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Martha Arriola: “La misión de la Red Justicia y Paz es construir comunidad en la patria grande”

En el contexto del Tercer Encuentro de Plataformas, Pastorales y Redes Eclesiales, organizado por el Celam, Martha Arriola, integrante de la Red Eclesial Justicia y Paz, ofreció una reflexión amplia sobre el camino, la misión y los desafíos de este espacio continental.

Arriola se presentó como “docente, educadora popular y docente en la universidad”, además de integrante de un movimiento argentino llamado Cuidados de la Casa Común y miembro de la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina. En esta ocasión, explicó que participa del encuentro “en representación de la red eclesial Justicia y Paz en la patria grande junto a Manuela Urbina de Bolivia”.

Desde su experiencia, compartió que su compromiso nace de una vocación eclesial y latinoamericana orientada al servicio de los pueblos: “Nosotros tenemos una misión en la red que es trabajar para la integración de América Latina y el Caribe y fortalecer también los procesos democráticos”.

Integración regional en tiempos de crisis civilizatoria

La referente argentina reconoció que el contexto actual plantea enormes desafíos para la acción pastoral y social: “Humildemente lo digo porque parece muy ampuloso, pero es importante tener esa misión en el centro y siempre en clave del seguimiento de Jesús y de la construcción del Reino”.

En esa línea, definió el horizonte del trabajo como “construir la comunidad en la patria grande, la gran comunidad de hermanos y hermanas”. Sin embargo, advirtió que este camino se desarrolla en medio de tensiones históricas y culturales.

Estamos en un momento de crisis civilizatoria como humanidad y en América Latina viviendo procesos que nos han sorprendido en algunos casos por su velocidad, por el nivel de impacto en nuestras culturas”, señaló, añadiendo que “se imponen algunas ideologías y modos de entender la realidad que son ajenas a nuestra fe y a nuestro modo de ser Iglesia”.

Campañas, formación y participación política

Frente a este escenario, la Red Justicia y Paz impulsa diversas iniciativas continentales. Arriola mencionó tres especialmente significativas.

La primera es la campaña “Remar contra corriente por el agua, la vida y la soberanía”, lanzada el 2 de febrero en el Día Mundial de los Humedales, con acompañamiento del Celam Esta propuesta, explicó, se ha extendido por América Latina y el Caribe en defensa del agua y los territorios. “Empezamos también a ver que las amenazas a nuestras cuencas, a nuestros ríos, al acceso al agua están siempre en clave de mismas empresas o intereses de un sistema extractivista”, denunció, y remarcó la necesidad de articulación regional para responder a estas problemáticas.

Una segunda línea de acción es el Diplomado de Justicia y Paz, orientado a la formación de liderazgos sociales y eclesiales. “Ha generado cuadros o ha fortalecido la formación de cuadros y liderazgos que hoy son parte también tanto de la campaña remar contra corriente como del nuevo proceso”, explicó.

Ese nuevo proceso lleva por nombre “Encanta la política”, iniciativa que quiere “fortalecer la participación popular, ciudadana en procesos de democracia más participativa”, especialmente en contextos marcados por violencia, desigualdad y conflictividad social.

Presencia territorial y legado del magisterio social

Consultada sobre las estrategias pastorales más eficaces para acompañar comunidades y víctimas, Arriola mencionó: “En primer lugar, la presencia constante y permanente nuestra en el territorio”.

Desde su experiencia, advirtió que la ausencia eclesial agrava el sufrimiento social: “Cuando la Iglesia no está presente en comunidad y con las comunidades más vulneradas el dolor y el sufrimiento es mayor”. Por ello insistió en la centralidad del “cuerpo a cuerpo, ese acompañamiento amoroso y permanente”.

Asimismo, resaltó el aporte del magisterio social contemporáneo, al que definió como una hoja de ruta para la acción pastoral. Recordó particularmente el legado del Papa Francisco, señalando que documentos como Laudato Si’, Laudate Deum y Fratelli Tutti iluminan la respuesta eclesial ante la crisis actual. “Son documentos que se suman a la doctrina social de la Iglesia y nos marcan con claridad por dónde y cómo”, dijo, vinculando este horizonte con el proceso sinodal como “un nuevo reverdecer de la Iglesia”.

Sinodalidad y articulación de redes

En relación con el encuentro continental, Arriola valoró especialmente la dimensión relacional y espiritual de la experiencia. “Lo estamos viviendo con mucha alegría. Nos estamos sintiendo próximos, reconociéndonos”, expresó.

A su juicio, uno de los mayores frutos ha sido redescubrir los vínculos humanos detrás de las estructuras organizativas: “A veces en el fragor del trabajo de cada red perdemos de vista que somos personas… y que todo empieza por los vínculos”.

También hizo hincapié en la metodología facilitada por el equipo del Ceprap, que permitió espacios de encuentro, reconocimiento mutuo y conversación espiritual: “Nos ha permitido mucho espacio para el encuentro, el mirarnos, el reconocernos… la metodología de conversación espiritual es muy rica para esto”.

Prioridades para una cultura de paz continental

Mirando hacia el futuro, la representante de Justicia y Paz identificó como prioridad el fortalecimiento de alianzas con otras redes eclesiales y sociales. Mencionó, entre ellas, la red de laicos, los espacios de cultura popular y las comunidades eclesiales de base. Estas articulaciones, explicó, apuntan a consolidar procesos de organización popular en el continente: “En definitiva te estoy mencionando también estrategias para fortalecer la organización popular”.

Desde su perspectiva, el camino pasa por dinamizar la participación desde los territorios: “Nosotros entendemos que en América Latina en este momento es desde la base”. Evocó una de las claves pastorales impulsadas por el pontificado del Papa Francisco: “Es ese multilateralismo desde abajo que Francisco nos dejó como una pista para no perdernos en este tiempo de crisis”.

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