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La Iglesia en Chile reflexionó sobre los desafíos éticos y pastorales de la inteligencia artificial

La Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh) realizó el seminario “La Inteligencia Artificial: una mirada pastoral desde América Latina y el Caribe”, el encuentro se dio en modalidad híbrida desde la sede episcopal en Santiago.

Discernimiento y esperanza

El espacio giró en torno al documento del Celam Inteligencia Artificial: una mirada pastoral desde América Latina y el Caribe”, elaborado por su Centro de Gestión del Conocimiento. Este texto ofrece un marco ético, teológico y pastoral para comprender los impactos de la inteligencia artificial (IA) en la vida humana y social desde la perspectiva latinoamericana.

El encuentro se abrió con un video mensaje de Monseñor Cristián Castro Toovey, secretario general de la CECh, quien valoró la iniciativa como una oportunidad para que la Iglesia reflexione pastoralmente sobre los retos del mundo digital: “La inteligencia artificial toca dimensiones esenciales de la vida y de la convivencia. Es necesario mirarla con discernimiento y con esperanza”, expresó.

Eliana Santibáñez, de la Comisión organizadora, señaló que la IA “representa un cambio de paradigma que afecta las dimensiones más profundas de la vida humana”, y que debe orientarse “hacia el bien común, la justicia y la dignidad”. Por su parte, Walter Sánchez, presidente de la Comisión, señaló el carácter misionero del encuentro: “Queremos usar esta tecnología como herramienta de evangelización y de esperanza entre los laicos y laicas de nuestro continente”.

Inteligencia artificial con rostro humano

Guillermo Sandoval, director del Centro de Gestión del Conocimiento del Celam, presentó el contenido del documento, señalando que se inspira en el llamado del Papa Francisco a usar la tecnología “de modo ético, reflexivo y al servicio del bien común”. Explicó que el texto ofrece un enfoque integral, que combina la dimensión ética, antropológica y teológica para iluminar el discernimiento eclesial frente a los rápidos avances tecnológicos.

Desde el Grupo de Frontera Tecnológica del Celam, la filósofa mexicana Marieli de los Ríos Uriarte ahondó en la diferencia entre la inteligencia humana y la artificial: “La inteligencia humana integra razón, voluntad y afectividad; la artificial procesa datos, pero no aprende ni posee conciencia moral”, afirmó.

Añadió que la ética de la IA “no reside en las máquinas, sino en las personas que las crean y las utilizan”, y que el desafío es “mantener al ser humano en el centro, orientando toda innovación hacia fines que promuevan la vida, la justicia y la paz social”.

Oportunidades y riesgos de la IA

El experto Francisco Campos, también del Centro de Gestión del Conocimiento del Celam, presentó un análisis sobre las oportunidades y riesgos de la IA en el contexto latinoamericano.

Su exposición, preparada con apoyo de herramientas de IA, mostró ejemplos en educación, salud y gestión social. Advirtió sobre los peligros del “analfabetismo digital”, la “propagación de noticias falsas” y la “deshumanización del trabajo” si no se establecen límites éticos claros.

Campos manifestí que la región enfrenta el reto de construir marcos de regulación y formación ética que eviten nuevas formas de desigualdad. “La inteligencia artificial puede ser una aliada del desarrollo o una amenaza a la dignidad humana, según cómo decidamos usarla”, puntualizó.

“Ni tecnofilia ni tecnofobia”

El padre Heriberto Cabrera Reyes, secretario adjunto para la Pastoral de la CECh, presentó las recomendaciones pastorales que acompañan el documento del Celam. Propuso cinco ejes de acción para orientar el trabajo pastoral frente a la IA: sensibilización y formación; organización pastoral; articulación y acompañamiento; diálogo con gobiernos; e inclusión cultural y teológica.

“Ni tecnofilia ni tecnofobia”, dijo el sacerdote, remarcando que la Iglesia está llamada a “discernir, evangelizar y acompañar” el desarrollo tecnológico, especialmente en los espacios digitales donde habitan millones de jóvenes. También invitó a fortalecer la formación de agentes pastorales para que comprendan los impactos espirituales y sociales de la era digital.

Durante el diálogo con los participantes, surgieron inquietudes sobre el uso bélico de la tecnología, los riesgos para la democracia y la necesidad de formar comunidades capaces de convivir críticamente con los avances tecnológicos. Los expositores coincidieron en que la inteligencia artificial “no sustituye la reflexión ni el discernimiento humano”, sino que debe ponerse “al servicio de la vida, la dignidad y el cuidado de la creación”.

El seminario concluyó con un mensaje de esperanza compartido por los representantes del Celam y la CECh: que la inteligencia artificial sea asumida como una oportunidad para fortalecer la comunión, la misión y la ética cristiana en la era digital.

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