaciones posteriores, consolidaron la devoción que hoy identifica a Eten como “ciudad eucarística” y lugar de peregrinación.

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