“Que dejemos nuestro planeta un poco mejor para las futuras generaciones”, fue el pedido de la presidencia de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), en voz de su presidente, cardenal Jaime Spengler, quien dirigió un mensaje de esperanza y compromiso ante los líderes y representantes del mundo reunidos en Belém, puerta de entrada al Amazonas. Desde la fe, invitó a colocar los trabajos de la cumbre climática bajo la mirada maternal de Nuestra Señora de Nazaret, patrona de la ciudad.
“Nuestra Señora de Nazaret, patrona de Belém, puerta de entrada al Amazonas, sede de la COP30, que la labor de esta COP30, bajo la mirada y protección de la Madre, llegue a buen término”, expresó el presidente de la CNBB, y remarcó la dimensión espiritual y humana de un encuentro destinado a decidir el futuro del planeta.
El cardenal Spengler pidió que el ejemplo de María inspire a todos los participantes en la búsqueda del bien común y del cuidado de la creación: “Que nosotros, en nuestra construcción común, colaboremos, inspirados por ella, para dejar nuestro mundo, nuestro planeta, un poco mejor para las futuras generaciones”, dijo, señalando la urgencia de asumir responsabilidades concretas frente a la crisis climática.
Por la vida de los pueblos y del planeta
La autoridad eclesial elevó su oración por todos los presentes, recordando que el diálogo sincero y la cooperación son el camino hacia soluciones reales. “Que interceda por todos los representantes de las naciones presentes, las organizaciones internacionales, para que, mediante el diálogo, el debate y las conclusiones sinceras, alcancen un resultado positivo, siempre a favor de la vida, la vida de los pueblos, la vida del planeta”, expresó con tono esperanzado.
El purpurado invitó a todos a unirse en una oración común, evocando las palabras que, como recordó, muchos aprendieron en el seno de sus familias. “Oremos juntos, saludándola con esa sencilla oración que tal vez aprendimos en el regazo de nuestras madres: Dios te salve, María”, dijo, rezando:
“Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.”
Concluyó invocando una vez más su intercesión: “Nuestra Señora de Nazaret, ruega por nosotros”. De esta manera, se une la fe y el compromiso ambiental, recordando que la protección de la Casa Común es también una expresión de amor a la vida y de fidelidad al mandato divino de cuidar la creación.
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