En el marco de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el arzobispo metropolitano de Panamá, y presidente de la Conferencia Episcopal, José Domingo Ulloa Mendieta, presidió la eucaristía en la Catedral Basílica Santa María la Antigua donde pronunció un contundente mensaje donde advirtió con firmeza que “Panamá no puede seguir siendo rehén de los cálculos de poder”, en clara alusión a la grave situación social y política que enfrenta el país.
Enfocado en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y su poder renovador y lo que esto conlleva para la Iglesia y el país, el prelado recordó que el Corpus Christi no es una conmemoración simbólica, sino una confesión de fe en la presencia real y sustancial de Jesucristo. Afirmó que la Eucaristía no solo edifica a la Iglesia, sino que la define: “Sin Eucaristía no hay Iglesia”, señaló con convicción.
El prelado insistió en que el sacramento de la Eucaristía debe verse reflejado en una vida coherente, una comunidad que se entrega como Cristo se entrega: con humildad, servicio y compasión. “La adoración verdadera impulsa a amar, perdonar y construir comunidad”, afirmó, llamando a vivir la misa más allá del templo.
Un llamado firme ante la crisis nacional
Durante su homilía, el arzobispo también abordó con preocupación la crisis social y política que atraviesa Panamá. Hizo una pequeña radiografía del momento actual que calificó como una “encrucijada” en la que el país debe decidir entre el desgaste institucional y la confrontación, o la sensatez y el diálogo responsable.
Al respecto, el líder religioso reiteró que “Panamá no puede seguir siendo rehén de los cálculos de poder”, y exhortó a todos los sectores de la sociedad —trabajadores, jóvenes, educadores, pueblos indígenas— a defender la justicia sin abandonar el respeto ni la inteligencia colectiva. Subrayó que el único camino que lleva a una paz verdadera, es aquel que se centra en el encuentro y la escucha mutua pasando por el respeto, y no por la imposición o la violencia.
“Cerrar las puertas al diálogo equivale a prolongar el sufrimiento”, señaló, al tiempo que reafirmó que el futuro solo se construye “dialogando, acordando y sumando voluntades”. En medio de un ambiente permeado por el desánimo y la incertidumbre, el arzobispo pidió proteger la democracia y ser artesanos de esperanza.
“Que Panamá vuelva a reconocerse como una sola nación, plural pero unida, herida pero dispuesta a sanar”, asintió, convencido de que sí es posible la transformación si parte del bien común. Su homilía concluyó con una plegaria por la paz y la justicia en Panamá, pidiendo a Dios valentía para escucharse, sabiduría para buscar caminos comunes y humidad para sanar las heridas del país.
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