Bajo el lema “Hacia una cultura del cuidado y la prevención en clave pastoral y humana”, la Comisión Episcopal de Prevención y Cultura del Cuidado de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) llevó adelante dos jornadas de formación intensiva, los días 17 y 18 de junio, dirigidas a colaboradores pastorales de la propia CEB, Pastoral Social Cáritas y Fundación Jubileo.
El encuentro, coordinado y facilitado por la Lic. Nancy Loredo, secretaria ejecutiva de la Comisión, forma parte de un proceso de formación permanente que se impulsa para fortalecer el trabajo eclesial desde la base: “Este proceso está orientado a colaboradores que de alguna manera se convierten en formadores de formadores, porque tienen niveles de coordinación y acompañamiento a nivel nacional con las jurisdicciones eclesiásticas”, explicó Loredo.
Formar comunidades conscientes y corresponsables
La formación tuvo como centro la convicción de que la cultura del cuidado es un camino de conversión pastoral que toca todas las dimensiones de la vida comunitaria: “Es importante entender que este camino construye la posibilidad de comprender que es un proceso que se da en tres niveles principales: el cuidado de uno mismo, el cuidado de los otros y el cuidado de la comunidad”.
El punto de partida fue iluminar estos tres niveles desde los fundamentos bíblicos y humanistas, resaltando el relato de Génesis 4,9: “¿Dónde está tu hermano Abel?” como llamada universal a la responsabilidad fraterna. Se tocaron además aportes de pensadores como Emmanuel Lévinas, quien recuerda que la relación con el otro nos obliga a responder y nunca permanecer indiferentes.
Inspirados en la figura de Jesús Buen Pastor y Buen Samaritano, los participantes conocieron la lógica de mirar, compadecerse y actuar, reconociendo en la Eucaristía y la comunidad cristiana el lugar donde se debe encarnar esta responsabilidad de cuidado, especialmente hacia los más vulnerables.
Tejiendo redes que previenen y protegen
La metodología incluyó dinámicas grupales y espacios de integración, donde se reflexionó sobre la confianza en Dios como cuidador y sobre la actitud personal frente al compromiso pastoral. “Este proceso de formación tuvo como objetivo generar un espacio de reflexión y principalmente de construcción de este camino que estamos todos y todas llamados a recorrer dentro de las esferas de la Iglesia boliviana”, dijo Loredo.
Desde la psicología se hizo hincapié en el apego seguro y estable, como base para desarrollar vínculos afectivos sanos desde la infancia: “El apego seguro genera procesos de vinculación afectiva desde edades tempranas, lo que nos permite conectarnos con el otro y empezar a ser tutores resilientes para el cuidado de la persona”, explicó la especialista.
A su vez, se reflexionó sobre los abusos como antagonismos del cuidado, recordando que los contextos eclesiales no están exentos de riesgos de abuso de poder, conciencia, psicológico, espiritual o sexual. Por ello, se analizaron señales de alerta y la necesidad de consolidar ambientes protectores y una cultura institucional donde la dignidad de la persona sea siempre prioridad.
Construir juntos una red viva de cuidado
Un aspecto central de las jornadas fue recordar a los agentes pastorales su propia responsabilidad de cuidarse a sí mismos para poder acompañar a otros: “Los colaboradores pastorales, como primeros promotores del cuidado, deben cuidar su propia salud mental y emocional”, insistió Nancy Loredo, remarcando el valor de la resiliencia y las redes de apoyo comunitarias.
Esta visión responde directamente a las enseñanzas del Papa Francisco, quien desde su pontificado ha insistido en que la Iglesia debe superar la indiferencia y convertirse en un lugar seguro de acogida y protección: “Estamos llamados a respetar y proteger en todo momento la dignidad de la persona”.
La Comisión Episcopal de Prevención y Cultura del Cuidado evalúa de forma muy positiva la participación y los compromisos asumidos en estas jornadas. La diversidad de procedencias, colaboradores de distintas áreas, comisiones y oficinas, evidenció que la unidad en la misión es valiosa para tejer redes sólidas de protección y acompañamiento.
Los participantes se comprometieron a multiplicar estos aprendizajes en sus espacios de servicio, conscientes de que la cultura del cuidado es signo tangible del amor al prójimo y de que ser Iglesia sinodal implica ser Iglesia que escucha, protege y acompaña.
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