ADN Celam

Marbel Herrera desde Cuba visibiliza la resiliencia de la mujer cubana y su fuerza transformadora

Este 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, fecha que ha establecido Naciones Unidas para recordarle al mundo la importancia de la lucha de las mujeres por su participación en la sociedad y su desarrollo íntegro como persona.

Sobre este aspecto, Marbel Herrera Pacheco una mujer cubana, coordinadora del Programa Nacional de Formación Institucional en Cáritas Cuba ha conversado con ADN Celam para ofrecer una radiografía profunda pero llena de esperanza sobre la realidad que enfrenta hoy la mujer en la Isla.

Herrera describe a la mujer de su país como “linda, trabajadora, emprendedora y alegre, a pesar de nuestra realidad”. Una realidad marcada por tensiones sociales, precariedad económica y fuertes procesos migratorios que han dejado heridas abiertas en miles de familias.

Acompañar en la soledad y reconstruir la esperanza

Uno de los rostros más dolorosos que identifica es el de las mujeres mayores que han quedado solas. Muchas no tuvieron familia; otras ven partir a sus hijos al extranjero y enfrentan la vejez en medio de la soledad, la tristeza o la depresión. Desde los programas de la Iglesia, explica, reciben acompañamiento integral que va desde la asistencia alimentaria hasta procesos de promoción humana.

No se trata sólo de suplir necesidades básicas, sino de restaurar la autoestima y el sentido de vida. A través de terapias grupales, espacios de autocuidado y pequeños proyectos de emprendimiento, muchas descubren talentos que creían perdidos. Manualidades, iniciativas comunitarias y redes de apoyo les permiten recuperar motivación y resignificar su historia con una mirada trascendente desde la fe.

Jóvenes vulnerables y prevención del consumo

Otro desafío creciente es el consumo de sustancias psicotrópicas entre adolescentes, incluidas muchas jóvenes. La especialista advierte sobre la presencia del llamado “químico”, una droga que circula entre muchachos provenientes de familias fragmentadas o disfuncionales. Ante esta realidad, el trabajo pastoral prioriza la prevención y la deshabituación, con acompañamiento terapéutico y espacios grupales donde las jóvenes encuentran contención y nuevas oportunidades.

La prevención, insiste, resulta clave: fortalecer a quienes aún no han consumido, pero viven en contextos de riesgo. En estos procesos, el grupo se convierte en sostén y espejo, donde compartir experiencias ayuda a sanar y reconstruir proyectos de vida.

Emprender en medio de la precariedad

La crisis económica atraviesa todos los ámbitos. Los salarios mínimos no cubren las necesidades básicas y muchas mujeres, frecuentemente divorciadas o solas al frente del hogar, deben reinventarse para sostener a sus hijos. “La mujer cubana es experta en reinventarse”, afirma Marbel. Desde la creatividad en la cocina hasta pequeños negocios informales, despliegan ingenio y resistencia cotidiana.

El fenómeno migratorio también deja cicatrices profundas. Madres que parten buscando mejores condiciones generan, sin quererlo, heridas de abandono en los hijos que quedan al cuidado de abuelos o vecinos. “Ese desarraigo nos está doliendo mucho”, reconoce, subrayando que la mujer también carga con el peso emocional de estas decisiones.

Cultura, valores y empoderamiento

A pesar de todo, la cultura sostiene el ánimo. La mujer cubana se arregla, baila, canta y conserva la alegría como forma de resistencia. Herrera habla de una resiliencia casi genética, forjada en generaciones que han aprendido a vivir y luchar en medio de carencias.

Frente a las tensiones políticas y la presión externa que vive el país, reconoce que hay miedo e incertidumbre, pero también esperanza. Muchas mujeres sueñan con un cambio que garantice libertades fundamentales y condiciones dignas para sus hijos.

En el ámbito familiar y eclesial, los valores ocupan un lugar central. La formación en la familia y en la comunidad cristiana fortalece a las nuevas generaciones. En su parroquia, destaca con orgullo, niños y niñas participan activamente en iniciativas solidarias, aprendiendo desde pequeños el servicio y la compasión .

Finalmente, ante la pregunta sobre el papel social de la mujer, Marbel es clara: aunque la vulnerabilidad es frecuente, también es semilla de emancipación. La mujer cubana estudia, se profesionaliza, se fortalece y demuestra que puede salir adelante por sí misma. En medio de crisis y limitaciones, su liderazgo silencioso sostiene familias, comunidades y la esperanza de todo un pueblo.

 

 

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