“Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?”, con esta invitación a reconocer la acción de Dios en medio de la Amazonía, el Papa León XIV se dirigió a los participantes de la VI Asamblea de la Conferencia Eclesial de la Amazonía, reunidos en Bogotá el 17 de marzo de 2026, el Pontífice resaltó que “están viviendo un tiempo privilegiado de escucha al Espíritu Santo para discernir el camino de las comunidades enraizadas en esa región”.
Cercanía con los pueblos amazónicos
En su videomensaje, el Santo Padre saludó a “pastores, consagrados y consagradas, fieles laicos y laicas”, y resaltó que este encuentro constituye un momento privilegiado de discernimiento sinodal para la Iglesia en la Amazonía.
El Papa valoró el proceso previo de preparación de la Asamblea, señalando: “han querido compartir conmigo algunos de los pasos que han dado, así como los desafíos a los que se enfrentan”.
Asimismo, reconoció que le han hecho partícipe “de los sufrimientos y las esperanzas de los habitantes de la región, así como del creciente deterioro de su entorno natural”. Ante esta realidad, expresó su cercanía: “A todas las personas que padecen esa situación, quisiera expresarles mi cercanía”.
Horizontes Pastorales Sinodales
El Santo Padre resaltó como uno de los objetivos de la Asamblea la formulación de los Horizontes Pastorales Sinodales, que “podrían ser un instrumento útil para orientar la proclamación «de un Dios que ama infinitamente a cada ser humano, que ha manifestado plenamente ese amor en Cristo»”.
Asimismo, puso de relieve la elección de la nueva presidencia para el periodo 2026-2030, cuya tarea será “seguir animando la implementación del Sínodo para la Amazonía y preparar asimismo las contribuciones de su experiencia para la Asamblea Eclesial en Roma, prevista para el año 2028”.
“Algo nuevo está naciendo”
Inspirado en el texto bíblico de Isaías, el Papa señaló: “Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?”, subrayando que “es verdad, algo nuevo está naciendo, todavía es frágil, pero ya está en proceso”.
Para ilustrar este proceso, utilizó la imagen del árbol shihuahuaco, al que describió como “el ‘gigante de la selva’, que crece notablemente lento, pero se vuelve capaz de vivir más de mil años”, convirtiéndose en “un ecosistema en sí mismo”.
A partir de esta metáfora, explicó que la Iglesia está llamada a ser “un signo de unidad en la diversidad y refugio seguro, que genera y protege la vida”.
Iglesia transformada por el amor de Cristo
El Pontífice recordó que el futuro anunciado por el profeta Isaías se cumple plenamente en Dios que “hace nuevas todas las cosas”, e invitó a trabajar “con la confianza de una fe radicada en Cristo que nos repite: «Yo te he amado»”.
Añadió que este amor “nos transforma en hombres y mujeres nuevos” y conduce a una respuesta misionera generosa: “Este amor, contemplado en la oración, nos envía a responder con generosidad y valentía en la misión”.
En esa línea, manifestó que la Iglesia está llamada a ser “la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres”.
“El contexto actual exige una respuesta adecuada”
El Papa reconoció que “el contexto actual exige una respuesta adecuada ante los numerosos desafíos sociales, ambientales, culturales y eclesiales que persisten en la Amazonia, amenazada por situaciones de abuso y de explotación”.
En este contexto, resaltó el símbolo de la Asamblea, la flor de la pasión, que “representa el papel profético de la Iglesia y de todos sus miembros: proclamar el kerygma y la vida nueva en Cristo, acompañar a los que sufren, custodiar la creación y el respeto a la vida en todas sus formas, especialmente a la vida humana”.
Inculturación y rostro amazónico
El Pontífice señaló también el desafío de construir una Iglesia con rostro amazónico, manifestando que este camino implica que “con la inculturación de la fe, la Iglesia se enriquece con nuevas expresiones y valores, manifestando y celebrando cada vez mejor el misterio de Cristo logrando unir más estrechamente la fe con la vida y contribuyendo así a una catolicidad más plena, no sólo geográfica sino también cultural”.
Reconoció que “la inculturación es un camino difícil, pero necesario” y exhortó a “aceptar con valentía la novedad del Espíritu capaz de crear siempre algo nuevo con el tesoro inagotable de Jesucristo”.
En ese sentido, animó a continuar “en el fortalecimiento de la identidad de los discípulos misioneros en la Amazonía”, y recordó el testimonio de quienes han dado su vida: “Sigan sembrando en el surco que ha sido regado incluso con la sangre de tantos hombres y mujeres que les han precedido”.
La Asamblea, confiada a María y bendecida por el Papa
El Papa León XIV confió los frutos de la Asamblea a la intercesión de la Virgen María y expresó: “Confiando los frutos de esta Asamblea Eclesial a la especial intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre del Creador, les imparto de corazón la Bendición Apostólica”.
Y concluyó impartiendo su bendición: “Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y les acompañe siempre. Amén”.
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