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Mons. Aurelio Pesoa exhorta a construir “una Bolivia de hermanos” basada en la honestidad y la fraternidad

En su homilía durante la CXVII Asamblea de Obispos de Bolivia, pronunciada en la Catedral San Sebastián, el obispo del Vicariato Apostólico del Beni y presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), Mons. Aurelio Pesoa Ribera OFM, reflexionó sobre la fe en la resurrección y su implicancia en la vida social y política del país. “Dios tiene piedad de los que son leales a su Palabra”, fue el eje del mensaje que combinó la esperanza cristiana con una exhortación a la ética pública y la justicia.

La autoridad eclesial recordó que “cuando se cree de verdad en la resurrección se vive de otra forma y también se muere de otra forma”. Inspirado en el libro de los Macabeos, reamracó la fidelidad de quienes permanecen firmes ante la opresión: “Ellos fueron coherentes. Fueron fieles a Dios hasta la muerte”. Con ello, invitó a los creyentes a vivir con la misma coherencia y valentía en su compromiso cristiano y social.

Mons. Pesoa explicó que la fe en la vida eterna transforma la forma de enfrentar el sufrimiento y la muerte: “Quien cree en la resurrección vive fiel y muere con la confianza de que la muerte es un paso a otra vida”. Recordó también el testimonio de los mártires, quienes encontraron fuerza en la certeza de encontrarse con Cristo después de la muerte.

Buscar caminos de progreso

Al comentar el Evangelio, el presidente de la CEB habló sobre la enseñanza de Jesús frente a los saduceos: “Dios es el Dios de Abraham, Isaac, de Jacob, un Dios de vivos porque para Él todos están vivos”. Resaltó que para Dios la muerte no existe, porque “para Él todos están vivos”.

Sin embargo, Mons. Pesoa llevó la reflexión más allá del plano espiritual, relacionándola con la realidad social boliviana. “Aquí estamos esclavos de la necesidad. Por dinero en muchas oportunidades se vende a las personas. Por dinero se quita la vida a los hermanos. Por dinero podemos traicionar”, lamentó, denunciando con fuerza la corrupción y la ambición de poder. “Vergüenza nos debería dar la corrupción, el aprovecharnos de un cargo por dinero olvidándonos de nuestro compromiso de ser hermanos”.

El obispo advirtió sobre los peligros del poder y llamó a los líderes políticos a actuar con honestidad y servicio: “Aquí el poder, el ser más que los demás, los privilegios del poder, nos deslumbran, nos atraen. Deseamos que no suceda eso entre los nuevos gobernantes electos en el país”. Reconoció, sin embargo, “signos positivos de colaboración y llamado a la unidad, para buscar entre todos buscar los caminos de progreso para el país”.

Trabajar juntos por una Bolivia más justa

Mons. Pesoa pidió a las autoridades y a la ciudadanía trabajar juntos por una Bolivia más justa y fraterna: “Todos tenemos el deber moral de colaborar para que Bolivia, los bolivianos, salgamos adelante y logremos un país con justicia, respeto a los diferentes y progreso económico”. Y advirtió: “Ninguna búsqueda interesada de poder justifica la negativa a colaborar o a compartir las soluciones que cada uno tiene para el país”.

El obispo reiteró que la esperanza cristiana no puede separarse del compromiso social: “Debemos adelantar el cielo aquí en la Tierra. Hacer de la tierra un cielo mediante la justicia, la humildad, el servicio, la fraternidad y el amor”. En esa línea, concluyó con una exhortación a la responsabilidad colectiva: “Hacer un cielo en esta tierra boliviana para que nadie tenga que sufrir injusta e inútilmente”, dijo, y enseñó que el cielo se construye con honestidad y justicia para todos.

Mons. Pesoa pidió a Dios que ilumine a las nuevas autoridades electas: “El Señor ilumine a los nuevos gobernantes electos en Bolivia y a todo el Parlamento, para que sepan encaminar al país hacia el progreso, la justicia y la paz, y todos colaboremos para una Bolivia de hermanos”.

Los jóvenes, protagonistas de la historia

“En nuestra Asamblea de Obispos estamos reflexionando sobre los jóvenes, por eso hoy el Señor nos invita a mirar con esperanza y amor a una parte muy valiosa de nuestra comunidad: los jóvenes. Ellos no son sólo el futuro, sino el presente vivo de la Iglesia y de nuestra sociedad. En sus rostros, en su entusiasmo, en sus sueños y búsquedas, se refleja el rostro de un Dios que siempre hace nuevas todas las cosas”, aseguró el obispo al referirse a los jóvenes.

El presidente de la CEB dirigió también un mensaje especial recordando al Estado y a la Iglesia su responsabilidad para con los jóvenes: “Tenemos una responsabilidad especial con ellos: acompañarlos, escucharlos, formarlos y, sobre todo, confiar en ellos. No podemos ver a los jóvenes solo como receptores pasivos, sino como protagonistas de la historia, constructores del Reino de Dios en medio del mundo”.

Animó a la comunidad eclesial a despojarse de “estructuras cerradas” y “actitudes que apagan el espíritu juvenil”, para ofrecer a los jóvenes espacios donde su voz sea escuchada y su palabra valorada. Asimismo, señaló la necesidad de ayudar a la juventud a encontrarse personalmente con Cristo: “No hay tarea más hermosa que conducir a un joven al corazón de Jesús. Solo en Él hallamos la verdadera alegría, la plenitud, la salvación”.

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