Ha concluido el Curso Latinoamericano de Predicadores, iniciativa apoyada por la Secretaría general del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), que del 24 al 29 de noviembre, reunió a más de 100 participantes, venidos del todo el continente, incluidos España y Estados Unidos.
Monseñor Lizardo Estrada, secretario general del Celam y obispo auxiliar del Cusco (Perú), presidió la Eucaristía de envío con un mensaje contundente sobre la identidad de quien anuncia el Evangelio en estos tiempos: “El predicador sinodal vive en vigilancia… no habla por hablar: discierne, escucha, ora y sirve”.
Durante su homilía, el obispo subrayó que, a la luz del reciente Sínodo sobre la Sinodalidad, la Iglesia está llamada a caminar, discernir y decidir corresponsablemente.
En este contexto, definió el perfil del predicador no como alguien que busca el protagonismo, sino como un servidor de la comunidad: “El predicador sinodal no busca aplausos, sino conversión. No habla solo para convencer, sino para construir comunidad”.
Enfatizó su sermón en la actitud de escucha como requisito indispensable para la misión. Advirtió sobre el peligro de que las palabras se vuelvan rutina o “discurso sin alma” si no nacen de un corazón despierto.
Por ello, exhortó a los presentes a ser predicadores “que escuchen antes de hablar, que oren antes de actuar, que sirvan antes de exigir y que acompañen antes de juzgar”.
Una identidad enraizada en el pueblo
Monseñor Estrada desglosó las características esenciales del predicador sinodal, recordando a los 101 participantes que su labor no se realiza desde la superioridad, sino desde la cercanía.
“Un predicador sinodal debe ser un servidor, que predica no desde la altura, sino desde el barro del pueblo, desde la base, desde la realidad”.
Asimismo, insistió en que deben ser “oyentes y obedientes antes que oradores”, acogiendo tanto la Palabra de Dios como al pueblo con el mismo respeto.
El Secretario general del Celam también destacó la dimensión de discernimiento necesaria para leer los “signos de los tiempos”, tal como lo hizo el profeta Daniel.
Invitó a los predicadores a ser “misioneros de esperanza”, actuando como puentes que construyen comunión y no división, animando sin condenar.
Esta misión, señaló, requiere de “valentía pastoral, vulnerabilidad espiritual y paciencia evangélica”.

Monseñor Estrada entrega certificados a participantes.
“Vayan y prediquen con alegría”
En la segunda parte de su mensaje, inspirada en el Evangelio de Lucas (21, 34-36) y coincidiendo con el cierre del año litúrgico, el obispo alertó sobre el riesgo del adormecimiento espiritual.
“Tengan cuidado de que no se les embote la mente con el vicio… y las preocupaciones de la vida”. Explicó que la vigilancia no significa solo no dormir, sino “vivir de manera lúcida”, sin dejarse arrastrar por la insensatez o el pesimismo.
Finalmente, el prelado peruano envió a los participantes de regreso a sus países como “testigos de comunión y esperanza” , recordándoles que los finales para Dios son siempre pasos hacia un nuevo comienzo.
“Vayan y prediquen con alegría. Porque el Reino ya está en medio de nosotros”, concluyó, animándolos a construir una sociedad que respete la dignidad de cada hijo de Dios y a vivir la esperanza no de forma pasiva, sino siguiendo al Señor de la Historia.
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