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Obispos de Bolivia alientan a la perseverancia en la fe y la reconstrucción nacional ante la crisis social

Este 16 de noviembre, en el contexto de la IX Jornada Mundial de los Pobres, los obispos de Bolivia alentaron a reconstruir la democracia y asistir a los más necesitados. Los mensajes se centraron en la transitoriedad de lo material y la solidaridad ineludible como respuesta a la crisis nacional.

Por la reconstrucción de la democracia

Mons. Aurelio Pesoa Ribera OFM, obispo del Vicariato Apostólico del Beni y presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, desde su reflexión sobre la destrucción del Templo de Jerusalén, advirtió sobre el destino de toda obra humana cimentada en vicios sociales: “Toda obra humana, como bien sabemos, que se basa en el egoísmo, la soberbia, la arrogancia o el deseo de poder o de injusticia se destruirá”.

Mons. Pesoa resaltó el reciente mensaje de la Conferencia Episcopal Boliviana titulado “Peregrinos de Esperanza”. Hizo hincapié en la necesidad de mirar a los pobres como una “cuestión familiar” y no solo como un problema social, criticando la indiferencia: “Decimos ser cristianos, pero nos olvidamos de los pobres… los pobres no nos duelen”.

Al referirse al contexto nacional, transmitió el llamamiento de los obispos a la reconstrucción democrática: “Reconstruir la democracia no es tarea fácil. Tampoco es responsabilidad de unos cuantos. Requiere, por tanto, la participación y el compromiso de todos los bolivianos”. Esto exige una “mentalidad nueva y propositiva, para no estancarnos en intereses mezquinos de unos pocos”, dijo, y reconoció que el cambio estructural que el país necesita es “urgente, pero tenemos que ser conscientes de que no hay soluciones inmediatas”.

Llamado a la estabilidad y la concordia

Por su parte, Mons. Estanislao Dowlaszewicz OFM Conv. obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa Cruz, habló sobre el final de los tiempos y el juicio de Dios, donde el Señor “juzgará al mundo con justicia ya los pueblos con equidad”.

En sintonía con los obispos de Bolivia, Mons. Dowlaszewicz dedicó una parte significativa de su mensaje al contexto nacional, felicitando al nuevo presidente y deseándole éxito, pero advirtiendo sobre la magnitud del desafío: “Reconstruir la democracia no es tarea fácil ni responsabilidad de unos cuantos. Por lo contrario, será un esfuerzo compartido que requiere reconciliación, participación, generosidad, honestidad y transparencia”.

Con una visión crítica de la realidad, expresó: “Vemos que el país está destrozado, nuestra patria destrozada y no podemos ser indiferentes a colaborar y esforzarnos de distintas maneras para caminar hacia una estabilidad socioeconómica, institucional y cultural”. Pidió “tiempo y serenidad para este proceso de cambio estructural insistiendo en la importancia de dar el espacio al diálogo, al consenso, al encuentro fraternal y al respeto”.

Los pobres, templos vivos que evangelizan

Mons. Basilio Mamani, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Paz, ubicó la fe y la caridad en el centro de la perseverancia cristiana, señaló que la destrucción del templo es una invitación a mirar más allá de lo superficial, pues lo que realmente permanece es “la fe, la esperanza y el amor”. Su reflexión puso de relieve el rol de los más vulnerables: “Dios no busca templos de piedra, sino templos vivos y esos templos vivos son los pobres, los pequeños, los olvidados, los que nos evangelizan desde su humildad”.

Compartió testimonios de fe perseverante: “La mamá que viene desde el alto cada madrugada para trabajar con esperanza. El joven que aún sin recursos estudia con valentía. El anciano que aquí en San Francisco y en otras parroquias o capillas recibe un plato de comida y con una sonrisa nos bendice”.

Mons. Mamani hizo una invitación a renovar el compromiso con la caridad y las obras sociales de la Iglesia paceña y boliviana. Identificó desafíos en el servicio a los pobres: Apoyo a comedores solidarios, servicio de escucha y acompañamiento, becas solidarias, entre otros. “No basta dar lo que sobra, no basta una limosna rápida, no basta mirar desde lejos. El Señor nos pide una caridad valiente, concreta, que se ensucia las manos y se acerca al hermano que sufre”, manifestó Mons. Mamani.

Recordó que la “caridad auténtica duele, pero también libera porque en cada pobre está Cristo mismo esperando ser amado”.

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