En la era de la inteligencia artificial y la medicina genómica, el sistema sanitario se enfrenta a una paradoja: mientras más precisos son los diagnósticos técnicos, más corre el riesgo de desdibujarse la figura del paciente como ser humano. Una reflexión del sacerdote Alejandro de Jesús Álvarez Gallegos en la reciente Jornada Mundial del Enfermo al recordar que cuando se habla de espiritualidad en la medicina no es un lujo decorativo, sino una «exigencia de humanidad».
El coordinador de la pastoral de la salud en la arquidiócesis de Yucatán – México, recordó que el contexto actual, tiende a reducir al que sufre en un simple número de una historia clínica o un procedimiento quirúrgico. No obstante, es necesario recordar que “la enfermedad no solo afecta las células, sino que impacta la identidad, el proyecto de vida y la forma de comprender la muerte”. De ahí que la atención integral parta de la premisa de que no se puede cuidar un cuerpo, si se ignora el mundo interior de la persona que lo habita.
El sacerdote, asegura que para lograr que la medicina sea verdaderamente eficaz, es necesario “transitar del modelo biomédico tradicional, centrado exclusivamente en la patología, hacia un enfoque biopsicosocial y espiritual”. En este esquema, el rigor científico propone un tratamiento físico que conviva con el acompañamiento psicológico, el soporte social y el respeto por la dimensión espiritual.
Una experiencia límite
Justamente, recuerda el sacerdote, uno de los grandes obstáculos en la práctica clínica es la confusión entre espiritualidad y religión que, aunque están relacionados, no son equivalentes. “La espiritualidad es una dimensión universal del ser humano que busca sentido, propósito y conexión”, porque según explica toda persona sea creyente o no, tiene esta dimensión.
A partir de su experiencia pastoral Álvarez recuerda que, en medio de la enfermedad, el ser humano se plantea preguntas fundamentales: «¿Por qué yo?», «¿Qué me sostiene ahora que he perdido el control?» o «¿Cuál es mi legado?». Al respecto, explica que atender esta necesidad implica que el profesional de salud no solo trabaje para «curar», sino en escuchar y acompañar al paciente en la búsqueda de esas respuestas.
Para Álvarez generalmente la enfermedad es una «experiencia límite» que confronta al individuo con su propia fragilidad, lo que especialistas como Cicely Saunders denominan el «dolor total», es decir, ese sufrimiento que integra lo físico, lo psicológico, social y espiritual. “Ignorar cualquiera de estos niveles es abandonar al paciente en la profundidad de su angustia”.
Igualmente, explicó que atender la espiritualidad no requiere necesariamente de grandes rituales; se trata de acciones que se manifiestan en la vida cotidiana a través de la presencia auténtica, la capacidad para sostener el silencio y el sufrimiento sin prisa; sin olvidar, los valores del paciente que se ven confrontados en la toma de decisiones clínicas.
Devolver la esperanza
En este sentido, el sacerdote señaló que la calidad de la atención espiritual depende directamente de la actitud del personal sanitario, en tanto se requieren virtudes como la humildad, la empatía y la conciencia de los propios límites. “El profesional también es vulnerable. La desconexión con el propio sentido del trabajo y la sobrecarga emocional, son puertas abiertas al burnout y la deshumanización”, esto quiere decir que el cuidado del paciente está íntimamente ligado al cuidado del cuidador.
Uno de los retos de los sistemas sanitarios de este tiempo es integrar las lecciones para que el hospital sea, además de un centro de alta tecnología, un refugio de dignidad y esperanza.
Así el sacerdote asegura que, desde el contexto de la fe cristiana, la atención integral tiene en la figura de Jesucristo, el mejor modelo, porque “no solo sanaba cuerpos, sino que restauraba personas, liberaba del miedo y devolvía la esperanza”. Por eso, la misión de la Iglesia, “es cuidar al enfermo es participar de la acción sanadora del Señor, quien sigue presente en cada gesto de compasión y escucha”.
Incluso cuando la curación clínica es imposible, el sacerdote mexicano insistió en que la salvación sigue vigente. “Cristo, que consideró el dolor en la cruz, acompaña al enfermo y le abre un horizonte que trasciende la muerte”. Y una medicina que se abre a lo espiritual no solo alivia el dolor, sino que anuncia que la vida tiene un sentido pleno, incluso en medio de la fragilidad.
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