En el tercer día de las Reflexiones sociales para preparar el Adviento, el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) abrió nuevamente un espacio de encuentro vespertino para “responder con amor a ese amor que nos inunda, el amor que está por nacer”. A través de sus redes sociales, la propuesta invitó a preparar el corazón para vivir este tiempo “al modo que Jesús nos enseñó: buscando en todas las cosas la huella de Dios”.
El objetivo del ciclo es ofrecer un espacio de análisis y espiritualidad con la ayuda de investigadores, teólogos y expertos que permitan contextualizar el Adviento con la vida de América Latina y el Caribe, iluminando la realidad con el Evangelio y promoviendo el compromiso de los creyentes.
La jornada comenzó con una oración del Jubileo, guiada por Luz Marina Escobar y Manuel Benítez, del Centro de Gestión del Conocimiento del Celam. En la plegaria se pidió que “la fe que nos has donado en tu hijo Jesucristo despierte en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino” y que la gracia jubilar “reavive en nosotros el anhelo de los bienes celestiales”, oración que ha acompañado al pueblo de Dios a lo largo de 2025, renovando la esperanza en el marco del Año Jubilar.
Mirada al pensamiento social de la Iglesia
El tema central de la jornada estuvo enfocado en el recorrido del pensamiento social de la Iglesia, desde Gaudium et Spes hasta Fratelli Tutti. Para ello, se contó con la participación de la hermana Birgit Weiler HMM, religiosa alemana con amplia trayectoria misionera en América Latina, particularmente en Perú.
La hermana Weiler inició su intervención explicando que abordaría la reflexión “en el marco del Jubileo y del Adviento, cuando este tiempo nos invita a preparar los caminos que Dios quiere caminar con nosotros”.
La Hna. Weiler recordó que Gaudium et Spes surgió en un contexto histórico marcado por cambios entre 1962 y 1965. Un período en el que la Iglesia, de la mano de san Juan XXIII, asumió el desafío de “abrir las ventanas para que entre el aire fresco” y superar la separación entre Iglesia y mundo.
“Leer atentamente, a la luz del Evangelio, los signos de los tiempos”
La religiosa señaló que la Constitución pastoral del Vaticano II invitó a la Iglesia a “leer atentamente, a la luz del Evangelio, los signos de los tiempos”, tarea que el Papa Francisco retomó como un elemento esencial de la fe. Estos signos, dijo, pueden ser de consuelo, esperanza o sufrimiento, pero en todos ellos “Dios nos habla apelando a nuestro corazón y a nuestra conciencia”.
La hermana Birgit remarcó que Gaudium et Spes impulsó la conciencia de una Iglesia llamada a “compartir gozos y esperanzas, pero también las tristezas y angustias de la humanidad”, presencia viva del amor de Dios en medio de un mundo marcado por heridas, guerras y búsquedas de justicia.
Tras analizar la visión conciliar, actualizó el diagnóstico señalando que hoy “no vivimos solo cambios en la época, sino un cambio de época”, marcado por transformaciones rápidas y profundas, como la revolución tecnológica y los desafíos éticos de la inteligencia artificial. Este contexto, indicó, exige a la Iglesia discernir desde la fidelidad creativa: “No como quien se asusta, sino preguntándonos a qué nos llama Dios”.
Iglesia sinodal que aprende caminando con todos
En la reflexión, la hermana resaltó la visión del Papa Francisco, quien insiste en que la sinodalidad “no es un fin en sí mismo”, sino una forma de aprender a caminar juntos: con los propios miembros de la Iglesia, con creyentes de otras confesiones, con personas de otras religiones y con quienes, sin profesar una fe, “quieren practicar lo que nos hace crecer en humanidad”.
También recordó que Gaudium et Spes ya pedía humildad a la Iglesia para “aceptar la ayuda de la sociedad humana”, reconociendo que personas ajenas a la Iglesia pueden aportar a su misión y a su coherencia evangélica.
La Hna. Weiler evocó que el Concilio expresaba anhelo de paz, marcado por el optimismo de que la humanidad podría superar guerras y discordias. Hoy, dijo, esa esperanza se ve amenazada por nuevos conflictos, riesgos geopolíticos y crisis ambientales. Sin embargo, insistió en que “Cristo resucitado camina con nosotros y nos recuerda que estamos llamados a creer profundamente en su amor que genera comunión”.
Fratelli Tutti propone construir “un mundo abierto”
Al abordar Fratelli Tutti, la Hna. Weiler resaltó el estrecho vínculo que el Papa Francisco establece entre la encíclica y las intuiciones conciliares. Señaló que el pontífice retoma la noción de fraternidad universal como eje de transformación social, afirmando que “todos somos hermanos y hermanas con la misma dignidad, ni unos más y otros menos”.
La hermana llamó la atención sobre un aspecto que calificó como transformador: el reconocimiento de que “ninguna persona es una isla”, una afirmación que retoma la intuición espiritual de Thomas Merton y subraya la vocación humana a la interdependencia.
En su exposición, la religiosa explicó que el Papa Francisco identifica heridas en nuestra época: exclusión, segregación, descarte humano y ecológico. Frente a ello, Fratelli Tutti propone construir “un mundo abierto” capaz de superar fronteras, barreras y mentalidades discriminatorias.
Recordó que el pontífice afirma que “un ser humano no se desarrolla si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”, y que la fraternidad exige reconocer que “todo está interconectado”. Resaltó la dimensión trinitaria del amor cristiano: un Dios que es comunión y que, en Jesús encarnado, se hace presente para enseñar a reconstruir vínculos y sanar relaciones.
Adviento: tiempo de dejarse transformar por el amor
La Hna. Birgit Weiler enseñó que el Adviento invita a dejar actuar a Dios en la vida personal y comunitaria. Recordó que el Papa habla de “desarmar el corazón y el lenguaje” para abrirse al don de la paz.
La encarnación del Hijo de Dios, dijo: es una llamada a recordar que “en el corazón de Dios nadie sobra, nadie está excluido”, y que toda la humanidad comparte una vocación común a la fraternidad.
La jornada concluyó alentando a continuar, en clave sinodal, este proceso de escucha, análisis y esperanza. Las reflexiones seguirán acompañando a las comunidades en los días siguientes, preparando el terreno para recibir al “amor que viene” y asumir, desde la fe, los desafíos de una región y un mundo que claman justicia, paz y fraternidad.
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