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ICARRD+20: Iglesia católica y Consejo Mundial de Iglesias exige reforma agraria integral con justicia social y ambiental

Foto: Pastoral Social Cáritas Colombiana

Este miércoles 25 de febrero, en el marco de la Segunda Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20), convocada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Gobierno colombiano en Cartagena de Indias, la Iglesia católica expuso una visión integral de la tierra como base de la vida, la paz y la dignidad humana.

Durante una rueda de prensa, representantes de América Latina, África y el movimiento ecuménico expusieron los ejes del documento “Tierra para la vida, tierra para la paz”, elaborado por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) junto a instancias episcopales de otros continentes.

La intervención de cada uno de los panelistas dejó claro que la reforma agraria no es un asunto técnico del pasado, sino una cuestión estructural que toca el corazón del desarrollo humano integral y la estabilidad de las naciones.

Una economía agraria que construye paz

Monseñor Paolo Rudelli, Nuncio Apostólico en Colombia y jefe de la delegación de la Santa Sede, reafirmó el firme compromiso del Vaticano con el desarrollo del mundo rural y la transformación estructural del campo. Señaló que el magisterio pontificio ha reflexionado ampliamente sobre esta cuestión en las últimas décadas, desde los aportes del antiguo Pontificio Consejo Justicia y Paz hasta Laudato si’, donde se recuerda que “todo está conectado”.

Indicó que el deterioro del clima es síntoma de una fractura ética y espiritual más profunda. De ahí que la reforma del campo deba abordarse de manera integral, superando la lógica limitada de la mera adjudicación de tierras para avanzar hacia cambios en las relaciones productivas, sociales y políticas. “Una economía agraria que está en salud es también una economía de paz; una economía agraria enferma genera conflicto y violencia”, advirtió, evocando a la experiencia colombiana.

Aseguró que el documento propone precisamente esa visión integral: una justa distribución de la tierra, el fortalecimiento de la economía rural y la dignificación del trabajo campesino como bases de una auténtica ecología integral.

Transición justa y denuncia de la especulación

El presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social Cáritas Colombiana, monseñor Juan Carlos Barreto, al presentar el contexto del documento, recordó que la fe se traduce en compromiso concreto con la justicia social. Mencionó que el texto llama a impulsar cambios profundos e inmediatos que hagan posible una transición justa y un modelo económico que priorice al campesinado y al mundo rural.

El documento denuncia sobre el alto costo de la especulación de tierras que está provocando una migración forzada y arrebatando a la juventud rural su derecho de dar y prosperar en el campo. En ese sentido, sostiene que la reforma agraria no es un simple ajuste técnico, sino una reconstrucción imprescindible para sanar el tejido social y ecológico del planeta, haciendo un llamado a «sembrar hoy la cosecha de la justicia» .

Unidad ecuménica por la tierra y la justicia

Por su parte, el representante del Consejo Mundial de Iglesias, Emmanuel Yap tomó la palabra observando que esta entidad agrupa a 356 iglesias y a más de 600 millones de fieles en todo el mundo, manteniendo una alianza histórica con la Iglesia católica. Además, presentó un pronunciamiento conjunto fruto del trabajo ecuménico, sustentado en convicciones compartidas.

Indicó que existen amplias coincidencias en temas clave como poner fin a la concentración especulativa de tierras, respaldar la transformación agroecológica, fomentar democracias más inclusivas y asegurar la participación vinculante de los sectores históricamente marginados. A la vez, subrayó que la rendición de cuentas del sector corporativo es un componente ineludible.

África clama por tierra, dignidad y soberanía

Finalmente, venido desde el continente africano, intervino el padre Uchechukwu Obodoechina, responsable de Justicia, Paz y Desarrollo del SECAM, quien denunció que la concentración indebida de tierras y la corrupción política continúan golpeando con fuerza a su continente. Insistió en que la transformación no vendrá solo de declaraciones, sino de la organización del pueblo, de gobiernos más transparentes y de la defensa activa de la soberanía alimentaria ante presiones externas.

Al ser consultado sobre cómo preservar la unidad entre tierra, vida, alimento y trabajo, afirmó que su vínculo es esencial y éticamente ineludible: sin acceso a la tierra no hay sustento, y sin alimento no es posible el trabajo. Reconocer esa interdependencia —señaló— exige comprometer a gobiernos y sociedades en la defensa activa de la dignidad y el porvenir de sus pueblos.

 

 

 

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