La Pastoral Penitenciaria Nacional de Brasil expresó su “profundo pesar por los recientes sucesos ocurridos en la ciudad de Río de Janeiro”, tras el operativo policial masivo llevado a cabo en los complejos penitenciarios de Penha y Alemão, que dejó un saldo trágico de más de 130 vidas perdidas.
En un comunicado, la institución señaló que esta tragedia “ya ha superado, en número de víctimas, a la Masacre de Carandiru”, ocurrida en São Paulo en 1992, donde murieron 111 personas. Tres décadas después, la historia vuelve a marcar a Brasil con el mismo dolor.
La Pastoral denunció que la intervención estatal “perpetúa una cultura de violencia institucional que, como sociedad, ya deberíamos haber superado”. En el texto, rechaza el uso de la fuerza como método de control o justicia, recordando que “la violencia jamás puede ser un instrumento legítimo para construir la paz”.
Un país que vuelve a llorar
“Hoy, Río de Janeiro llora a todas las víctimas: residentes, familiares y policías, porque cada muerte, en cualquier contexto, es una herida abierta en el tejido social”, subraya el comunicado.
La tragedia, que ha estremecido al país y generado un intenso debate sobre la seguridad pública, ha puesto nuevamente en el centro de la discusión la responsabilidad del Estado en la defensa de los derechos humanos.
La Pastoral Penitenciaria recordó que “este dolor debe transformarse en reflexión y en un compromiso colectivo con la justicia, la dignidad y la vida”. En ese sentido, ratificó su postura frente a los abusos institucionales: “La Pastoral Penitenciaria Nacional reafirma su compromiso con la defensa incondicional de la vida y la dignidad humana, en todos los espacios y circunstancias”.
Solidaridad con las familias y comunidades de Penha y Alemão
El mensaje también incluyó un gesto de solidaridad hacia las familias afectadas y las comunidades de Penha y Alemão: “Extendemos nuestra solidaridad y oraciones a las comunidades afectadas y, especialmente, a las familias que lloran a sus seres queridos en este momento de inmenso dolor, un momento en que, lamentablemente, hermanos siguen matando a hermanos.
“Que esta tragedia sirva como un llamado a la transformación social e institucional, para que podamos construir un país con menos armas y más vida; menos desesperación y más esperanza; menos represión y una convivencia más humana, justa y solidaria”, expresa el pronunciamiento.
El texto cierra con una cita evangélica que resume el espíritu del mensaje: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5,9). Con este pronunciamiento, la Pastoral Penitenciaria quiere que la memoria de las víctimas de Río de Janeiro —como las de Carandiru— no se pierda en el olvido y, por el contrario, impulse un cambio real en la forma en que Brasil entiende la justicia, la seguridad y la paz.
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