La Casa de Encuentros del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), en Bogotá, se convirtió desde el pasado 30 de junio en el espacio que acoge el XLVI Curso Latinoamericano para Formadores de Seminarios Mayores, organizado por la secretaría general del Celam y la Organización de Seminarios Latinoamericanos (Oslam), con respaldo académico del Cebitepal.
Bajo el lema “Peregrinos de la esperanza en la formación sacerdotal”, esta edición que concluirá este 18 de julio, ha reunido a 67 sacerdotes de distintos países del continente, quienes comparten una experiencia formativa, espiritual y pastoral profundamente marcada por la sinodalidad.
Uno de los coordinadores del curso, Juan Fernando Sánchez, laico mexicano de la arquidiócesis de Xalapa y secretario de Oslam, destacó en entrevista para ADN Celam que esta edición marca un hito: “La primera novedad es estar aquí, en la sede del Celam. Eso fortaleció la imagen eclesial latinoamericana al verse reflejada en el número de participantes. En otras ediciones, solíamos tener entre 30 asistentes”.
- Fotos: ADN Celam
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Formar sinodalmente, no clericalmente
Sánchez remarcó que más allá de los contenidos académicos, esta experiencia formativa busca vencer el clericalismo y abrir paso a una vivencia comunitaria auténtica. “El riesgo es el clericalismo y creo que estar aquí lo vence perfectamente bien. Hay apertura, hay dinamismo y una interacción que rompe esa visión autoritaria”.
Sobre cómo promover la sinodalidad en los seminarios más allá del aula, el sacerdote enfatizó que la clave está en ser familia. “No sentirse como alumno y maestro, sino como una familia. A imagen de Jesucristo con sus discípulos. Ser parte de una comunidad real, que se esfuerza, que crece junta”.
Nuevas miradas al rol del formador
Desde Venezuela en la Arquidiócesis de Barquisimeto, el sacerdote Luis Alejandro Piña Gutiérrez, de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, compartió que la riqueza del curso ha estado en descubrir la centralidad del formador como acompañante vocacional. “Es un papel fundamental, porque estamos en contacto directo con los que mañana serán los futuros pastores”.
Según lo expresó, su experiencia ha sido transformadora. “Me ha abierto nuevos horizontes, ver de forma distinta la persona del seminarista, como alguien que confía en nosotros, y a quien debemos acompañar integralmente”, señaló. Igualmente, destacó los desafíos del acompañamiento afectivo, aspecto que ha sido clave en el curso. “Lograr generar confianza, empatía, que el seminarista entienda que su vida es integral, que puede madurar sus afectos con la ayuda del formador”.
- Fotos: ADN Celam
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El reto de humanizar la formación sacerdotal
Por la diócesis Nuestra Señora de la Alta Gracia, Seminario Menor San Pablo Apóstol, estuvo presente el padre Carlos Daniel Richiez Tapia, de República Dominicana, quien valoró especialmente el enfoque humano y cercano del curso. “La humanización de la formación es uno de los grandes aprendizajes que me llevo. Hay que ver muchas aristas en cada persona. Se nos llama a ejercer una paternidad desde el corazón de Cristo”.
En cuanto al reto de acompañar afectivamente a los seminaristas, consideró que hoy se vive un cambio generacional, por lo que aseguró que: “Los candidatos son más sinceros, afectivos, con los sentimientos a flor de piel. Se necesita un acompañamiento sano, cercano y con herramientas espirituales y psicológicas que nos ayuden a responder como formadores”.
Formación que trasciende lo académico
El padre Jorge Luis Balcázar, del seminario Juan Pablo II en la diócesis de Valledupar, Colombia, también conversó con ADN Celam y coincidió con sus compañeros en el valor de las herramientas compartidas en el curso. Expuso que “la formación es una misión especial de la Iglesia. Necesitamos recursos profundos, estratégicos, que superen lo meramente académico y nos preparen para acompañar la vida, con todo lo que ella implica”.
Frente a los retos del acompañamiento afectivo, Balcázar sostuvo que el perfil de los jóvenes de hoy demanda una preparación constante. “Son jóvenes muy libres, con muchas problemáticas, y por eso hay que contar con herramientas teológicas, psicológicas y humanas para acompañarlos bien”.
- Fotos: ADN Celam
- Fotos: ADN Celam
Su invitación a otros formadores que tienen la tarea de acompañar y formar a futuros sacerdotes fue clara: “No podemos ser islas. La clave es la sinodalidad, el trabajo en equipo y el diálogo con otros formadores. Estas experiencias enriquecen enormemente la misión formativa de la Iglesia”.
Hacia una formación sinodal y continental
El curso, no solo ha estado brindado conocimientos académicos, sino que se ha convertido en una experiencia eclesial que fortalece la comunión entre los pueblos de América Latina y el Caribe, y que da nuevas luces sobre cómo acompañar la vocación sacerdotal en tiempos de desafíos complejos y grandes esperanzas.
Desde el testimonio de los participantes recogido por ADN Celam, se perfila una clara certeza: formar en comunidad, con humanidad y en espíritu sinodal es el camino para una Iglesia más cercana y creíble.
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