En la festividad de san Pedro y san Pablo, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, presidente de la Conferencia Episcopal de Panamá, recordó que estos “dos grandes pilares” siguen orientando el caminar cristiano: Pedro, con su franqueza y capacidad de rectificar, enseña que la autoridad se nutre de humildad; Pablo, con su entusiasmo misionero, demuestra que la gracia transforma incluso las vidas más alejadas.
Su ejemplo –subrayó el arzobispo– invita a cada bautizado a asumir un liderazgo de servicio, donde la evangelización es tarea compartida y no responsabilidad exclusiva de la jerarquía. “La misión de la Iglesia es un esfuerzo conjunto, una tarea que involucra a toda la comunidad, y en esa tarea todos tenemos un papel importante”, aseguró.
- Foto: Episcopado panameño
Un nuevo Papa, signo de esperanza y unidad
El también arzobispo metropolitano de Panamá, celebró la reciente elección del Papa León XIV como “un soplo de renovación para todo el Pueblo de Dios”. Invitó a los fieles a sostener al nuevo Pontífice con la oración y la colaboración concreta, pues “la guía del sucesor de Pedro cobra sentido cuando el rebaño camina unido”.
Señaló que la comunión eclesial es antídoto contra la polarización social y un requisito indispensable para que la Iglesia anuncie el Evangelio con credibilidad. Por tanto, subrayó que la misión que el Papa asume como sucesor de Pedro también la asumimos nosotros en el día a día. “Como comunidad, debemos sentirnos parte activa en esa tarea, apoyando con nuestras acciones, nuestras oraciones y nuestra generosidad”.
Corresponsabilidad que se hace gesto: el Óbolo de San Pedro
Por otra parte, Ulloa destacó que la solidaridad no se reduce a buenas intenciones. Animó a participar en la campaña: “Óbolo de San Pedro” como expresión tangible de cercanía al Papa y de cooperación con las obras caritativas que él sostiene en los márgenes del mundo.
Aportar –dijo– significa “poner el corazón donde la Iglesia pone sus manos”, y ayuda a tomar conciencia de que la misión universal depende también del aporte sencillo de cada familia, parroquia y comunidad. Esto –agregó– que nos “recuerda que somos miembros del mismo cuerpo y que, con lo que damos, participamos en la misión de Cristo, en la tarea de salvar y transformar vidas”.
- Foto: Episcopado panameño
La familia, corazón palpitante de la sociedad
Al cerrar el mes dedicado a la familia, el arzobispo agradeció la masiva marcha realizada la víspera, impulsada por diversas pastorales y movimientos, para reivindicar la importancia del hogar como “cuna de vida y escuela de amor”. Sin confrontaciones ni consignas partidistas, los participantes proclamaron que toda persona merece crecer en un entorno donde se le ame y respete.
Ulloa pidió a autoridades, educadores, líderes políticos y religiosos a no olvidar que la salud de la sociedad depende de la salud de las familias, por ello instó a trabajar por unas políticas púbicas que fortalezcan el tejido familiar, “porque cuando una familia se levanta, se levanta un barrio y, con él, la nación entera”.
Antes de concluir, el presidente de la Conferencia Episcopal Panameña exhortó a salir con parresia a los ámbitos donde la dignidad humana es vulnerada, a sostener al Papa León con la oración y la generosidad, y a construir comunidades familiares donde la fe se viva con alegría cotidiana. “La misión es de todos”, insistió, “y empieza por nuestras manos dispuestas, nuestros corazones abiertos y nuestros pasos al servicio de la esperanza”.
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