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El Salvador: Carta pastoral evidencia injusticias y propone caminos de esperanza desde la fe cristiana

Foto: Episcopado El Salvador

En la festividad de San Pablo VI, este 29 de mayo, la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES) ha presentado una nueva carta pastoral titulada: Una voz que con esperanza clama en el desierto (cf. Jn 1,23). Se trata de un documento, dado a conocer por monseñor José Luis Escobar Alas, presidente de la CEDES, que representa un llamado urgente y esperanzador a las autoridades y a toda la sociedad salvadoreña para construir un país más justo, humano y solidario.

Desde una mirada de fe, los obispos elevan su voz junto a la del pueblo salvadoreño “tan sufrido y abnegado”, para sugerir vías concretas en áreas como la educación, salud, medio ambiente, economía y política. En un mensaje directo, invitan a confiar en Dios y en las capacidades del país para alcanzar una transformación profunda al servicio del bien común.

Educación y salud como pilares de desarrollo

Como muestra de preocupación por la educación de los salvadoreños, los obispos reconocen las obras de infraestructura en escuelas públicas, sin embargo, cuestionan la centralización del sistema educativo y advierten el riesgo que se puede correr de dejar a las nuevas generaciones rezagadas ante los retos de la revolución digital. Recuerdan que la educación debe ser una prioridad nacional, pues es “una de las mejores puertas para alcanzar el desarrollo”.

Por otro lado, la salud, reconocen la construcción de nuevos hospitales y centros de salud, pero lamentan la constante desigualdad del acceso a los servicios médicos. Frente a esto proponen descentralizar el sistema, con más clínicas y hospitales que respondan realmente a la demanda poblacional y alivien en la carga al personal sanitario.

Llamado a una paz auténtica y duradera

Igualmente, en materia de seguridad, el episcopado salvadoreño valora los avances que hay en esta materia, pero advierte que para conseguir una verdadera paz se necesita más que represión: espacios de esparcimiento, arte, deporte, y oportunidades de estudio y formación técnica. Observan que la pobreza y la falta de oportunidades están en el núcleo de la violencia e insisten en que “se debe velar por la educación de los niños y jóvenes”.

Con respecto a las personas que se encuentran privadas de la libertad, los obispos son enfáticos en señalar que se debe revisar con objetividad cada caso, liberando a los inocentes, a la vez que denuncia la criminalización de la migración y de los defensores de derechos humanos. Duramente, señalan que los migrantes “no son delincuentes”, y que El Salvador no debe ser promovido como una cárcel internacional.

Cuidado de la casa común y justicia ambiental

Sobre el medio ambiente, los prelados denuncian la devastación ecológica del país, al respecto piden acciones concretas y urgentes: reforestación, protección de cuerpos de agua, defensa de la fauna y anulación de la Ley de Minería. Recuerdan con dolor los crímenes impunes de líderes ambientalistas que sacrificaron su vida por el cuidado de la naturaleza y la defensa de los pueblos. Señalan que ambientalistas como Marcelo Rivera y Dora Sorto, exigen de las autoridades se haga justicia.

La Iglesia católica, pide derogar, con urgencia, la Ley de Minería aprobada a finales del año pasado. Con esto indican se está “Escuchando el clamor del pueblo salvadoreño, pues sabe que, de implementarse la minería metálica en nuestro país, saldríamos todos gravemente dañados, incluyendo las futuras generaciones”.

Crisis económica y participación política

La carta pastoral también toma el tema sensible de la situación económica del país, evidenciada por la alta tasa de desempleo agravada por miles de despidos ocurridos en los últimos meses. Frente a esta realidad y en beneficio del país, claman por la creación e implementación de una ley de seguridad alimentaria y subsidios que favorezcan la canasta básica de las familias, medidas urgentes que aseguran podrían salvaguardar la dignidad de las comunidades más pobres.

En lo político, invitan a recuperar el sentido del servicio público, recordando que “la política es para el pueblo y no para el beneficio de minorías”. Piden la derogación del estado de excepción y proponen una política pública orientada al fortalecimiento de la familia salvadoreña.

Una voz moral por el bien del país

Finalmente, en su mensaje, los obispos reiteran que su intención no busca confrontar al gobierno ni responder a intereses ideológicos. Su motivación, aseguran, es sinceramente pastoral: ser voz de quienes no tienen voz, especialmente los más pobres, desempleados y desplazados. “Es necesario escuchar la voz de los más vulnerables”, concluyen, y ofrecerles alternativas reales para una vida digna.

 

 

29-5 Carta Pastoral CEDES

 

 

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