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Papa León XIV: La inculturación del Evangelio es una exigencia intrínseca de la misión de la Iglesia

En un mensaje dirigido al Congreso Teológico Pastoral sobre el acontecimiento guadalupano, el Papa León XIV reflexionó sobre la inculturación del Evangelio como un principio esencial de la misión cristiana y resaltó que se trata de una dimensión constitutiva del anuncio de la fe.

El Pontífice señaló que Dios mismo mostró el camino al revelarse “no como un ente abstracto ni como una verdad impuesta desde fuera”, sino entrando en la historia y dialogando con la libertad humana. Recordó que en Jesucristo Dios “no sólo comunica un mensaje, sino que se comunica Él mismo”, de modo que evangelizar significa ante todo “hacer presente y accesible a Jesucristo”.

Inculturar no es adaptar superficialmente

El Papa explicó que el anuncio cristiano “acontece siempre dentro de una experiencia concreta” y que ignorar la realidad cultural de los pueblos sería desconocer la lógica de la Encarnación. Por ello, sostuvo que “la inculturación no es una concesión secundaria ni una mera estrategia pastoral, sino una exigencia intrínseca de la misión de la Iglesia”.

En esa línea, recordó que el Evangelio no se identifica con ninguna cultura particular, pero tiene la capacidad de impregnarlas todas. Inculturar, señaló, significa “entrar con respeto y amor en la historia concreta de los pueblos” para que Cristo sea conocido y acogido desde su propia vivencia cultural.

Esto implica asumir “las lenguas, los símbolos, las formas de pensar y de expresarse”, como espacios donde “la gracia desea habitar y actuar”.

El Evangelio reconoce las “semillas del Verbo”

El Pontífice advirtió que la inculturación no puede confundirse con una “sacralización de las culturas” ni con una adaptación relativista del mensaje cristiano. Ninguna cultura, afirmó, puede convertirse en “criterio último de la fe”.

Más bien, se trata de un “proceso exigente y purificador”, mediante el cual el Evangelio reconoce las “semillas del Verbo” presentes en cada cultura, al tiempo que purifica y eleva sus valores auténticos. Toda realidad humana, precisó, necesita ser “iluminada y transformada por la gracia”.

Como ejemplo privilegiado de este dinamismo, el Papa presentó a Santa María de Guadalupe como una verdadera “lección de la pedagogía divina”. Según dijo en ella no se absolutiza una cultura ni se la desprecia, sino que es asumida y transfigurada para convertirse en lugar de encuentro con Cristo. El acontecimiento guadalupano muestra el modo de Dios de acercarse a su pueblo: “respetuoso en su punto de partida, inteligible en su lenguaje y firme y delicado en su conducción hacia el encuentro con la Verdad plena”. Así, la Buena Noticia se hace visible “sin violencia ni coacción”, ofreciendo su novedad sin diluir su radicalidad.

Fe adulta en contextos complejos

El Papa también advirtió que, en sociedades plurales donde la fe ya no puede darse por supuesta, la Iglesia necesita una inculturación capaz de dialogar con realidades culturales complejas “sin asumirlas acríticamente”. El objetivo es suscitar “una fe adulta y madura”, capaz de dar razón de la esperanza cristiana incluso en contextos adversos.

En este marco, remarcó que la catequesis es una prioridad irrenunciable, como un verdadero camino de discipulado que forme creyentes libres y coherentes: “Está llamada a ocupar un lugar central en la acción de la Iglesia, a acompañar de forma continua y profunda el proceso de maduración que conduce a una fe realmente comprendida, asumida y vivida de manera personal y consciente, incluso cuando ello suponga ir a contracorriente de los discursos culturales dominantes”.

Que el ejemplo y la intercesión de tantos santos evangelizadores y pastores que se enfrentaron a ese mismo desafío en su tiempo —Toribio de Mogrovejo, Junípero Serra, Sebastián de Aparicio, Mamá Antula, José de Anchieta, Juan de Palafox, Pedro de San José de Betancur, Roque González, Mariana de Jesús, Francisco Solano, entre tantos otros— les concedan luz y fortaleza para proseguir el anuncio hoy. Y que Santa María de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización, acompañe e inspire cada iniciativa rumbo a los 500 años de su aparición. De corazón les imparto la Bendición”, expresó el Santo Padre al concluir.

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