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Panamá: monseñor Ulloa en Jubileo de Migrantes advierte que una sociedad que maltrata al migrante se autodestruye

Foto: Episcopado panameño

La Iglesia en Panamá celebró este domingo el Jubileo de los Migrantes, en el marco del Gran Jubileo de la Esperanza 2025. La jornada estuvo marcada por dos grandes momentos: la apertura del Centro Jubilar en el Hogar Luisa, en testimonio real de acogida a las personas migrantes y refugiadas, y la eucaristía presidida por monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá y presidente de la Red Clamor en este país.

A la jornada asistieron migrantes, agentes de la Pastoral de Movilidad Humana, fieles de las parroquias San Juan Bautista de la Salle y Santa Mónica y organizaciones sociales que forman parte de la Red Clamor Panamá. Con su presencia todos ratificaron un compromiso común: caminar junto a quienes buscan una vida digna, sembrando justicia, ternura y solidaridad.

El jubileo: tiempo de gracia y de esperanza

Durante su homilía, monseñor Ulloa explicó sobre la tradición de los jubileos, mencionando que es un tiempo de liberación, perdón y reconciliación, en el que se restablecía la justicia y se ofrecía un nuevo comienzo. Señaló que, aplicado a la realidad de la migración, este jubileo “es siempre un volver a empezar desde Dios, un renacer en la misericordia y en la justicia”.

El también presidente de la Conferencia Episcopal de Panamá, resaltó que celebrar el Jubileo de los Migrantes significa proclamar que no hay auténtico Jubileo de la Esperanza sino se abre el corazón a hombres y mujeres que caminan por el mundo en busca de dignidad. “Ellos no son una categoría social más —afirmó—, son rostros, nombres, historias, lágrimas y sueños. En cada uno de ellos late el mismo Dios que se hizo migrante por nosotros”.

Migrantes, signo de los tiempos y presencia de Cristo

Por otra parte, el líder religioso recordó las palabras del papa Francisco: “No se trata solo de migrantes, se trata de nosotros, de nuestra humanidad, de nuestra capacidad de reconocer en el otro un hermano”. Al respecto interpeló a la Iglesia a preguntarse: ¿qué rostro mostramos a los migrantes, el de una casa cerrada o el de un hogar abierto?

El arzobispo dio un momento especial para destacar la labor de quienes acompañan cotidianamente a esta población vulnerable: el Hogar Luisa, la Pastoral de Movilidad Humana, la Red Clamor, el Centro de Refugiados Jesuitas, sacerdotes y hermanas scalabrinianas, entre otros. Afirmó que su entrega y compromiso es signo de la cercanía de una Iglesia que no abandona a quienes sufren.

Panamá, tierra de encuentro y desafío

Recordó que “el país siempre ha sido tierra de tránsito y de mestizaje”, desde los pueblos originarios y los constructores del Canal hasta los flujos migratorios actuales. Pese a ello, reconoció que la situación presente plantea retos dolorosos.

El Darién se ha convertido en un vía crucis contemporáneo —dijo Ulloa—. Allí, Cristo vuelve a caminar herido, hambriento y despojado en cada migrante que cruza la selva”. Frente a ello, instó a no mirar la migración como amenaza, sino como una oportunidad de encuentro y fraternidad.

“Nadie sueña con ser migrante, pero todos soñamos con vivir. Cada madre que cruza frontera lleva un niño en brazos y una oración en el corazón; cada padre carga la esperanza de su familia; cada joven, el anhelo de un futuro que su país no pudo darle”, aseveró.

Compromiso de Iglesia y sociedad

Monseñor Ulloa fue enfático en señalar que la pastoral de migrantes no es un añadido opcional, sino parte esencial del Evangelio. “Negar al migrante es negar a Cristo; acogerlo es acoger al mismo Señor”, afirmó. En este sentido, hizo un llamado a la conversión a los agentes de pastoral, a la sociedad y a las autoridades, a estas últimas les invitó a construir políticas humanas de integración que reconozcan los derechos y la dignidad de quienes llegan

Una sociedad que maltrata al migrante se autodestruye, porque niega su propio pasado y su vocación de encuentro”, advirtió. Además, —agregó— “El jubileo no puede quedarse en un rito. Celebrarlo sin cambiar nuestras actitudes sería vaciarlo de sentido. La verdadera fiesta es la que transforma”.

El Centro Jubilar: signo concreto de hospitalidad

La apertura del Centro Jubilar en el Hogar Luisa fue asumida como un gesto profético en este tiempo jubilar. Fue creado con el propósito de ofrecer acogida, acompañamiento y dignidad a migrantes en situación de vulnerabilidad, mostrando con hechos lo que significa abrir puertas que muchas veces están cerradas en la sociedad y hasta en la misma Iglesia.

Este centro estará siendo animado por la Pastoral de Movilidad Humana en colaboración con diversas organizaciones, y se propone ser un lugar donde los migrantes no solo reciban asistencia, sino también integración y esperanza.

 

 

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