ADN Celam

“Somos Iglesia en la COP30”, Moema Miranda resalta las señales de sinodalidad en la Conferencia de la ONU sobre el clima

En el marco de la COP30 que se celebra en Belém do Pará, ADN Celam sostuvo un amplio diálogo con Moema Miranda, antropóloga, referente en el acompañamiento a comunidades indígenas y amazónicas y miembro del equipo cooridnador de la Red Iglesias y Minería. Desde su mirada eclesial, social y ambiental, analiza los desafíos que enfrenta la región amazónica, así como los aprendizajes que la Iglesia puede aportar a la agenda climática global.

COP con espíritu sinodal

Miranda afirma que esta COP30 llega marcada por un proceso eclesial sin precedentes. “Para esta COP logramos hacer un proceso dentro de la Iglesia Católica mucho más sinodal que en momentos anteriores”, señala. En Brasil, explica, se desarrolló la iniciativa Iglesia Roma 30, que articuló movimientos católicos de base y permitió elaborar documentos consensuados posteriormente por las conferencias episcopales.

Entre ellos resalta el texto Iglesias del Sur Global frente a la COP30, redactado conjuntamente por las conferencias episcopales de América Latina, África y Asia. Para Miranda, este documento expresa una “confluencia en un proceso de sinodalidad donde participan episcopado, clero y numerosas organizaciones laicas”.

Sin embargo, reconoce que no toda la Iglesia está alineada con esta visión: “Siempre habrá gente apoyando las alternativas de las corporaciones”. Aun así, considera que se ha logrado “identificar con claridad la raíz de los temas centrales” y construir una mirada que rechaza “las falsas soluciones que solo cambian la apariencia, pero no la profundidad del problema”.

El papel de la Iglesia en la Amazonía

Para Miranda, el eje espiritual y político consiste en una conversión ecológica real que confronte “esta especie de hambre infinita del capital” y el poder corporativo que “hoy amenaza la continuidad de todas las vidas del planeta”.

Consultada sobre el rol de la Iglesia amazónica en este proceso, Miranda retoma elementos ya mencionados: “Desde la Iglesia hemos construido una mirada común basada en ver la realidad y mirar las raíces y causas profundas”. Señala que este método —heredero de Medellín y Puebla— ha dado frutos decisivos en la articulación eclesial.

Remarca además que esta visión coincide con la propuesta del Papa Francisco en Laudato si’ y Laudate Deum, y también con “lo que el Papa León está trayendo”. Aunque admite que no siempre es visible, afirma que la Iglesia ha contribuido a generar “una fuerza con capacidad de resistencia a este proyecto de muerte”.

El “caminar juntos” frente a las decisiones globales

Sobre la posibilidad de que la sinodalidad inspire la toma de decisiones globales, Miranda es categórica: “El multilateralismo desde arriba está dominado por los intereses de grandes corporaciones y millonarios”. Señala que los estudios muestran queel 10% más rico es el que más destruye al mundo, tanto por su consumo como por su poder en los espacios de decisión.

Por eso sostiene que las soluciones no vendrán de las élites: “Por arriba no vendrá una alternativa”. En cambio, afirma que la esperanza nace de “un multilateralismo desde abajo”, tal como propone el Papa Francisco: pueblos indígenas, campesinos, mujeres y organizaciones de base.

Cita una campaña del movimiento indígena que resume esta visión: “La respuesta somos nosotros”. Y añade: “La respuesta para la crisis climática no es un avance tecnológico guiado por las corporaciones, sino la reconciliación con el mundo y el reconocimiento de que la tierra es madre”.

Aprendizajes del camino sinodal latinoamericano

Miranda señala que la Iglesia latinoamericana posee un largo camino sinodal, incluso antes de usar ese nombre.

“En Puebla y Medellín ya había un intento profundo de construir una Iglesia pueblo de Dios”, recuerda. Una Iglesia donde los obispos “caminan con su pueblo, no al frente ni arriba”.

Este legado, asegura, ilumina la participación de las comunidades amazónicas en la COP30 y fortalece su presencia como actores con voz propia.

Signos de sinodalidad en la COP30

A pesar de las tensiones globales, Miranda ve signos de esperanza. “He visto muchos gestos en este recorrido”, asegura, y resalta especialmente que en esta cumbre “somos Iglesia en la COP30”, algo que interpreta como un paso decisivo para un futuro común.

Menciona como ejemplo la reciente carta de las Iglesias del Sur Global: Las conferencias de América Latina, África y Asia escriben juntas y se posicionan en común. Es muy importante y muy potente”. Para ella, este gesto refleja que la sinodalidad es una práctica concreta que orienta la acción global.

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