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Hermano Máximo Macías: “Nicea aún tiene mucho que decir a la Iglesia del presente»

Foto: ADN Celam

Más de 80 participantes de 15 países se dieron cita del 1 al 3 de julio en Ciudad de Guatemala, convocados por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), para conmemorar los 1.700 años del Concilio de Nicea. Bajo el lema “Fe, unidad y esperanza”, este encuentro ecuménico propició un espacio de diálogo, reflexión y discernimiento que permitió actualizar el mensaje de Nicea y fortalecer los vínculos entre las distintas iglesias cristianas presentes.

En este contexto, el Hermano Máximo Macías, miembro de la Iglesia Greco-católica , conversó con ADN Celam y expuso su pensamiento centrado en aspectos puntuales como la vigencia del Concilio de Nicea, aportes de los concilios ecuménicos y los grandes desafíos que interpelan hoy la unidad de los cristianos.

“Nicea sigue hablándonos hoy”

El líder religioso recordó que la Iglesia no se reinventa a sí misma, sino que crece desde su rica tradición. “El Concilio de Nicea es el primero de carácter ecuménico, y de él nace el símbolo de la fe que aún hoy proclamamos cada domingo en la liturgia”, señaló. Para él, la celebración de este aniversario es una oportunidad de “releer el Concilio a la luz de los desafíos actuales de la Iglesia y del mundo”.

Además, resaltó que este ejercicio no conlleva a modificar la confesión de fe, sino redescubrir en ella un llamado renovado: “Es la misma confesión, pero adquiriendo un nuevo mensaje que nos impulsa a actuar desde la fe frente a los desafíos contemporáneos”.

Unidad, no uniformidad

Consultado sobre los aportes de los concilios ecuménicos, el Hermano Máximo explicó que históricamente estas asambleas surgen de la necesidad de preservar la unidad de la Iglesia. “En los primeros siglos, el emperador convocaba los concilios para evitar que las divisiones religiosas pusieran en riesgo la cohesión del imperio”, mencionó, recordando que, en la actualidad, esa necesidad de unidad persiste, aunque en un contexto diferente.

Los concilios nos ayudan a corregir enseñanzas que afectan la unidad. El Vaticano II, aunque no fue dogmático, nos enseñó a leer los signos de los tiempos y a vivir una Iglesia pastoralmente abierta”, afirmó.

Diálogo como signo del Reino

El encontrar una pluralidad de voces dentro del encuentro fue, para el Hermano Máximo, una señal de esperanza. “La Iglesia de Cristo está herida por cismas y divisiones, pero Cristo sigue siendo uno. La oración de Jesús ‘que todos sean uno’ debe guiarnos”, sostuvo.

Insistió en que la división entre cristianos debilita el testimonio ante el mundo. “Estoy convencido de que el mundo no cree, en parte, por culpa de los cristianos que no estamos unidos”. A la vez, subrayó que la unidad no es solo fruto del esfuerzo humano, sino también de la gracia de Dios. “Debemos poner nuestra parte y dejarnos guiar por esa gracia”, puntualizó.

“Somos católicos, aunque no romanos”

El Hermano Máximo, como miembro de la Iglesia Greco-católica, también compartió una importante aclaración sobre la diversidad interna del catolicismo. “La mayoría de los católicos son de rito romano, pero existen 24 Iglesias orientales sui iuris que también son católicas”, explicó. Estas iglesias tienen sus propias tradiciones y leyes, pero reconocen al Papa como su pastor universal.

Al respecto dijo igualmente que “la Iglesia de Ucrania, los maronitas, los melquitas, somos parte de esa riqueza. El cristianismo nació en Oriente, y nuestras iglesias lo reflejan”, subrayó.

Una invitación a mirar hacia Oriente

En cuanto a los horizontes que deberían abrirse tras este encuentro, el Hermano Máximo fue claro en afirmar que se deberían incluir de manera más decidida a las Iglesias Ortodoxas. “De las 14 Iglesias Ortodoxas, solo una estuvo representada en este encuentro”, lamentó.

Propuso al Celam y a los organizadores que, en futuras actividades ecuménicas, se haga un esfuerzo consciente por invitar a estas iglesias. “Hay cada vez más católicos que ingresan a las Iglesias Ortodoxas en América Latina. No hay que tener miedo, pero sí estar atentos. La unidad también se construye con presencia y escucha mutua”, concluyó.

 

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