En ocasión del encuentro que conmemora los 1700 años del Concilio de Nicea, uno de los momentos fundacionales del cristianismo, la teóloga y profesora pentecostal brasileña Luana Golin ofrece una voz comprometida con la unidad entre las iglesias cristianas.
Su participación en este espacio ecuménico expresa la apertura creciente de las iglesias evangélicas al diálogo y la búsqueda de caminos compartidos con otras confesiones.
Desde su labor académica en la Universidad de Londrina, en el estado de Paraná, y con una activa presencia en espacios de articulación ecuménica como “Missão Somos Um” y la UGT católica-pentecostal, Luana representa a una nueva generación de liderazgos pentecostales abiertos a la sinodalidad, a la convivencia desde la diversidad y a una teología encarnada en la vida cotidiana.
Unidos por la fe en Cristo
Según explica Luana, “la celebración del Concilio de Nicea es significativa para todos los cristianos, de todas las confesiones, incluidos los pentecostales, porque está dentro de este símbolo, de esta fe común, de esta unidad que nos une a partir de nuestra fe en Cristo”.
Desde su perspectiva, Nicea es una expresión viva de lo que los cristianos pueden seguir afirmando juntos: “Hay espacio para el diálogo, para la unión y para confesar esta fe que nos ha unido desde el principio… A pesar de las diferencias, la diversidad, somos uno desde el credo, creemos en el hijo, en Dios encarnado”.
Estar en este encuentro ecuménico es, para ella, “un momento de gran alegría, para reafirmar nuestras tradiciones y saber que estamos unidos”.
Pentecostalismo influyente y en camino
El pentecostalismo, afirma, tiene una presencia muy fuerte en la sociedad brasileña. “La Iglesia Pentecostal en Brasil es bastante significativa, tiene un impacto e influencia enorme en la sociedad”, reconoce. En ese contexto, señala el esfuerzo que muchas comunidades están haciendo para establecer puentes con la Iglesia Católica: “El camino de construcción y diálogo entre pentecostales y católicos es algo que se está siguiendo”.
Luana insiste en que este proceso de encuentro no es algo acabado ni estático: “Me gusta decir que es un camino porque realmente es un movimiento, es algo que estamos construyendo, está en proceso”, subraya.
Desde su experiencia, ese movimiento ecuménico tiene rostro y concreciones. “He participado en la UGT católica-pentecostal, que también es una extensión y una forma, junto y aliada a Missão Somos Um, una misión muy conocida en Brasil, liderada por Isaías Carneiro. Hemos estado reuniéndonos, discutiendo nuestra base”.
En este contexto, el diálogo entre pentecostales y católicos no es un acto genuino de corresponsabilidad y fe compartida: “Tenemos la voz y la representación de los pentecostales y también de nuestros hermanos católicos para pensar cómo podemos estar unidos. Después de todo, somos cristianos y tenemos una fe común en Cristo y eso nos basta para poder dialogar y caminar juntos”.
Fe y unidad en el Espíritu
Consultada sobre los puntos comunes que pueden fortalecer el camino ecuménico, Luana señala con claridad la importancia de la figura del Espíritu Santo: “En la tradición pentecostal y católica, podemos pensar también en la figura del Espíritu Santo. La pneumatología pentecostal también permite un diálogo muy fecundo con la tradición católica, con los carismas, con los dones”.
Aunque Nicea no definió completamente la doctrina trinitaria, Luana recuerda que este núcleo común es clave para el entendimiento mutuo: “Es el Padre, el Hijo y el Espíritu lo que nos une y lo que es común a nuestras tradiciones”.
Por eso, considera que “la dimensión pneumatológica y trinitaria” es un punto fuerte desde el cual se puede seguir construyendo unidad, sin borrar las diferencias, sino reconociendo una fe común.
La pedagogía de la unidad se construye en la vida cotidiana
Como profesora y mujer pentecostal, Luana enfrenta también el desafío de vincular esta experiencia de comunión y unidad con su realidad: “Estoy en un ambiente del interior, ahora en Paraná, Brasil, con aspectos específicos de mi comunidad, de mis alumnos. Es entonces un desafío pensar estos elementos universales desde nuestra realidad local, sinodal”.
Para ella, el mayor riesgo es perder la conciencia de lo que Nicea representa como raíz común: “Se trata de recordar lo que Nicea representa y no dejarlo morir. Esta identidad que nos impulsa y nos sitúa dentro de una tradición que llamamos cristiana y que es la que verdaderamente nos une”.
Para Luana, la pedagogía de la unidad se construye en la vida cotidiana: “Tenemos acciones pedagógicas incluso para la enseñanza de la unidad, en un proceso, en las relaciones, en las amistades… mucha de la unidad también viene del caminar, del día a día, y del permitirse estar con otros, en respeto, en amor, en fraternidad”.
Papa Francisco y la apertura al otro
Al reflexionar sobre el tiempo reciente que vive la Iglesia, especialmente bajo el Pontificado del Papa Francisco, Luana reconoce que en su país existe “mucha polarización, muchas dificultades en entender los puntos de vista, las diferencias”, lo que lleva a que muchos se encierren “en sus propios dogmas y perspectivas como si fueran las únicas”.
En ese contexto, afirma que el mayor legado de Francisco ha sido abrir la Iglesia a nuevas posibilidades de encuentro. “El legado del Papa Francisco fue abrir esta dimensión para que la Iglesia no se cierre en sí misma, para que la Iglesia no se centre en su propia realidad, sino que se abra al otro”.
Y añade: “No es posible ser cristiano si no se es también en la dimensión y en la convivencia con el otro. No es posible, pues, ser una Iglesia cerrada en sí misma”. Inspirándose en la Trinidad como modelo de comunión, Luana subraya que “la fe cristiana trinitaria presupone la unidad, presupone la apertura, presupone la dinámica trinitaria que es la belleza de los tres”.
“Algunos teólogos hablan de la pericoresis, de la danza de la Trinidad. Es la capacidad que tenemos de estar unidos y en diferentes dimensiones, y de estar abiertos al otro… Creo que esto resume un poco lo que es la importancia de que la Iglesia no se cierre, no caiga en fundamentalismos y en temas que no apuntan al Reino de Dios”, concluye con esta imagen teológica.
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