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Paraguay: Jubileo Sinodal une a obispos y laicos para fortalecer participación, comunión y misión pastoral

Foto: Episcopado paraguayo

La ciudad de Caacupé en Paraguay fue escenario de una jornada de fe y comunión en el Jubileo de los Equipos Sinodales Diocesanos, allí se reunieron representantes de diversas diócesis del país para fortalecer la comunión eclesial y reavivar la misión de una Iglesia abierta al discernimiento y al servicio.

El presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya, monseñor Pedro Jubinville, presente en el encuentro alentó a los representantes de los equipos a no dejarse vencer por el temor y a seguir consolidando el proceso sinodal, recordando que “la Iglesia camina confiando en la gracia del Espíritu, incluso en la incertidumbre”.

El encuentro combinó momentos de oración, diálogo fraterno y discernimiento comunitario, mostrando tanto los frutos alcanzados como los retos que aún enfrenta el proceso sinodal en todo el país.

Una Iglesia que aprende a escuchar y discernir

En las reflexiones los participantes coincidieron en que el proceso sinodal está afianzando una Iglesia que discierne y camina en comunión, reconociendo en la diversidad de voces una riqueza que impulsa nuevas formas de comunión y corresponsabilidad eclesial.

Los obispos Pedro Jubinville, Miguel Ángel Cabello, Celestino Ocampos y Joaquín Robledo acompañaron los espacios de reflexión, instando a los laicos a mantener viva la llama del servicio y del compromiso sinodal y coincidiendo en señalar que “Caminar juntos no es una consigna, sino una manera de vivir la fe”.

Además de los espacios de oración y reflexión, la jornada incluyó una peregrinación jubilar hasta la Basílica de la Virgen de los Milagros, donde los participantes reafirmaron su vocación de ser discípulos misioneros en sus diócesis.

Homilía de cierre: el fermento de la gracia

La celebración eucarística de clausura jubilar estuvo presidida por monseñor Miguel Ángel Cabello, obispo de Villarrica, quien en su homilía exhortó a reflexionar sobre la parábola del fariseo y el publicano, afirmando que la justificación del ser humano no depende de méritos, sino de la fe y el amor gratuito de Dios.

El fermento que da vida a la Iglesia no es el de la autosuficiencia, sino el de la humildad que reconoce que todo es don del Señor”, apuntó. Pidió mantener vivo el “fermento de la gracia”, como fuerza que renueva la Iglesia, el diálogo y orienta la misión hacia los pobres y olvidados.

Caminar en conversión permanente

El obispo recordó que la sinodalidad va más allá de los debates dentro de la Iglesia, esta agregó, debe expresarse en una Iglesia en salida, capaz de ir hacia las periferias con espíritu misionero. “No basta con escuchar palabras —expuso—, hay que sentir el viento del Espíritu que nos lleva al encuentro de los hermanos”.

El obispo concluyó su mensaje motivando a los presentes a vivir la conversión pastoral con esperanza, impulsando una conversión pastoral que renueve la manera de relacionarse y servir en la Iglesia. “Somos portadores de la vida del Evangelio —aseguró—, que transforma y santifica”.

 

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