Al cumplirse seis años de la publicación de la exhortación apostólica Querida Amazonía, la Iglesia que peregrina en el bioma amazónico vuelve la mirada a este documento como una hoja de ruta vigente para su misión pastoral, social y ecológica. La conmemoración fue resaltada por la Conferencia Eclesial de la Amazonía (Ceama) y la Red Eclesial Panamazónica (Repam), instancias que aseguraron su entrega y servicio para “custodiar y encarnar” los cuatro sueños planteados por el Papa Francisco en 2020.
Firmada el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, y hecha pública el 12 del mismo mes, la exhortación recoge las resonancias del Sínodo para la Amazonía de 2019, proponiendo un horizonte integral condensado en los sueños social, cultural, ecológico y eclesial, dirigidos “al Pueblo de Dios y a todas las personas de buena voluntad”.
Sueño social que clama justicia
El primero de estos horizontes plantea “una Amazonía que luche por los derechos de los más pobres”. Seis años después, organismos eclesiales advierten que este llamado mantiene plena vigencia ante el agravamiento de múltiples crisis.
Repam señala que los indicadores actuales “no son nada alentadores”: la deforestación ha crecido en la última década, mientras la expansión minera, los megaproyectos y la extracción de hidrocarburos afectan gravemente el acceso al agua, considerado un derecho vital.
Según datos del monitoreo MAAP citados por la red, solo en 2025 más de 35 mil hectáreas de bosque fueron arrasadas por la minería, concentrándose los mayores índices en Brasil, Perú y Guyana. Este escenario, además, se vincula a otras violencias: persecución de líderes, trata de personas y economías ilícitas. Frente a ello, la Iglesia sostiene procesos de defensa territorial, formación en derechos humanos e incidencia socioambiental, reafirmando que el sueño social constituye “una opción evangélica por la vida amenazada”.
Custodiar la riqueza cultural amazónica
El segundo sueño propone “preservar su riqueza cultural”. La Amazonía, recuerdan los organismos eclesiales, es un mosaico de lenguas, espiritualidades y saberes ancestrales que hoy enfrentan presiones homogeneizadoras.
La exhortación advierte que “la economía globalizada tiende a homogeneizar las culturas”, debilitando identidades. En este contexto, la misión eclesial impulsa procesos de inculturación del Evangelio, educación intercultural bilingüe y formación teológica contextual.
Las comunidades indígenas son reconocidas como sujetos eclesiales activos. Experiencias pastorales actuales fortalecen el papel de la familia en la transmisión de valores y promueven medios de comunicación que preservan idiomas y memorias colectivas. Custodiar la cultura, subraya la Ceama, implica también proteger la relación espiritual y comunitaria que los pueblos mantienen con la creación.
El sueño ecológico y el clamor de la casa común
El tercer horizonte ecológico, expresa el anhelo de “custodiar celosamente su abrumadora belleza natural”. La crisis climática convierte este sueño en una urgencia global.
Repam recuerda que la sabiduría indígena “inspira el cuidado y el respeto por la creación”, mientras denuncia el avance de economías extractivas que amenazan el equilibrio planetario, en conexión con otros biomas estratégicos como el Congo y Borneo.
Y como centro esta defensa es el agua. Para los pueblos amazónicos, “el río no es una barrera… sino un punto de encuentro común”. Desde esta visión, la red eclesial ha ratificado su compromiso con la protección de las fuentes hídricas como eje articulador de la pastoral socioambiental. La Iglesia amazónica ha promovido formación en ecología integral, articulaciones internacionales y alianzas con organizaciones sociales, reafirmando que el cuidado de la casa común es parte esencial de la evangelización.
Iglesia con rostro amazónico
El cuarto sueño es eclesial y sinodal: “una Iglesia con rostro amazónico”. Este llamado impulsa una Iglesia inculturada, ministerial y participativa, que escucha y camina junto a los pueblos.
En estos seis años se han fortalecido ministerios laicales, el protagonismo de las mujeres, nuevas reflexiones ministeriales y estructuras como la propia Ceama, nacida del proceso sinodal.
Repam remarca que esta opción implica “la auténtica opción por los más pobres”, acompañando a los pueblos originarios desde la doctrina, pero también, desde la cercanía pastoral y la defensa de sus derechos. Para la red, Querida Amazonía es hoy “un mapa de acción” que orienta su presencia territorial y su misión evangelizadora.
Soñar sigue siendo tarea
Tanto Ceama como Repam plantean que los cuatro sueños mantienen plena vigencia. La realidad amazónica, marcada por violencias, extractivismo y crisis climática, desafía a la Iglesia a no retroceder en su servicio.
Con espíritu sinodal, las instituciones manifiestan su decisión de seguir impulsando procesos que hagan visibles estos horizontes en comunidades, jurisdicciones eclesiales y espacios internacionales.
Porque, como recuerda la reflexión pastoral en este aniversario, soñar en clave evangélica no es idealismo: es misión concreta. Es creer que el Reino de Dios germina en la selva, en los ríos y en los pueblos que custodian la Amazonía.
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