La Conferencia Episcopal de Chile difundió este viernes su Mensaje al Pueblo de Dios y a todas las personas de buena voluntad, al concluir la 132.ª Asamblea Plenaria, un documento en el que los obispos animan a enfrentar el actual escenario nacional con responsabilidad, discernimiento y un renovado compromiso de esperanza.
Desde el inicio del mensaje, los obispos expresan “inmensa alegría” por la celebración del Jubileo de la Esperanza y por el centenario de la creación de siete diócesis: Chillán, Talca, Linares, Rancagua, San Felipe, Temuco y Valparaíso.
Señalan que la experiencia jubilar “nos une más a Dios y a los hermanos, y nos desafía a ser signo de esperanza en el mundo de hoy”.
Voto responsable y defensa de la democracia
De cara a la próxima jornada electoral, en la que el país elegirá a quien será Presidente de la República, parte del Senado y la totalidad de la Cámara de Diputadas y Diputados, los obispos hacen un llamado explícito a un ejercicio ciudadano consciente.
Piden un “discernimiento personal ante la obligación de sufragar” y recuerdan “el alto valor que encarna la democracia y el Estado de derecho”, definidos como espacios en los que “la fuerza de la razón prevalece por sobre la razón de la fuerza”.
Reconstruir juntos la confianza social
El mensaje episcopal advierte sobre los efectos acumulados de “años de crisis política, social, económica y ética”. Según el texto, se percibe un “malestar generalizado” que genera “estancamiento frente a los problemas estructurales del país”, acompañado de “miedo ante la inseguridad y la violencia”, “incertidumbre frente al futuro” y “desconfianza en las instituciones”. Pese a este escenario, los obispos subrayan la fortaleza del pueblo chileno, afirmando que el país podrá avanzar “si reconstruimos juntos la confianza social”.
El mensaje propone una lectura espiritual del momento actual, señalando que los discípulos de Cristo están llamados a ser “testigos de la Pascua, capaces de seguir buscando en la noche la claridad de las estrellas”.
Los obispos recuerdan que Jesús “no anunció tiempos fáciles o cómodos, sino que preparó a sus discípulos para ser signo de contradicción”. Remarcan que la esperanza cristiana está anclada en el acontecimiento pascual, una “esperanza viva y actualizada”. Ratifican además la centralidad de la presencia constante del Señor, citando su promesa: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mt 28, 20), y proclaman: “¡Vive Cristo, nuestra esperanza!”.
Defensa de la vida, la dignidad humana y los migrantes
Uno de los acentos más fuertes del documento es la defensa integral de la dignidad humana. Los obispos afirman que “la imagen de Dios, visible en cada ser humano, nos interpela a cuidar y promover la vida, desde la concepción hasta la muerte natural”, junto con las condiciones para que cada persona alcance su pleno desarrollo.
Manifiestan también su preocupación por “la creciente denigración de nuestros hermanos migrantes”, resaltando que ellos “con trabajo y compromiso contribuyen inmensamente al bien de nuestra nación”.
En ese marco, abogan por “un control de fronteras que respete la dignidad inherente de la persona humana” y por “estrategias eficaces de regularización migratoria” para quienes se encuentran en situación irregular y no poseen antecedentes penales. Reafirman que, como obispos, están “unidos a ellos por lazos de solidaridad y comunión fraterna”.
Compromiso con los pobres y con la misión social de la Iglesia
Recordando la exhortación Dilexi te del Papa León XIV, los obispos citan que “en el rostro herido de los pobres encontramos el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo” (n. 9). Renovaron su compromiso con la promoción del bien común y, de manera particular, con “la defensa de las personas más débiles y desfavorecidas”, para que cada una pueda sentir dirigidas a sí las palabras de Jesús “Yo te he amado”.
El mensaje sostiene que Chile, “copia feliz del Edén”, mantiene intacta su capacidad de “acoger y proteger los sueños y anhelos de su gente”.
A cien años de la separación entre el Estado y la Iglesia, los obispos aseguran su voluntad de “seguir acompañando el devenir patrio” para contribuir a la construcción de un país “más justo, fraterno y solidario”.
El texto concluye encomendando a Chile a la Virgen del Carmen, “Reina y Madre nuestra”, para que acompañe el camino nacional y promueva el diálogo, el reencuentro y la reconstrucción de los vínculos de confianza necesarios “para ser el Chile que soñamos”.
Mensaje al Pueblo de Dios Chile
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