Cáritas Latinoamérica y el Caribe, junto al Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), lanzaron un ciclo de cuatro webinars en clave de ecología integral con el objetivo de fortalecer la capacidad de incidencia política de la Iglesia en la defensa de la justicia climática. La propuesta, que se desarrollará hasta el 24 de octubre, quiere preparar a las organizaciones eclesiales de la región en el camino hacia la COP30, que se celebrará en Belén (Brasil) en 2025.
Iglesia con voz en la arena pública
En la apertura, Nicolás Meyer, coordinador de Cáritas América Latina y el Caribe, resaltó que la incidencia política es parte del ser de la Iglesia: “Tiene que ver con lo que normalmente hacemos, que es vincularnos con lo público, con los actores y funcionarios, para trabajar por la justicia social y el bien común”.
Remarcó además que este esfuerzo debe hacerse con “metodología, herramientas y de manera sistemática”.
De cara a la COP30, recalcó la necesidad de ampliar la participación: “Por más que el evento suceda en un lugar físico, lo que se discute se cocina en los países”, dijo, recordando que la sociedad civil y la Iglesia tienen voz en esos espacios de decisión.
Caminar juntos hacia la justicia socioambiental
El padre Francisco Gerardo Hernández Rojas, director del Ceprap, abrió el encuentro con una oración inspirada en Laudato Si’.
En representación del Celam, se aseguró el acompañamiento a este proceso. “Nos unimos para caminar con ustedes hacia la COP30”, expresó, señalando que todo esfuerzo debe “ponerse en manos de Dios”.
Por su parte, César Piscolla, también del Celam, precisó que el objetivo del curso es “fortalecer las capacidades de las organizaciones eclesiales para participar de manera informada, activa y estratégica en los procesos de incidencia”.
Marco global y técnico
La primera conferencia estuvo a cargo de Estefanía González Del Fierro, reconocida activista ambiental chilena, quien explicó los fundamentos de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Acuerdo de París. González recordó que estas instancias internacionales se apoyan en principios de justicia y equidad: “Somos todos responsables, pero las responsabilidades son diferenciadas”.
La expositora repasó los hitos de la gobernanza climática, desde la Cumbre de Río de 1992 hasta el Acuerdo de París de 2015, y reamrcó la urgencia de la acción: “La temperatura media mundial ya superó 1,5 grados en 2024, aunque como promedio aún estamos en 1,3. La meta sigue viva, pero es una alerta”.
También advirtió sobre los impactos de la cancelación de compromisos: “Las emisiones globales siguen aumentando y el contenido calorífico de los océanos alcanzó niveles sin precedentes”.
Desafíos de justicia climática
En su exposición, González insistió en que la crisis debe analizarse desde una perspectiva de justicia. “No es justo que comunidades que no provocaron la crisis paguen sus consecuencias”, dijo al recordar el debate sobre el fondo de pérdidas y daños creado en la COP27.
Para ella, la justicia climática también se juega en lo local: “Aunque Chile deje de usar combustibles fósiles no cambiará las emisiones globales, pero sí es injusto que niños vivan enfermos por la contaminación en zonas industriales”.
Una de las preguntas planteadas durante el diálogo fue cómo lograr que pueblos originarios y comunidades vulnerables participen en espacios tan técnicos como la COP. González respondió: “No es necesario que hablen el mismo lenguaje técnico. Lo que se necesita es que las negociaciones se permeen con la realidad de las comunidades”. Recordó que en la cumbre de biodiversidad en Cali se creó un espacio para los saberes indígenas y locales, gracias al esfuerzo sostenido de la sociedad civil.

Estrategias de incidencia rumbo a Belén 2025
La expositora dio pistas sobre cómo incidir en la COP30: “Una primera forma es reunirse con las delegaciones nacionales y conocer cuál será su posición. Otra, participar en redes regionales, y finalmente, visibilizar buenas prácticas en los medios durante la cumbre”.
También llamó a no perder la esperanza: “Aunque las negociaciones parezcan lentas o decepcionantes, cada acción local cambia vidas concretas”. Y concluyó: “Vale la pena cada minuto invertido en trabajar por la justicia”.
Con esta iniciativa, Cáritas y Celam quieren que las comunidades católicas tengan un papel activo en la construcción de políticas climáticas y en la defensa de la Casa Común.
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