Este 15 de enero Venezuela conmemora el Día del Maestro, una fecha que honra la memoria de los educadores, quienes en 1932 – plena dictadura de Juan Vicente Gómez – fundaron la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria para defender sus derechos y dignidad, encabezados por Luis Beltrán Prieto Figueroa.
Por ello, la Comisión Episcopal de Educación del Episcopado venezolano ha suscrito un mensaje para honrar la vocación de servicio de los docentes de hoy, “la Iglesia se une al júbilo nacional por su entrega a niños y adolescentes”, señalaron.
Los prelados reconocen la dura realidad actual, afirmando que “ser maestro en Venezuela es un acto de heroísmo cotidiano”.
Los docentes enfrentan retos inmensos, luchando por condiciones dignas mientras perciben el cansancio de las familias. Es que un maestro en la actual Venezuela devenga un salario mensual de 6 dólares.
El desafío de una “paz desarmada”
En medio de las carencias del tejido social habida cuenta de la crisis generalizada, los maestros son quienes ofrecen certeza a unos niños que buscan esperanza en un mundo que parece negársela.
Frente al panorama actual, la Comisión cita al Papa León XIV y su invitación a ser arquitectos de paz. El Pontífice propone construir una “paz desarmada y desarmante”, desafío lanzado desde el inicio de su pontificado.
El texto aclara que la paz verdadera no es solo la ausencia de conflictos bélicos o sociales. Por el contrario, se define fundamentalmente por la presencia activa de la justicia y de la educación en la sociedad.
Explicaron que esta paz nace del maestro que decide no responder al odio con más odio ni desidia. Es una labor que “desarma la violencia a través de la pedagogía del encuentro y la ternura”.
Los educadores son llamados a formar parte de una “Constelación Educativa” para iluminar el futuro. Cada maestro es una luz que impide que la oscuridad se apodere del porvenir de los niños y adolescentes del país.
Modelos de santidad y esperanza
El mensaje recuerda que Venezuela es tierra de maestros santos que sirven de guía en esta ardua tarea. Se destaca a San José Gregorio Hernández, quien enseñó que la ciencia sin caridad se convierte en soberbia.
También mencionaron a la Santa Madre Carmen Rendiles como ejemplo de amor educativo. Ella recuerda que la enseñanza requiere paciencia y “una confianza infinita en la Providencia” cuando el cansancio intenta vencer la esperanza.
Monseñor Carlos Curiel Herrera, presidente de la Comisión, agradeció a los docentes por mantener encendida la fe. Los reconoció como el rostro humano de una Iglesia que camina junto a su pueblo en las escuelas.
Finalmente, se incluye una oración pidiendo a Dios que los maestros sean artesanos de paz. Se suplica la gracia para “desarmar los corazones heridos” y sembrar diálogo donde hoy solo existe silencio e incertidumbre.
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