En medio del conflicto por la presencia de la empresa minera canadiense Atico Mining, las comunidades campesinas de Las Pampas y Palo Quemado, en la provincia de Cotopaxi, en Ecuador, alzan su voz contra un modelo extractivista que, según denuncian, llega con violencia, división y criminalización.
El párroco de la zona, P. Patricio Broncano, denunció que la población no percibe apoyo estatal, sino temor: “Nuestro pueblo se siente como desprotegido, no se siente sustentado ni apoyado por el gobierno, sino más bien atemorizado por toda la fuerza y el impacto que trae la presencia minera”.
Resistencia frente a la imposición
Las comunidades locales han manifestado en reiteradas ocasiones su rechazo al proyecto minero, pero el Estado y la empresa, según relatan los habitantes, han buscado imponerlo mediante una consulta ambiental que no consideran legítima ni legal, acompañada de hechos de violencia. En este contexto, cerca de 150 campesinos y campesinas han sido denunciados como terroristas por defender su propio territorio.
“Vienen a decir que somos violentos y que esta es una zona roja. Pero nuestro pueblo se organiza para el trabajo comunitario y las mingas, no para la violencia”, expresó Broncano, visiblemente preocupado por el impacto social de la criminalización.
La Iglesia local, encabezada por el párroco Broncano y el obispo de Latacunga, Mons. Geovanni Paz, acompaña a la población desde una inspiración profundamente cristiana: “No podemos hablar de Dios y dejar la naturaleza aparte. La creación es un todo que debemos proteger”, remarca el sacerdote, recordando las enseñanzas del papa Francisco en Laudato Si’ y Laudate Deum.
Por la protección del planeta
El padre Broncano, que lleva más de tres años al frente de la parroquia de Las Pampas, se ha convertido en un referente comunitario, aunque también ha sido objeto de señalamientos y denuncias por parte de la empresa minera. Pese a ello, continúa su misión: “No es la lucha solo por nosotros, sino por la vida en el mundo. El planeta se nos está acabando y debemos luchar para protegerlo”.
La Red Iglesias y Minería difundió recientemente el testimonio del sacerdote a través de un video, destacando que su historia inspira a otras iglesias de la región a reivindicar la esperanza que nace de la resistencia de los pueblos.
En Cotopaxi, la voz de las comunidades y de la Iglesia se une en un mismo clamor: la defensa de la dignidad de los pueblos, la protección de la Casa Común y la búsqueda del bien común frente a los abusos del extractivismo.
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