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Simona Brambilla, la primera mujer prefecta del Vaticano, participa en la Asamblea anual de la Vida religiosa femenina de Estados Unidos

Más de 600 religiosas y 300 invitadas se reunieron en Atlanta, del 13 al 15 de agosto, para celebrar la Asamblea anual de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas (LCWR por sus siglas en inglés), que reúne a la vida religiosa femenina de Estados Unidos.

Simona Brambilla, religiosa de las Hermanas Misioneras de la Consolata y prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica del Vaticano, participó en esta cumbre.

Como recoge el portal GSR, en años anteriores el Prefecto enviaba una carta a la LCWR para ser leída por su representante, pero esta vez la propia hermana Bambrilla asistió, como signo del liderazgo de las mujeres en la Iglesia universal, tras su nombramiento como Prefecta.

Un cargo que la hace merecedora de ser la primera mujer en la historia contemporánea de la Iglesia en ser prefecta de un dicasterio. Su designación fue uno de las últimas grandes decisiones del Papa Francisco.

El papel de la Vida religiosa

La hermana Brambilla abordó el tema de la sinodalidad, como camino de esperanza para la vida consagrada. Hizo alusión a un aforismo del pueblo Maua, en Mozambique, donde fue misionera de 1999 a 2002, como responsable del ministerio juvenil en el Centro de Estudios Macua Xirima.

Para el pueblo Maua – de arraigadas tradiciones y sistema matriarcal – Dios no es como el sol, que viaja solo por el mundo, sino como la luna, que brilla con las estrellas.

“La luna viaja en compañía, habitando el horizonte de comunión y compartir que encuentra en la noche un tiempo de intimidad, una expresión privilegiada”, apuntó.

Por eso, la vida religiosa debe ser como una humilde estrella, llamada a iluminar y no como el sol que eclipsa a cualquier otra luz. “Iluminar junto a otras estrellas y planetas”, dijo.

En paralelo con este pasaje africano, Brambilla se basó en el Evangelio de Juan (21,9) cuando Jesús resucitado enciende un fuego de carbón para sus discípulos, “es así como los líderes de la vida religiosa están llamados a servir a sus miembros”.

“La autoridad evangélica aviva, custodia y alimenta el fuego sagrado que reúne a los hermanos y hermanas en torno al único Pan de Vida, los hace crecer como pueblo de Dios y los inflama con ese amor que une a personas diversas con lazos de caridad tan ardientes como delicados”, añadió.

 

Más de 600 religiosas de EE.UU. celebraron su Asamblea anual. Foto: GSR/Dan Stockman

Llenos de Dios

La hermana Brambilla habló sobre religiosas y religiosos que han sido martirizados por su fe. Se preguntó: “¿por qué el odio, la violencia y el mal se desatan contra seres tan vulnerables, frágiles e indefensos, tan alejados de las estructuras de poder?

A lo cual planteó que el mal mismo se perturba ante su presencia, que aunque vulnerables, los religiosos y religiosas “están llenos de Dios, inflamados por su fuego”. La fragilidad que habita Dios perturba al mal, “lo hace temblar”.

Recordó una anécdota tras una visita a Kabul, Afganistán, en 2018. Allí pudo ver el contraste entre soldados de la OTAN y de dos hermanas católicas completamente vulnerables allí.

Nunca olvidará las palabras de un oficial de la OTAN que le dijo: “Estas dos mujeres, extraordinarias, humildes y dedicadas, hacen infinitamente más por este pueblo que todos los soldados juntos”, finalizó.

 

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