“La excelencia profesional es importante, pero no basta con saber hacer, es esencial saber ser”, expresó Mons. Lizardo Estrada Herrera, OSA, Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) en su mensaje dirigido a estudiantes y académicos reunidos en el Encuentro Internacional por la Paz y la Reconciliación, una jornada académica dedicada a reflexionar sobre caminos para la construcción de paz en el continente.
El encuentro se realizó este 7 de marzo de 2026 en el Lake Shore Campus de Loyola University Chicago, en Chicago, y fue organizado por la universidad estadounidense junto con la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL). La jornada reunió a estudiantes, docentes y especialistas de diversas disciplinas provenientes de América Latina y el Caribe.
La iniciativa forma parte de la segunda etapa de “Construyendo Puentes”, un proceso impulsado por la PCAL que busca generar espacios de diálogo entre la Iglesia, las universidades y diversos actores sociales de las Américas para promover la reconciliación y la paz.
Misión que va más allá del conocimiento
En su intervención, el secretario general del Celam señaló el papel central de los jóvenes universitarios en la transformación de la sociedad, recordando que la formación académica implica también una responsabilidad ética y social. “Aquí no solo adquirieron conocimientos, sino que se formaron para aportar a la transformación del mundo. Culminar una etapa académica es alcanzar una meta, pero también es asumir una misión”, expresó.
Dirigiéndose especialmente a los estudiantes provenientes de distintos países de América Latina y el Caribe, los animó a asumir un compromiso activo con sus pueblos y comunidades. “En cualquier comunidad estarán llamados a ser promotores de ética y compasión”, señaló, invitándolos a vivir con coherencia y valentía.
En este sentido, les exhortó a ejercer un liderazgo que contribuya a la reconciliación social: “Sean íntegros cuando nadie los ve, valientes cuando la verdad incomoda y solidarios cuando es más fácil mirar hacia otro lado”. Asimismo, les pidió regresar a sus comunidades con la disposición de “extender puentes, escuchar el grito de los pobres y de la tierra, construir el futuro y cuidar a las personas”.
El papel de la universidad y de los docentes
Monseñor Estrada también dirigió un saludo especial a los académicos de la universidad anfitriona, a quienes comparó con artesanos que acompañan el proceso de formación de los jóvenes.
Recordó la imagen atribuida al artista renacentista Miguel Ángel, quien decía que las obras de arte ya estaban escondidas dentro del bloque de mármol y que el escultor solo retiraba aquello que las cubría. De manera similar, explicó, los docentes ayudan a revelar el potencial presente en cada estudiante: “Desde su rol de maestros han sido muy generosos al entregar a cada joven el conocimiento que han cultivado con el tiempo y la investigación, convirtiéndose en referentes para las nuevas generaciones”.
Sin embargo, subrayó que el conocimiento solo cobra sentido cuando está al servicio de la sociedad: “El saber es importante, pero sólo tiene sentido si es útil. No basta sumar saberes para beneficiar a unos pocos”, y recordó que los bienes culturales e intelectuales también están orientados por el principio del destino universal de los bienes.
Conocimiento al servicio del bien común
El secretario general del Celam insistió en la necesidad de poner el conocimiento al servicio del bien común, especialmente de los sectores más vulnerables: “El saber debe ponerse al servicio de las comunidades, en especial de los más pobres. Se trata de globalizar el conocimiento y ponerlo al servicio del bien común”.
En esa línea, evocó el espíritu educativo inspirado por Ignacio de Loyola, recordando también una expresión del Papa Francisco sobre la misión universitaria: “no es para llenar jarrones, sino para encender fuegos”.
Agradeció a las autoridades de la universidad y a los organizadores por abrir espacios de encuentro entre estudiantes del continente, poniendo relieve en el valor de iniciativas que promueven el diálogo y la colaboración entre la Iglesia, el mundo académico y la sociedad: “Que el corazón de cada graduando arda con fuerza, en medio de los dolores del continente, siempre con el firme deseo de aportar a la construcción de la justicia y la paz”, concluyó.
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