Este 1 de septiembre, la Conferencia Episcopal de Chile dio a conocer la partida a la Casa del Padre de monseñor Alejandro Goic Karmelic, obispo emérito de Rancagua, dejando un legado de entrega constante a la fe, la justicia y el acompañamiento de las comunidades. Internado desde el viernes 29 de agosto por complicaciones de salud, su partida fue acompañada de llamados a la oración y numerosos recuerdos de su labor pastoral.
Una vida al servicio de la Iglesia
Nacido en Punta Arenas, monseñor Goic fue ordenado sacerdote el 12 de marzo de 1966. Durante sus primeros años ministeriales ejerció como párroco de Nuestra Señora de Fátima y capellán de la Penitenciaría de Punta Arenas, además de vicario general de su diócesis. Tras la muerte del obispo Vladimiro Borić Crnošija, ejerció como vicario capitular hasta la llegada de su sucesor.
Su compromiso pastoral se extendió más allá de la Iglesia local. En 1978, participó activamente en las gestiones entre la Iglesia chilena y la argentina para evitar un conflicto bélico, culminando con el arbitraje papal. Entre 1975 y 1976 profundizó sus estudios en teología en la Abadía de San Andrés, en Brujas, Bélgica.
El papa Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Concepción en 1979, siendo el primer obispo chileno ordenado directamente por el pontífice. Posteriormente fue obispo auxiliar de Talca, obispo de Osorno y, desde 2004 hasta 2018, obispo de Rancagua, donde vivió sus años más significativos de servicio pastoral.
Acción en favor de la justicia social
Monseñor Goic Karmelic destacó por su cercanía a las comunidades y su defensa de los derechos de los más vulnerables. En su labor a nivel nacional, presidió la Conferencia Episcopal de Chile entre 2004 y 2010 y lideró el Consejo Nacional para la Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas desde 2011, promoviendo políticas de protección de menores y ayuda a quienes sufrieron situaciones de abuso.
Su voz también se hizo presente en el ámbito social y laboral. Durante la huelga de trabajadores de la Mina El Teniente en 2007, expresó su respaldo a la búsqueda de justicia para los trabajadores, y en 2009 destacó la importancia de un “sueldo ético”. Además, abordó las desigualdades económicas y sociales del país, y manifestó preocupación por la situación de los inmigrantes y las personas privadas de libertad, insistiendo en la necesidad de políticas que respeten la dignidad humana.
“Las desigualdades escandalosas y la situación de quienes sufren me han preocupado siempre”, señalaba el obispo emérito, reflejando una vida que combinó la espiritualidad con la acción en favor de la justicia.
“Que Cristo sea mi vida y el centro de todo”
Recordado por su carácter sencillo y cercano, monseñor Goic dedicó su vida a acompañar a las comunidades. Sacerdotes, laicos y familias destacan su cercanía y capacidad de escucha, así como su espiritualidad centrada en Cristo.
En 2009, él mismo resumió su motivación pastoral: “La fascinación por la persona de Jesucristo y su Evangelio ha sido esencial. Mi lema episcopal, ‘Cristo es mi vida’, marca mi ministerio. Es lo único que he anhelado y anhelo, más allá de mis fragilidades: que Cristo sea mi vida y el centro de todo”.
Además, reconocía la influencia de figuras como san Francisco de Asís y san Alberto Hurtado, cuya entrega y coraje inspiraron su ministerio. Durante su retiro, dedicado a la oración y reflexión en el monasterio de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, mantuvo siempre su compromiso con la fe y la justicia social.
Legado
Monseñor Goic deja un legado imborrable en las diócesis de Punta Arenas, Concepción, Talca, Osorno y Rancagua, donde su paso marcó la vida de sacerdotes, religiosos y laicos. Su labor pastoral y social consolidó su reputación como un pastor comprometido con la justicia, cercano a las comunidades y sensible a las necesidades de los más desfavorecidos.
La Iglesia de Rancagua y toda la comunidad católica chilena se unen en oración por su descanso eterno y por el consuelo de sus familiares y cercanos.
En esta entrevista, Monseñor Goic comparte reflexiones sobre su vocación, su compromiso con la justicia social y su labor pastoral en diversas diócesis de Chile. Es una oportunidad para conocer más de cerca a este querido pastor y su legado en la Iglesia chilena:
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