En un contexto de creciente urgencia frente a la crisis climática, representantes de la Iglesia católica de distintos continentes participaron en el lanzamiento del “Manifiesto de las Iglesias del Sur Global por nuestra casa común. Hacia la paz con la creación: un llamamiento urgente por una transición justa más allá de los combustibles fósiles”, un documento que impulsa la adopción de un tratado internacional para detener la expansión de los combustibles fósiles y avanzar hacia una transición energética justa.
La sesión fue presentada dentro del camino hacia la conferencia internacional que se celebrará en Santa Marta (Colombia), concebida como un espacio para definir una hoja de ruta global frente al cambio climático. Desde el inicio del encuentro se recordó que la crisis climática tiene causas concretas: “Todos sabemos que la crisis climática no está siendo impulsada por emisiones abstractas, sino por algo muy concreto: carbón, petróleo y gas”.
El tratado de no proliferación de combustibles fósiles fue presentado como una propuesta destinada a enfrentar esta realidad mediante una estrategia global que permita detener la expansión de estos combustibles, eliminarlos progresivamente y garantizar una transición justa hacia energías limpias.
Hoja de ruta global para la transición energética
El manifiesto propone tres pilares: El primero es la no proliferación y eliminación progresiva, que implica “poner fin de inmediato a la nueva exploración y expansión del carbón, petróleo y gas y establecer un plan coordinado para reducir gradualmente la producción existente”.
El segundo pilar se refiere a una eliminación progresiva justa, teniendo en cuenta las desigualdades entre países: “No todos los países parten desde la misma línea de partida. Algunos se han enriquecido gracias a décadas de uso de combustibles fósiles, mientras que otros, incluido muchos del sur global, aún enfrentan pobreza energética y altos niveles de deuda”.
En este marco, se remarcó que los países con mayor responsabilidad histórica en las emisiones deben asumir un papel más activo en la transición: “Una eliminación justa significa que los países más ricos con mayor capacidad y mayores emisiones históricas avanzan primero y más rápidamente”, además de proporcionar financiamiento, tecnología y fortalecimiento de capacidades.
El tercer pilar se centra en una transición justa global, que impulse energías renovables y diversificación económica. Según se explicó: “El tratado no trata de apagar las luces, sino de encender un tipo diferente de energía”.
Llamado moral desde las Iglesias del mundo
Durante el encuentro se hizo hincapié en que obispos y líderes eclesiales de África, Asia, América Latina, Europa y Oceanía se han unido para respaldar el manifiesto.
Se recordó que la crisis climática ya tiene consecuencias visibles en muchos territorios del Sur Global: “Hemos registrado temperaturas récord, inundaciones y sequías devastadoras, el aumento del nivel del mar y el crecimiento del hambre que afectan con mayor dureza a quienes han contribuido menos a crear esta crisis”.
El documento se sitúa además en continuidad con el camino iniciado en la COP30 celebrada en Belém, así como con las enseñanzas de las encíclicas Laudato Si’ y Laudate Deum, que llaman a una acción urgente frente al deterioro ambiental.
Voces de los continentes
Entre los participantes se mencionó al cardenal brasileño Jaime Spengler, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) quien intervino en el panel para explicar las motivaciones del manifiesto y su significado para América Latina.
Posteriormente tomaron la palabra representantes de distintos continentes. El cardenal europeo Ladislav Nemet, vicepresidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), resaltó que la crisis climática exige una respuesta global y recordó que las iglesias del mundo han decidido actuar de forma conjunta. “El último año en Belém, durante la COP30, nosotros tomamos parte de la presentación del documento de las iglesias del sur global en cuanto al cambio climático. Europa y Oceanía también se unieron a esta iniciativa inspiradora en defensa de nuestro futuro y de nuestro hogar común”, señaló.
