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Iglesia en Bolivia inaugura diplomado para prevenir abusos y promover ambientes sanos en contextos eclesiales

La Iglesia en Bolivia dio inicio al diplomado “Prevención de abusos y promoción de ambientes sanos en contextos eclesiales”, una propuesta formativa que lleva adelante la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) en alianza con la Facultad de Teología San Pablo de la Universidad Católica Boliviana. El programa quiere fortalecer la creación de comunidades seguras y una cultura del cuidado dentro de la vida eclesial.

La inauguración se realizó el 10 de marzo con la participación de autoridades eclesiales y académicas, entre ellas monseñor Eugenio Coter, obispo del Vicariato Apostólico de Pando y presidente de la Comisión Episcopal de Prevención y Cultura del Cuidado; padre Diego Plá secretario general adjunto de la CEB; el padre Manuel Gustavo Durán SJ, presidente de la Facultad de Teología San Pablo; y la doctora Bernardeth Caero Bustillos, directora de posgrado de esta institución.

Durante el acto se resaltó que el diplomado nace como un espacio académico orientado a la formación integral y a la construcción de comunidades seguras y saludables, respondiendo al compromiso de la Iglesia de fortalecer la prevención de abusos y el acompañamiento a las víctimas.

Iniciativa para fortalecer la cultura del cuidado

La apertura del evento estuvo marcada por una oración por las víctimas de abusos, dirigida por el padre Diego Plá Aranda, en su plegaria pidió a Dios que “sostenga a quienes han sufrido el dolor del abuso sexual y otras formas de abuso” y que conceda a la Iglesia la gracia de ser “una comunidad vigilante que cree espacios sanos y seguros”.

Posteriormente, al dirigir el saludo institucional en nombre de la Conferencia Episcopal Boliviana, el padre Plá dio lectura al mensaje de Mons. Giovani Arana, secretario general de la CEB, quien remarcó que la inauguración del diplomado responde a un compromiso pastoral: “No nos reúne hoy una simple meta académica, sino un compromiso ético y pastoral de primer orden”.

Se recordó que la Iglesia está llamada a ser un espacio seguro para todos e hizo hincapié que “no hay lugar en nuestras comunidades para el silencio cómplice, el abuso de poder o la indiferencia”. En este sentido, Mons. Arana explicó que el diplomado se sustenta en tres pilares: “la verdad para mirar de frente las heridas del pasado y del presente, la justicia para poner siempre a las víctimas en el centro y la prevención para formarnos profesionalmente en la creación de ambientes sanos”. Asimismo, se remarcó que los participantes “no vienen solo a estudiar teorías, vienen a adquirir herramientas para transformar la cultura eclesial”, en consonancia con el llamado del Papa Francisco a erradicar la cultura del abuso.

Posición ética, eclesial y espiritual

Por su parte, el padre Manuel Gustavo Durán SJ, presidente de la Facultad de Teología San Pablo, señaló que la Iglesia está llamada a ser “signo e instrumento del amor de Dios”, por lo que toda forma de abuso representa “una herida profunda no solo para quienes la padecen, sino para el cuerpo eclesial en su conjunto”.

En su intervención resaltó que este diplomado “expresa una toma de posición ética, eclesial y espiritual”, orientada a aprender a prevenir y a construir comunidades donde “la autoridad se viva como servicio y las relaciones como espacio de respeto”.

El teólogo recordó además que hablar de cultura del cuidado forma parte esencial de la vida cristiana: “el cuidado pertenece al corazón mismo del Evangelio, porque brota de la manera como Jesús acogía y defendía la dignidad de las personas, especialmente de las más vulnerables”. Desde la universidad, agregó, se asume esta iniciativa como un ejercicio de corresponsabilidad eclesial que busca formar “una sensibilidad nueva, una conciencia más lúcida y una praxis pastoral más evangélica”.

Programa académico impulsado por la Iglesia

Durante la presentación académica del diplomado, la doctora Bernadette Caero Bustillos explicó que el programa surgió a partir de una solicitud directa de la Conferencia Episcopal Boliviana para que la Facultad de Teología coordinara este proceso formativo.

