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Obispos de Chile alientan a la unidad, justicia y esperanza en Tedeum 2025

Desde Iquique hasta Coyhaique, los obispos de Chile presidieron los tradicionales Tedeum de Fiestas Patrias, llamando a la unidad, la paz y la justicia social en medio de un país que enfrenta desafíos en materia de pobreza, migración, violencia, educación y defensa de la vida.

En sus homilías los obispos de cada diócesis, mostraron un clamor común: renovar la esperanza y fortalecer la cohesión social.

“No es tiempo de divisiones estériles”

En la Catedral Metropolitana, el Cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago, señaló que en tiempos de incertidumbre el país necesita volver a los pilares esenciales: “la familia, la fe, la democracia y la solidaridad”.

Habló sobre la educación como base del futuro y alertó que “la ignorancia es causa de muchos males sociales”. Llamó a la unidad afirmando que “no es tiempo de divisiones estériles”, sino de construir acuerdos en torno a un proyecto común.

El cardenal propuso tres desafíos: luchar contra la pobreza, promover una ética pública renovada y recuperar el sentido comunitario. También criticó proyectos de ley que atentan contra la vida: “Chile es un país laico, lo sabemos, pero ello no significa que los creyentes tengamos que guardar silencio cuando vemos amenazados los fundamentos de la democracia y del Estado de derecho”, dijo, advirtiendo sobre el aborto y la eutanasia como leyes “claramente injustas”.

Diversidad, memoria y futuro

En Concepción, Mons. Sergio Pérez de Arce pidió trabajar por un país unido, justo y solidario, señalando que “Chile es una sociedad diversa y plural, y eso nos enriquece”. Agregó que el país no puede reducirse a “una simple coexistencia indiferente de sus habitantes en un mismo territorio”, sino que debe ser “un proyecto compartido” que integre y dé sentido a la comunidad nacional.

El arzobispo de Puerto Montt, Mons. Fernando Ramos Pérez recordó que el amor a la patria se construye desde la memoria y la proyección hacia el futuro: “¿Cómo no dar gracias por los logros que hemos tenido como nación, aumentando la esperanza de vida y proveyendo salud y educación a las nuevas generaciones?”.

En tiempo electoral, pidió “propuestas y no conflictos estériles”, destacando que el servicio a la patria y el bien común son el camino para una sociedad justa y pacífica.

Reparar las redes de la sociedad

En la Catedral de Iquique, Mons. Isauro Covili Linfati presidió el Tedeum Ecuménico, inspirado en la imagen de los pescadores. Llamó a “reparar las redes”, es decir, reconstruir los vínculos familiares e institucionales debilitados por la violencia y la división.

Sobre la eutanasia, advirtió que “la verdadera compasión no consiste en eliminar la vida, sino en acompañar y cuidar al que sufre”, exhortando a garantizar cuidados paliativos.

También resaltó la acogida a los migrantes y alertó que “la democracia no es solo un sistema político, es convivencia pacífica y respeto por la dignidad de toda persona”.

La patria es una misión por cumplir

En Talca, Mons. Galo Fernández Villaseca pidió poner en el centro de la vida social a los más vulnerables: “Una nación es más digna y hermosa cuando cuida de todos sin exclusión alguna”.

Citó a San Alberto Hurtado: “La Patria es una misión por cumplir”, e instó a un debate electoral respetuoso, recordando que la defensa de la vida debe ser el centro de toda discusión, desde el aborto hasta la migración.

En Copiapó, Mons. Ricardo Morales pidió priorizar la educación, asegurando que “los mejores recursos de Atacama no están bajo el suelo: están en nuestras salas de clase”.

Advirtió sobre el olvido hacia los adultos mayores, mencionando que el Hogar de Ancianos de La Candelaria tiene lista de espera de 15 personas. Cerró su homilía con un llamado a la esperanza: “Que no falte en nosotros la creatividad para educar, la ternura para cuidar y el coraje para transformar”.

Un grito de amor y esperanza

En Coyhaique, Mons. Luis Infanti de la Mora denunció las crisis ecológicas, sociales y políticas que generan una “cultura del descarte y de muerte”. Proclamó que “solo la luz vence la oscuridad, solo el amor vence al odio”, invitando a que desde la Patagonia se eleve “un grito de amor, de paz y de esperanza para el mundo”.

En Rancagua, Mons. Guillermo Vera Soto resaltó que la grandeza de Chile se forja defendiendo la vida: “No queremos leyes que impidan a los niños nacer ni leyes que priven a enfermos y mayores del cuidado de su familia hasta su muerte natural”. Llamó a valorar a los jóvenes, afirmando que “Chile vive cuando nuestros jóvenes tienen esperanza de poder estudiar y trabajar”.

Perdón y reconciliación

En San Bernardo, Mons. Juan Ignacio González exhortó a cimentar el futuro en los valores del Evangelio. “Chile necesita hombres y mujeres que promuevan el perdón y la reconciliación”, afirmó, y remarcó que perdonar “no significa olvidar la verdad ni renunciar a la justicia”. Y reafirmó la defensa de la vida y de la familia como pilares de la nación.

En Calama, Mons. Tomás Carrasco destacó que “un país se construye con hombres y mujeres que se queman en amor y servicio”, llamando a superar divisiones y enfrentar problemas locales como vivienda, inseguridad y narcotráfico. Pidió reconstruir un “contrato ético” para la sociedad y trabajar por soluciones concretas.

Defensa de la vida y la familia

En Osorno, Mons. Carlos Godoy Labraña resaltó el valor del diálogo y la empatía. Afirmó que “la defensa de la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, es un principio fundamental” y que fortalecer la democracia requiere “respeto mutuo y compromiso ético”.

En Los Ángeles, Mons. Cristian Castro Toovey recordó que la grandeza de una nación se mide por el servicio: “El que es más grande, que se comporte como el menor”. Pidió recuperar la confianza en las instituciones y reafirmó la defensa de la vida y la familia.

Por su parte, el administrador diocesano, P. Patricio Fuentes Benavides, llamó a vivir la política como servicio y a buscar acuerdos: “El diálogo y la escucha son fundamentales, evitando siempre el lenguaje de la descalificación”. Y pidió reconocer lo esencial: “cuidar la patria, valorar la vida y la familia, superar la pobreza y transmitir valores a las nuevas generaciones”.

No perder la esperanza

En La Serena, Mons. René Rebolledo Salinas animó a la comunidad a “alzar la mirada” y no dejarse robar la esperanza. Defendió la vida como sagrada y llamó a enfrentar la inseguridad, la pobreza y la migración con servicio y fraternidad.

En Valparaíso, Mons. Jorge Vega Velasco invitó a ser “hacedores concretos de paz” y reiteró que la Iglesia debe ser de salida, con participación de todo el Pueblo de Dios: “Una Iglesia diocesana en salida no se impone por decreto, supone la participación de todos”.

Las homilías de este Tedeum 2025 coincidieron en la urgencia de construir una patria más justa, solidaria y fraterna. Desde el norte al sur, los pastores alentaron a no perder la esperanza y a transformar la fe en gestos que fortalezcan la vida, la democracia y la paz.

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