Este 18 de febrero, el presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, José Domingo Ulloa Mendieta, instó al país a aprovechar la Cuaresma como un tiempo decisivo de renovación interior y compromiso, superando la rutina religiosa. En la celebración del Miércoles de Ceniza, convocó a revisar la propia vida y a regresar a lo verdaderamente importante.
El también arzobispo de Panamá señaló que, en medio de la realidad social, económica, familiar y eclesial que enfrenta el país, este tiempo de la Cuaresma no puede convertirse en un rito más. Destacó que Dios regala este período como un momento propicio para restaurar lo que está herido y fortalecer la confianza en el futuro.
- Foto: Episcopado panameño
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Camino hacia la Pascua
En la celebración eucarística, el prelado recordó que la Cuaresma es un itinerario que conduce a la Pascua, donde la muerte no tiene la victoria definitiva «pues la última palabra la tiene la vida”. Frente a un panorama marcado por fracturas sociales y pérdida de confianza, subrayó que “Dios no se cansa de perdonar y sigue creyendo en el corazón humano”.
Sostuvo que el país necesita hombres y mujeres de esperanza, familias reconciliadas, jóvenes con ideales altos y servidores públicos con conciencia recta. Exhortó a vivir la Cuaresma de manera auténtica, de modo que no pase como una tradición más, sino que se traduzca en una conversión visible en la vida personal y comunitaria, para que —afirmó— “se note que estamos caminando hacia la Pascua”.
El líder religioso explicó que el Evangelio sugiere tres actitudes concretas para recorrer este camino: oración, ayuno y limosna. Advirtió la importancia de recuperar el diálogo con Dios, dedicar tiempo a la Eucaristía, constancia en la lectura de la Biblia y fortalecer la oración en familia, en una sociedad acelerada, hiperconectada y muchas veces desconectada de Dios.
Por otro lado, subrayó que el ayuno exige una transformación del corazón y la renuncia a actitudes que dañan la convivencia. Asimismo, precisó que compartir implica abrir espacio al otro, escuchar sus necesidades y acompañarlo con gestos concretos, sobre todo en una nación caracterizada por el encuentro de pueblos.
- Foto: Episcopado panameño
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El signo de la ceniza
Aseguró que la ceniza no es un simple símbolo externo ni una costumbre religiosa más. Explicó que este signo impuesto proviene de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior, «aquellas con las que proclamamos a Jesús como Rey», indicó, observando que también este momento recuerda la fragilidad humana y la promesa de que Dios es capaz de recrear y dar nueva vida .
Finalmente, pidió que este tiempo sea una experiencia real de conversión para la Iglesia y el país, y que al llegar a la Semana Santa los fieles tengan un corazón más limpio, reconciliado y comprometido con el Evangelio.
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