La Pastoral Latinoamericana de Acompañamiento y Prevención de las Adicciones (PLAPA) ha lanzado el cuarto episodio de su podcast ‘La Vida como Viene’. Esta instancia eclesial regional busca ofrecer respuestas integrales y sinodales ante el flagelo de las adicciones.
En esta entrega, titulada “El acompañamiento y la red”, los conductores exploran la mística del servicio. El panel estuvo integrado por Carlos Olivero – Padre Charly –, Adriana Porras y el Padre «Pepe» Di Paola, todos referentes del trabajo en villas argentinas.
El programa se consolida como un espacio de reflexión que humaniza los recorridos de personas vulnerables. Los presentadores dialogaron sobre la importancia de no transitar el dolor en soledad, sino dentro de «una comunidad que abraza y sostiene».
Esta producción de PLAPA, bajo apoyo en la difusión del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), destaca que el acompañamiento técnico es vital, pero el vínculo afectivo es el cimiento. Sin una relación de amor fundante, cualquier proceso de rehabilitación resulta insuficiente y carente de esperanza a largo plazo.
Maruja: El paso de la «locura» a la dignidad del abrazo
Uno de los momentos más emotivos del episodio fue el testimonio de Elvy Monzant, de la Comunidad Misionera Buenanueva en Venezuela, quien relató la historia de Maruja, una joven adolescente que deambulaba oculta bajo una capucha sucia.
Maruja vive en el barrio Palo Blanco, una zona de la periferia del municipio San Francisco, al sur de Maracaibo, en el occidente del país. Allí, la joven sobrevivía en un «ranchito de lata» con piso de arena, resguardándose de la lluvia y la soledad.
Víctima de abusos desde su infancia, la adolescente rechazaba inicialmente cualquier contacto visual o físico. Los misioneros de Buena Nueva comenzaron dejándole comida en una esquina, sentándose cada día un poco más cerca para ganar su confianza.
El estigma de la «locura» con el que la señalaban en el barrio era solo el escudo de un dolor profundo. Al ser recibida en la mesa compartida, Maruja descubrió que su vida no era un desecho, sino un milagro en proceso.
Hoy, la joven no solo viste con ropa limpia, sino que ha recuperado su sonrisa y la capacidad de abrazar. Su proceso demuestra que el amor recíproco es capaz de reconstruir una identidad devastada por la miseria y el abandono.
El «rescate» de una predilecta
Monzant detalló la extrema fragilidad de Maruja al llegar al Centro Misionero en Palo Blanco. Según recordó, la adolescente «rehusaba todo tipo de contacto físico» tras años de haber sido vulnerada en su dignidad.
El proceso de acercamiento fue una labor de paciencia extrema y respeto por su dolor. «Nosotros comenzamos a sentarnos en la esquina contraria al mesón y cada día nos sentábamos un poquito más cerca», relató Monzant conmovida.
Para la comunidad, el cambio no fue solo externo, sino una sanación del espíritu que le permitió volver a soñar. «Ha sido un privilegio de Dios sentirnos amados por uno de sus predilectos, en este caso por Maruja», afirmó.
Aunque la joven aún no habla con palabras, su mirada se ha convertido en su nuevo lenguaje de gratitud. La misionera concluyó asegurando que siguen «apostando por la vida, apostando por los sueños, apostando por Maruja» pese a la oscuridad vivida.
La ternura como método de rescate
Tras escuchar este testimonio, el Padre Charlie reflexionó sobre la profundidad de este proceso de sanación: “Nadie puede descender a los infiernos propios de la propia historia, llenos de abusos o violencias, si no es de la mano del amor”.
Para los conductores, el amor no es un concepto abstracto, sino una presencia que permite «hacer pie». Es la fuerza que otorga al sufriente la seguridad necesaria para reconciliarse con un pasado marcado por el abandono.
El Padre Pepe Di Paola recordó casos similares en las villas de Argentina, como el de Miriam. Para el sacerdote, el amor brindado es lo único capaz de transformar rostros y vidas.
Este enfoque de ternura implica una paciencia infinita frente a las recaídas y los silencios. El acompañamiento se convierte en una pedagogía de la esperanza donde el otro deja de ser un «caso» para ser un hermano.
Sincronía entre la red y la profesionalización
Adriana Porras enfatizó que para lograr un impacto real es necesario vincular a diversos actores sociales. La red debe incluir a familias, amigos y profesionales de la salud en una sincronía que permita una atención integral.
Esta sincronía requiere una logística del cuidado que no descuida lo urgente por atender lo espiritual. Se trata de una «secuencia de acciones» que busca la autonomía y el bienestar total de la persona asistida.
El equipo subrayó que el acompañante debe saber poner límites desde el amor para ser efectivo. La red de PLAPA funciona precisamente como un tejido que sostiene cuando las fuerzas individuales de la persona fallan.
Finalmente, los conductores adelantaron que la próxima entrega abordará la dimensión técnica y psicológica. Se incorporará la mirada de especialistas para abordar la realidad psiquiátrica y médica que rodea las adicciones.













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