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“Para cambiar el mundo nos ha sido dada la vida”: reflexión teológico-pastoral inaugura la Jornada del Enfermo en Chiclayo

En el inicio de las actividades académicas de la Jornada Mundial del Enfermo 2026, la Iglesia reunida en Chiclayo vivió un espacio de reflexión sobre el sentido del sufrimiento humano, la misión sanitaria y el llamado cristiano a la compasión, durante la jornada teológico-pastoral desarrollada en la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo.

El encuentro congregó a agentes de pastoral de la salud, personal sanitario, religiosos, académicos y delegaciones eclesiales de América Latina, en el contexto de esta celebración internacional que pone en el centro la dignidad de las personas enfermas y de quienes las acompañan.

La ponencia estuvo a cargo del profesor Luis Solari de la Fuente, médico internista, profesor emérito de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, ex primer ministro y ex ministro de Salud del Perú, cuya intervención articuló experiencia clínica, gestión pública, reflexión teológica y lectura pastoral del sufrimiento.

Salud pública y opción por los pobres

Desde el inicio, el Prof. Solari situó su reflexión en la realidad de los sistemas de salud, recordando su participación en la creación del Seguro Integral de Salud en 2001, iniciativa orientada a garantizar atención gratuita a los sectores más vulnerables. “Quien no tiene para comprar un pan es imposible que compre una tableta y hay que darle todo sin costo”, dijo, explicando el principio ético que sustentó esta política pública.

El expositor resaltó que esta decisión permitió ampliar radicalmente el acceso a tratamientos de alta complejidad para la población empobrecida: “Los niños… más pobres… pasaron a tener diálisis y trasplante… sin costo. Y fueron salvados miles de personas”.

Según explicó, la mayoría de los beneficiarios provenían de zonas urbano-marginales y rurales, territorios históricamente excluidos del desarrollo sanitario. Sin embargo, también advirtió que decisiones políticas posteriores desvirtuaron el objetivo original del sistema, ampliándolo a población no pobre y generando sobredemanda: “El no pobre cruza al frente y lo compra… El pobre llora y no tiene quién lo acompañe”.

Para Solari, esta tensión revela que los problemas sanitarios no pueden resolverse solo desde la medicina, y deben ser resueltos desde la justicia social y las políticas estructurales.

América Latina en el cambio de época

La reflexión avanzó hacia una lectura geopolítica y eclesial del continente, situando a América Latina en un momento estratégico de la historia.

América Latina se ha convertido en el territorio más estratégico en este momento de gran aceleración de la historia”.

Subrayó su centralidad bioceánica, recordando que en el Pacífico se produce más de la mitad de los bienes del mundo, lo que a su juicio, tendrá implicaciones pastorales y eclesiales futuras, incluso en el horizonte de discernimiento continental bajo el pontificado del Papa León XIV, a quien denominó simbólicamente “el Papa del Pacífico”.

Los samaritanos cambian el mundo

El corazón de la ponencia planteó la parábola del Buen Samaritano, clave hermenéutica de la Jornada Mundial del Enfermo. El Dr. Solari describió la compasión como un proceso gradual y profundo: “Tuvo compasión… sufrió con el hombre herido… hizo suyo este sufrimiento”. Desde esta perspectiva, la compasión no es un gesto asistencial superficial, sino una implicación existencial con el dolor del otro.

En contraste, evocó la actitud del sacerdote y el levita del relato evangélico, quienes —pese a su rol religioso— optaron por la indiferencia. La enseñanza, dijo, permanece vigente: “Los indiferentes pasan de largo, los samaritanos… cambian el mundo”.

Y añadió una afirmación programática para la pastoral sanitaria: “Para esto nos ha sido dada la vida: para cambiar el mundo”.

La fuente espiritual de la compasión

Dentro de su reflexión planteó la pregunta: ¿De dónde nace la fuerza para acompañar el sufrimiento? La respuesta la situó en la comunión con Cristo, citando el discurso de la vid verdadera: “El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada”.

Subrayó que la acción sanitaria cristiana no se sostiene solo en competencias técnicas, y más bien consiste en una espiritualidad de inhabitación: “No basta con permanecer en el Señor… sino que el Señor ha de permanecer en nosotros”.

Explicó que desde esa experiencia interior brota la capacidad de transmitir esperanza al enfermo: “Abracemos al enfermo y transmitamos esa fuerza intangible, que es el amor del Señor”.

Antropología cristiana del cuidado

Integrando ciencia y teología, el médico peruano describió la doble dimensión del ser humano: “Estamos hechos de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno… pero también de espíritu de Dios”.

Comparó el desarrollo biológico con el espiritual, afirmando que, así como maduran los genes físicos, también lo hacen los “genes espirituales”. Apoyado en san Pablo, recordó el proceso de transformación interior del creyente: “Nos vamos transformando cada vez más gloriosos”.

Desde su experiencia médica de más de 50 años, Solari compartió testimonios del impacto espiritual de la enfermedad: “He visto grandes conversiones ante la situación de enfermedad”. Relató procesos de reconciliación familiar y experiencias límite de fe, como la de un paciente ateo que pidió el bautismo antes de una amputación: “Pide ser bautizado… mientras le preparaban para una amputación”. Este tipo de vivencias revelan que el dolor puede abrir el corazón humano a Dios: “El padecimiento abre la morada personal del Señor en nosotros”.

El sentido salvífico del dolor

Citando la carta apostólica Salvifici Doloris de san Juan Pablo II, habló sobre la dimensión redentora del sufrimiento: “En el sufrimiento se esconde una particular fuerza que acerca interiormente el hombre a Cristo”. Esa experiencia, añadió, transforma radicalmente a la persona: “En el sufrimiento llega a ser un hombre completamente nuevo”.

El expositor llamó a multiplicar testigos de compasión: “La Iglesia… necesita miles de nuevos buenos samaritanos en acción”. Vinculó esta misión con el llamado del Documento de Aparecida a suscitar “nuevas energías morales y espirituales”, recordando que la entrega de la vida es fuente de plenitud: “La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega”.

Lejos de visiones pesimistas, el Dr. Solari ofreció una lectura esperanzadora del tiempo presente: “Nos dirigimos inexorablemente hacia un nuevo y mejor mundo”. Reconoció que los cambios generan incertidumbre, pero afirmó con convicción creyente: “Sabemos quién es el capitán de nuestra nave”. Proyectó, además, una Iglesia cada vez más contemplativa y encarnada en los pueblos, llamada a vivir el cumplimiento histórico de las promesas de Cristo.

Comunión con el Papa

Al concluir, encomendó la misión eclesial al pontificado del Papa León XIV, y resaltó la magnitud de su tarea: “Inmensa y magnífica tarea le ha confiado el Señor a nuestro Santo Padre”.

Seamos un auxilio con nuestra oración y nuestra acción y, sobre todo, con nuestro amor fraterno en el Señor”, dijo, invitando a sostenerla desde la vida concreta de la Iglesia.

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