Según explicó, la iniciativa se enmarca también en los objetivos institucionales de la Universidad Católica Boliviana de fortalecer la formación integral y promover profesionales comprometidos con la sociedad. En este sentido, señaló que el diplomado tiene como propósito aportar a “la formación integral de calidad, mediante la investigación educativa y la formación de profesionales con vocación de servicio y responsabilidad social”.

El programa tiene como objetivo fortalecer las políticas de prevención y atención de abusos para la generación de una cultura del cuidado y comunidades de buen trato en los contextos eclesiales. El diplomado se desarrollará en siete módulos, en modalidad virtual sincrónica con sesiones dos veces por semana, e incluirá además un encuentro presencial destinado a fortalecer las habilidades prácticas de los participantes.

Formación con impacto en la Iglesia y la sociedad

La magíster Nancy Loredo Zambrana, secretaria ejecutiva de la Comisión Episcopal de Prevención y Cultura del Cuidado, explicó que el proceso formativo reúne a participantes provenientes de diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país.

De acuerdo con los datos presentados, el 81% de los participantes son laicos y laicas, muchos de ellos integrantes de equipos de protección en diócesis y jurisdicciones eclesiales; el 14% corresponde a miembros de la vida consagrada, y el 5% a clérigos, entre presbíteros y diáconos permanentes. El diplomado reúne representantes de 15 jurisdicciones eclesiásticas de Bolivia, así como integrantes de diversas congregaciones religiosas y organizaciones eclesiales.

Loredo destacó que el programa cuenta con el financiamiento de organizaciones de cooperación alemana, entre ellas Adveniat y Kindermissionswerk, que apoyan iniciativas orientadas a la protección de niños, niñas y adolescentes.

Según explicó, el impacto esperado del programa es que, al finalizar el proceso, la Iglesia cuente con colaboradores pastorales capacitados para prevenir y abordar situaciones de abuso, promoviendo ambientes seguros y fortaleciendo la cultura del cuidado. “Esto permitirá contribuir al fortalecimiento de una Iglesia y una sociedad que respeten la dignidad humana y protejan a las personas más vulnerables”, sostuvo.

Prioridad a las víctimas

En la intervención central de la inauguración, Mons. Eugenio Coter, presidente de la Comisión Episcopal de Prevención y Cultura del Cuidado, resaltó la importancia de colocar a las víctimas en el centro de la respuesta pastoral. El obispo explicó que, frente a situaciones de abuso, el pastor debe asumir una doble responsabilidad: acompañar tanto al sacerdote implicado como a las víctimas. Sin embargo, recalcó que la prioridad debe ser siempre la persona afectada. “Tengo que ante todo dar la prioridad y la preferencia a la situación personal más débil que es la de la víctima”, dijo.

La autoridad eclesial insistió en la necesidad de pasar de las buenas intenciones a una formación profesional que permita generar ambientes seguros: “Tenemos que pasar de las buenas intenciones a una profesionalidad que nos ayude a generar condiciones y utilizar las técnicas que las ciencias nos ayudan a tener”, explicó. En este sentido, señaló que la prevención requiere una nueva sensibilidad dentro de la Iglesia y no puede limitarse a un pequeño grupo de especialistas: “La prevención no es cuestión de pocos especialistas, es compromiso de todos los que hacen a nuestros ambientes”.

Mons. Coter también remarcó que el objetivo es crear comunidades serenas y seguras donde no haya víctimas, evitando caer en actitudes de miedo o desconfianza generalizada: “Sin crear fobias y creando ambientes serenos podremos hacer una auténtica prevención”.

Camino formativo al servicio de la misión

Al concluir el acto, los organizadores expresaron su deseo de que el diplomado contribuya a fortalecer la profesionalización de quienes trabajan en la prevención de abusos y en la promoción de ambientes sanos en la Iglesia.

Que su formación se traduzca en una Iglesia que cuida, protege y sana”, había señalado previamente el padre Diego Plá, resumiendo el espíritu de esta iniciativa.

Tras la ceremonia de inauguración, los participantes continuaron con el inicio del primer módulo del programa formativo, que quiere consolidar una red de agentes pastorales al servicio de la construcción de comunidades eclesiales seguras y respetuosas de la dignidad de todas las personas.

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