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Nueva misión pastoral con rostro indígena: Miguel Fritz asume como obispo del Pilcomayo en Paraguay

Foto: Episcopado paraguayo

Con una emotiva eucaristía, celebrada el 14 de julio en Mariscal Estigarribia, el cardenal paraguayo Adalberto Martínez Flores presidió la ordenación episcopal de monseñor Miguel Fritz como obispo del Vicariato Apostólico del Pilcomayo. La celebración fue un momento de acción de gracias por la entrega misionera del nuevo pastor, a quien el purpurado describió como un “misionero humilde y de gran corazón”, profundamente conocedor de la realidad del pueblo que servirá como obispo.

Recordando su ingreso en la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada, el cardenal destacó que el padre Fritz fue llamado desde joven, como el profeta Jeremías, y consagrado “para ser profeta de las naciones”. Durante cuatro décadas ha servido en tierras paraguayas, dedicando su vida a los pueblos indígenas del Chaco.

Pastor con voz profética y memoria misionera

El cardenal Adalberto subrayó la fidelidad del nuevo obispo a su vocación misionera, resaltando su pasión por los pueblos originarios y su compromiso con la historia e identidad del territorio. A la vez que recordó la reciente publicación de Fritz sobre los 100 años de presencia de los OMI en América del Sur, el arzobispo resaltó que esa obra revela una trayectoria marcada por el amor, la cercanía y el compromiso.

“La selección de los textos habla de tu pasión misionera”, indicó, destacando su valentía para dar voz al clamor de los pobres, denunciar la injusticia y defender la dignidad de los más olvidados. “Eres un pastor que conoce a sus ovejas, y también los lobos te conocen”, dijo en tono firme y poético.

La evangelización como razón de ser de la Iglesia

Durante la homilía, el cardenal Martínez hizo ver que el corazón de la misión de la Iglesia es el anuncio del Evangelio. En ese sentido, instó a toda la comunidad eclesial a asumir con renovado vigor el mandato de Jesús: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”. Paraguay —agregó— sigue siendo tierra de misión, pese a su mayoría católica, debido a las profundas brechas entre la fe confesada y la vida concreta.

Necesitamos traducir nuestra fe en mayor solidaridad y justicia con los excluidos”, insistió, de manera particularmente con los pueblos indígenas, quienes siguen siendo invisibilizados y amenazados en su existencia.

Solidaridad misionera y comunión fraterna

El purpurado, hizo también un llamado a la comunión eclesial, instando a las diócesis del país a apoyar solidariamente a los vicariatos y zonas de misión como el Pilcomayo. “Es tiempo de plantearnos una mayor solidaridad, no solo material, sino también en el envío de misioneros y agentes pastorales”, expresó.

Luego, reafirmó que la caridad comienza en casa y que el anuncio del Evangelio no puede separarse de la fraternidad concreta con los más vulnerables. La misión —expuso— no es una opción secundaria, sino la esencia de una Iglesia fiel al mandato de su Señor.

Antes de concluir su reflexión, el cardenal Adalberto encomendó a monseñor Fritz al cuidado de María Inmaculada y al Espíritu que consuela y fortalece. Con emoción, le recordó que el Señor estará siempre con él en su nueva misión como obispo y que su lema episcopal —Servidor de la Alegría— resume el profundo sentido de su vocación y servicio.

 

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