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Obispos de Colombia concluyen la CXIX Asamblea con Jubileo y llamado a defender la vida

Foto: Patricia Estupiñán

Este sábado, 12 de julio, con una sentida eucaristía presidida por el cardenal Luis José Rueda Aparicio en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, los obispos de Colombia clausuraron la CXIX Asamblea Plenaria del Episcopado. Más de ochenta prelados se dieron cita en esta ciudad mariana para vivir el Jubileo de los Obispos, en el marco del Año Santo de la Esperanza.

La ceremonia estuvo antecedida por una procesión por las principales calles de Chiquinquirá, acompañados por cientos de fieles. El día anterior los obispos se había reunido en una jornada de recogimiento para vivir un retiro espiritual en el convento del Desierto de la Candelaria, en Ráquira, acogidos por los padres agustinos recoletos.

«Felicidad de servir a la vida», mensaje del cardenal

Durante su homilía, el cardenal Rueda Aparicio recordó que la verdadera felicidad del creyente nace del servicio a la vida. Inspirado por un pasaje del Evangelio, donde una mujer exclamó la dicha de María por haber dado a luz al Salvador, el purpurado señaló que, en cada madre, en cada familia joven, hay una misión vital que necesita ser acogida y protegida.

Evidenció el creciente número de cunas vacías y pidió por las familias jóvenes, para que redescubran la alegría de ser generadoras de vida. Del mismo modo, aludió a los numerosos signos de muerte que atraviesan la sociedad colombiana, como las guerras, los feminicidios y el suicidio, e invitó a los obispos, sacerdotes y fieles a convertirse en custodios de la vida, «puentes de esperanza y reconciliación».

La felicidad de evangelizar: un llamado para toda la Iglesia

El arzobispo de Bogotá indicó que la evangelización no es un tema de estrategias ni grandes eventos, sino de una alegría sencilla y fecunda que brota del encuentro personal con Cristo. «Como María, la Virgen caminante del Evangelio, estamos llamados a evangelizar desde lo pequeño: una sonrisa, una escucha sincera, una mirada fraterna«, expresó.

Igualmente, se dirigió a los laicos, religiosas, sacerdotes y obispos presentes, exhortándolos a no cansarse de sembrar esperanza, incluso en terrenos áridos y difíciles. «Mientras sembramos el Evangelio, también cae semilla en nuestro corazón herido, y esa semilla dará fruto abundante», afirmó.

El Santo Rosario, escuela de esperanza para las familias

Uno de los momentos importantes de su homilía, fue cuando destacó el valor del Santo Rosario como camino de contemplación y fortaleza. «Con María contemplamos a Jesús en cada misterio. El Rosario nos ayuda a ser sembradores de esperanza», afirmó, recordando el testimonio de vida de muchos religiosos y religiosas que oran a diario desde el silencio y la entrega.

Con un llamado a mantener la esperanza, renovar la vida familiar y comprometerse con la paz de Colombia, el purpurado concluyó esta jornada espiritual que selló el trabajo sinodal de la Conferencia Episcopal. Así, con María, Madre de la esperanza, los obispos sellaron su compromiso pastoral de ser servidores de la vida y sembradores del Evangelio.

 

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