Por su parte, el arzobispo Ryan Jiménez, presidente de la Conferencia Episcopal del Pacífico (CEPAC), recordó que para muchas comunidades del Pacífico la crisis climática es una experiencia cotidiana: “Para nosotros aquí en la región del Pacífico, la pregunta acerca de nuestro hogar común no es solo una idea abstracta, sino que realmente es una realidad que vivimos”. Explicó que países insulares como Tuvalu, Kiribati y las Islas Marshall enfrentan impactos directos del aumento del nivel del mar, lo que pone en riesgo la vida de sus poblaciones.
La situación en África
Desde África intervino el padre Rafael Simbine, secretario general del Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar, quien habló en representación del cardenal Fridolin Ambongo. Señaló que, pese a los compromisos internacionales asumidos en el Acuerdo de París, en el continente africano continúan expandiéndose grandes proyectos petroleros y gasíferos.
“Lo que vemos son megaproyectos para la extracción de petróleo y gas natural dentro del continente africano, lo cual ha tenido un impacto terriblemente adverso tanto para la población como para nuestro medioambiente”, explicó.
Entre los ejemplos mencionados se encuentran proyectos en Uganda y Tanzania vinculados al transporte de petróleo a través de un oleoducto hacia el océano Índico.
Perspectiva desde Asia
El cardenal Filipe Neri Ferrão, presidente Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC), subrayó que Asia vive una situación compleja en la que conviven grandes centros industriales dependientes del carbón con comunidades costeras vulnerables a los efectos del cambio climático.
“Para la Iglesia en Asia, el documento es un llamado para denunciar las falsas soluciones del mercado y exigir que la eliminación de los combustibles fósiles sea equitativa y respete la soberanía de los países en desarrollo”, dijo.
También expresó su esperanza de que el manifiesto impulse políticas públicas inclusivas que promuevan energías renovables y programas de protección social para las personas que dependen de la industria energética.
Justicia social y participación de las comunidades
Durante el panel de expertos se resaltó que la conferencia de Santa Marta puede convertirse en un espacio clave para pasar de las declaraciones a las acciones.
La Dra. Jean D’Cunha señaló que la transición ecológica debe incorporar una perspectiva de justicia social, especialmente en relación con las comunidades más vulnerables y con las mujeres que suelen estar en la primera línea de los impactos ambientales.
La especialista recordó que la crisis climática tiene consecuencias en la vida cotidiana de las poblaciones del Sur Global y aseguró que cualquier transición energética debe contemplar políticas inclusivas que protejan el empleo, el acceso a la energía y el bienestar de las familias.
De la reflexión a la acción
En esta misma línea, el jesuita Rogobert Minani señaló la importancia de escuchar las voces de las comunidades locales y de los pueblos afectados por los proyectos extractivos: “Están poniendo el futuro y el bienestar de las personas en el petróleo, cuando la gente les pide que se eliminen”.
El sacerdote argentino Eduardo Agosta manifestó que este proceso puede ayudar a traducir la opción preferencial por los pobres en políticas públicas: “La conferencia de Santa Marta presenta una agenda práctica para pasar de la denuncia moral a la implementación concreta”.
Según señaló, la transición energética debe realizarse con participación de las comunidades locales, pueblos indígenas y trabajadores, evitando crear nuevas “zonas de sacrificio”.
Responsabilidad global
El encuentro concluyó con una reflexión de la Dra. Lorna Gold, directora ejecutiva del Movimiento Laudato Si’, quien recordó que la crisis climática es también una cuestión moral y espiritual. “El llamado de la tierra y el llamado de los pobres es uno solo”, dijo, retomando una idea central de la encíclica Laudato Si’. En ese sentido, señaló que “el manifiesto no es solo una declaración, sino una apelación moral de las iglesias del sur global”.
La Dra. Gold invitó a comunidades, diócesis, universidades y organizaciones de fe a difundir el documento y a promover acciones concretas para avanzar hacia una transición energética justa: “La transición que necesitamos no sucederá únicamente por la tecnología. Sucederá cuando las personas decidan que proteger la tierra es más importante que proteger el status quo”, dijo.
El documento se encuentra disponible para su descarga en ESPAÑOL – PORTUGUÉS – INGLÉS.
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