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Papa León XIV propone una “paz desarmada y desarmante” frente a la espiral global de violencia y rearme

“La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante, el Papa León XIV dirigió a la Iglesia y a la humanidad su Mensaje para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1 de enero de 2026. Desde el inicio de su mensaje, el Pontífice retoma el saludo pascual del Resucitado: “¡La paz esté contigo!”, para remarcar que no se trata de un deseo genérico, se trata de una fuerza transformadora que actúa en la historia.

En un contexto mundial que enfrenta la intensificación de los conflictos armados, el incremento del gasto militar y la creciente desconfianza entre los pueblos, el Santo Padre recuerda las palabras de Jesús a los discípulos: “¡La paz esté con ustedes!” (Jn 20,19.21), y afirma que esta paz “no sólo desea, sino que realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad”.

Por ello, señala que los sucesores de los Apóstoles anuncian cada día “la más silenciosa revolución: ‘¡La paz esté con ustedes!’”. Desde el día de su elección como Obispo de Roma, explica, quiso hacer suyo este saludo, tratándose de “la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente”.

La paz de Cristo resucitado, luz en medio de las tinieblas

El Papa presenta a Cristo como “nuestra paz” (cf. Ef 2,14), el Buen Pastor que vence a la muerte y derriba los muros que separan a los seres humanos. Asegura que su victoria sigue manifestándose hoy en el testimonio de quienes perseveran en medio de la oscuridad de los tiempos, haciendo visible la acción de Dios incluso en contextos de sufrimiento y violencia.

Reconoce que el contraste entre tinieblas y luz no es solo una imagen bíblica, sino una experiencia cotidiana en las circunstancias históricas actuales. “Ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad”, advierte, y reitera que la paz “existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence”. En este horizonte sitúa el compromiso de quienes trabajan por la paz en medio de lo que el Papa Francisco llamó “la tercera guerra mundial a pedazos”, resistiendo “a la contaminación de las tinieblas, como centinelas de la noche”.

Sin embargo, el Pontífice lamenta que hoy se presenten como “realistas” visiones del mundo “carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás”, que olvidan la acción constante de la gracia de Dios en los corazones humanos. Citando a san Agustín, recuerda la exhortación a custodiar la paz en lo más íntimo del espíritu para irradiarla hacia los demás: “Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla”.

La paz como presencia y camino

Dirigiéndose a creyentes y no creyentes, el Papa León XIV invita a abrirse a la paz, a acogerla como una presencia real y no como una utopía inalcanzable. “Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino”, manifiesta, y exhorta a cuidarla incluso cuando es combatida “como una pequeña llama amenazada por la tormenta”.

El Pontífice señala que la paz permite “no olvidar el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos”, incluso en contextos de destrucción y desesperanza.

Como el Resucitado que atraviesa puertas cerradas, la paz de Cristo sigue hoy cruzando barreras “con las voces y los rostros de sus testigos”.

Una paz desarmada frente a la lógica de la violencia

El Santo Padre ahonda en el carácter desarmado de la paz cristiana. Recuerda las palabras de Jesús: “Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo” (Jn 14,27), el Papa reconoce que lo que desconcertó a los discípulos fue precisamente su opción no violenta. “El camino de Jesús sigue siendo motivo de turbación y de temor”, afirma, evocando la orden clara del Maestro: “Envaina tu espada” (Jn 18,11).

La paz de Cristo, subraya, es desarmada porque desarmada fue su lucha. Por ello, los cristianos están llamados a ser testigos proféticos de esta novedad, recordando también “las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices”.

En esta línea, la gran parábola del juicio final (cf. Mt 25,31-46) invita a actuar con misericordia, encontrando aliados en quienes han sabido escuchar el dolor ajeno y liberarse del engaño de la violencia”.

El rearme global y la cultura del miedo

El Pontífice aborda con claridad el contexto actual de inseguridad y rearme. Reconoce que muchas personas con corazón dispuesto a la paz se sienten impotentes ante la incertidumbre del presente. Sin embargo, advierte que tratar la paz como un ideal lejano lleva a justificar la guerra e incluso a considerarla necesaria.

El Papa León XIV denuncia que esta lógica ha favorecido una escalada militar sin precedentes. Cita datos concretos: “en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, alcanzando los 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial”. A esto se suma una preocupante reorientación de las políticas educativas y comunicacionales hacia una noción armada de seguridad.

El Papa recuerda las palabras proféticas de san Juan XXIII sobre el temor permanente en el que viven los pueblos bajo la amenaza de la guerra, una advertencia que hoy adquiere renovada vigencia.

Tecnología, armas y deshumanización

El mensaje alerta también sobre el uso militar de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial, que “han radicalizado la tragedia de los conflictos armados”.

Advierte sobre un proceso de desresponsabilización de los líderes políticos y militares al delegar decisiones de vida o muerte en las máquinas, lo que constituye “una espiral destructiva, sin precedentes, del humanismo jurídico y filosófico”.

Aunque considera necesario denunciar los intereses económicos que impulsan esta deriva, remarca que ello no basta sin un despertar de las conciencias y del pensamiento crítico. En este sentido, evoca a san Francisco de Asís, citado en Fratelli tutti, como modelo de una paz nacida de la humildad, la renuncia al dominio y la armonía con todos.

Una paz desarmante que nace de la fragilidad

En la tercera parte del mensaje, el Papa reflexiona sobre la paz desarmante, vinculándola al misterio de la Encarnación. “La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño”, dice, y recuerda el canto de los ángeles en Belén: “Paz en la tierra”.

El Papa León XIV expresa que la fragilidad humana tiene un poder transformador, como ya señalaba su predecesor, al hacernos más lúcidos sobre lo que da vida y lo que provoca muerte. En esta línea, recupera la enseñanza de san Juan XXIII sobre el desarme integral, que debe comenzar en las conciencias y en los corazones, sustituyendo el equilibrio del miedo por la confianza recíproca.

Religiones, política y esperanza activa

El Papa dedica un espacio relevante al papel de las religiones, llamadas a vigilar el intento de convertir palabras y pensamientos en armas. Denuncia el uso blasfemo de la fe para justificar el nacionalismo y la violencia, e invita a los creyentes a desmentir estas prácticas “sobre todo con la vida”.

Asimismo, insiste en la importancia de la oración, el diálogo ecuménico e interreligioso, y exhorta a que cada comunidad se convierta en “una ‘casa de paz’”. Al mismo tiempo, remarca la responsabilidad de la política y la diplomacia, llamando a reforzar el derecho internacional y las instituciones supranacionales.

Frente a la tentación del fatalismo, el Santo Padre anima a sostener iniciativas espirituales, culturales y políticas que mantengan viva la esperanza, recordando que “la mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante”.

Fruto del Jubileo de la Esperanza

El mensaje concluye situando este llamado en el marco del Jubileo de la Esperanza, invitando a un desarme del corazón, de la mente y de la vida.

Con palabras del profeta Isaías, el Papa expresa la esperanza última que anima su mensaje: “Con sus espadas forjarán arados… No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra” (Is 2,4-5).

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