Desde el Centro de Espiritualidad Loyola, y en el marco del Año Jubilar, los obispos de Chile concluyeron su 131.ª Asamblea Plenaria con un mensaje que interpela a la Iglesia y a toda la sociedad chilena. Iluminados por la cita: “Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones” (cf. 1P 3,15s), la Iglesia en Chile exhorta a no ceder ante la desesperanza, aun en medio de crisis complejas como la inseguridad, el narcotráfico, la baja natalidad y la polarización política.
Iglesia en camino sinodal
La Asamblea comenzó con la despedida orante del Papa Francisco, cuyo legado pastoral fue recordado con gratitud, y el júbilo por la reciente elección del Papa León XIV. La Conferencia Episcopal de Chile (CECh) expresó su comunión plena con el nuevo pontífice: “En nombre de la CECh, le expresamos nuestro afecto fraterno. Con Pedro y bajo Pedro, le aseguramos nuestra comunión y fidelidad para seguir trabajando por la nueva evangelización de nuestra patria”.
En continuidad con los últimos años, los obispos reafirmaron su voluntad de avanzar hacia una Iglesia más sinodal, reformando estructuras y renovando los servicios pastorales para propiciar una mayor participación del Pueblo de Dios. También manifestaron que continuar construyendo una cultura del cuidado y del buen trato, pilares en la reconstrucción de la confianza dentro y fuera de la Iglesia.
En esta línea, se valoró positivamente la reciente Jornada Nacional de Jóvenes celebrada en La Serena, vista como un signo alentador para la pastoral juvenil y la renovación eclesial.
Esperanza frente a la realidad nacional
El mensaje episcopal no eludió los desafíos sociales que golpean al país. Denunció con claridad el crecimiento del crimen organizado y la influencia del narcotráfico en diversos ámbitos de la sociedad, desde los jóvenes hasta sectores políticos, judiciales y deportivos. Lo cual ha producido una “realidad crecientemente corrupta y difícil de enfrentar”.
También alertaron sobre los efectos negativos de los prejuicios hacia las personas migrantes, quienes muchas veces son injustamente estigmatizadas a pesar de su valiosa contribución al bien común.
En el mismo tono de preocupación, se hizo un llamado urgente a abordar la alarmante baja en la natalidad que amenaza el futuro del país, señalando que los resultados del reciente censo exigen que el tema sea estudiado en profundidad y se adopten decisiones concretas para enfrentar la situación.
Trabajar juntos para sanar las heridas
“A pesar de la polarización política…”, dicen los obispos, las próximas elecciones pueden ser una oportunidad providencial para construir un gran acuerdo nacional que ponga por delante el bien común, dejando de lado los intereses partidistas.
Invitaron a todos los actores sociales y políticos a superar los muros ideológicos y trabajar unidos contra los flagelos que afectan al país: “Dejen atrás la violencia verbal y alcancen un gran acuerdo nacional sobre las materias aludidas, que trascienda sus intereses particulares, poniendo en el centro el bien común de Chile”.
Reiteraron, además, su compromiso como pastores y ciudadanos de fomentar espacios de diálogo, encuentro y reconciliación, convencidos de que la unidad es indispensable para superar los desafíos que enfrenta Chile: “Nosotros, como pastores y ciudadanos, reiteramos nuestro compromiso para colaborar activamente en favorecer el encuentro, el diálogo y el acuerdo entre los distintos actores sociales, porque estamos convencidos que para enfrentar los flagelos que hoy nos afectan hemos de trabajar juntos –y no divididos– por el bien común de Chile”.
Signos de esperanza
El mensaje invita a todos los fieles a ser “signos de esperanza” en sus comunidades eclesiales, reconociendo y valorando lo bueno, noble y bello que sigue presente en el país. Inspirados por la encíclica Spes non confundit, los obispos animan a recuperar la confianza en los vínculos interpersonales, en la dignidad de cada persona y en el respeto por la creación, para ser levadura de una humanidad “donde habite la justicia y la concordia entre los pueblos”.
Con espíritu pascual y bajo la protección de la Virgen del Carmen, la CECh renueva su fidelidad al nuevo Papa León XIV y pide su bendición apostólica para todo el Pueblo de Dios que peregrina en Chile.
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