Brasilia fue sede, los días 10 y 11 de junio, del Seminario “Migración y Refugio: Los desafíos de la Iglesia en Brasil y Latinoamérica”, un encuentro que reunió a autoridades eclesiales y pastorales de todo el país con un doble propósito: fortalecer la coordinación de iniciativas eclesiales dedicadas a migrantes y refugiados, y conmemorar cuatro décadas de trabajo ininterrumpido del Servicio Pastoral para Migrantes (SPM).
Para Roberto Saraiva, miembro de la coordinación colegiada del SPM, esta celebración ha sido, además de festiva, una oportunidad para mirar críticamente el pasado y proyectar el futuro de la misión eclesial con migrantes: “40 años de historias, recuerdos, una verdadera jornada. Es tiempo de celebrar, evaluar y reflexionar. Hoy podemos decir que hemos profundizado en la acción de la Iglesia, articulando sectores diversos para asistir y promover a quienes migran y buscan refugio, siempre bajo la perspectiva de acoger, proteger, promover e integrar”.
Durante dos días de debates y trabajos en grupo, los participantes abordaron los múltiples desafíos que plantea el contexto migratorio actual, marcado por políticas restrictivas, xenofobia y gobiernos que desconocen el potencial transformador de la migración en las comunidades receptoras. Saraiva enfatizó la necesidad de mantener una postura profética y sinodal frente a estos escenarios adversos: “Frente a Estados autoritarios con los migrantes, debemos redoblar esfuerzos, trabajar unidos, ser sinodales, para defender la dignidad humana”.
Acciones sinodales
El seminario ofreció una agenda amplia, con reflexiones sobre la organización de servicios de atención, la lucha por la ciudadanía universal, la incidencia en políticas públicas y la prevención de la migración forzada, especialmente por efectos del cambio climático.
Mons. Ricardo Hoepers, secretario general de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), instó a que las propuestas surgidas alimenten los debates de los órganos de decisión pastoral como el Consejo Pastoral Episcopal (CONSEP): “Podemos iniciar un proceso para que estas propuestas se vuelvan acciones concretas a nivel nacional”.
La metodología del encuentro se inspiró en la metáfora de los senderos, que guio a los participantes por distintas rutas de análisis: desde la realidad actual de la migración en Brasil y América Latina, hasta la memoria de 40 años de pastoral migrante, pasando por la consolidación de políticas públicas, la escucha sinodal y la definición de compromisos compartidos.
Articulación en red
Alessandra Miranda, asesora de la Comisión Episcopal para la Acción Sociotransformadora de la CNBB, señaló la necesidad de actualizar la acción pastoral y la articulación en red para responder a los nuevos contextos migratorios: “La sinodalidad es clave para planificar y dar respuestas efectivas a los desafíos que enfrentan migrantes y refugiados. Necesitamos caminos concretos para una acogida integral y una integración respetuosa de la diversidad cultural”.
De los trabajos en grupo surgieron recomendaciones y líneas de acción para robustecer la presencia de la Iglesia junto a las comunidades migrantes y refugiadas. Entre las principales propuestas se encuentran la creación de un grupo de trabajo para actualizar las directrices pastorales y el documento de la CNBB sobre migración; el diseño de una campaña de fraternidad centrada en la temática migratoria; y el impulso de procesos de formación para agentes pastorales y para la escucha cualificada de migrantes.
Los participantes también subrayaron la necesidad de alertar a las comunidades sobre la influencia de redes criminales y estructuras de trata que vulneran a las personas migrantes, así como de reforzar la participación de la Iglesia en espacios de incidencia política y consejos de participación civil.
Creación y fortalecimiento de redes
Otras sugerencias se orientaron a la creación y fortalecimiento de redes de apoyo entre organizaciones que trabajan con migrantes, la promoción de una cultura de acogida y solidaridad, el mapeo de la realidad migratoria con denuncias de casos de trata, y el uso de metodologías innovadoras y tecnologías digitales para evangelizar, formar y sensibilizar a la sociedad.
Se propuso que la Asamblea General de los Obispos aborde como tema prioritario la migración, consolidando así un compromiso pastoral renovado y coordinado con la defensa de la dignidad y los derechos de quienes migran y buscan refugio en Brasil y toda Latinoamérica.
La Iglesia camina con las personas migrantes y refugiadas, y mantiene su deseo de ser sinodal, profética y humana: un testimonio vivo de la opción preferencial por los más vulnerables.
Servicio Pastoral para Migrantes celebra 40 años
Para celebrar los 40 años de acción del Servicio Pastoral para Migrantes (SPM), la Comisión Episcopal para la Acción Sociotransformadora de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) reunió a varias instituciones y congregaciones religiosas en Brasilia para reflexionar sobre el papel de la Iglesia en la realidad migratoria.
El evento contó con el apoyo de las agencias de desarrollo Misereor y Adveniat, y de la Red Clamor. Durante los dos días de debate, reflexión y diálogo, el SPM, organizaciones, grupos pastorales y redes comprometidas con las personas migrantes y refugiadas evaluaron sus acciones y el impacto social, político, económico, cultural, religioso y ecológico que las rodea.
Mons. Ricardo Hoepers describió estos 40 años como “un camino de fe y servicio”, y ratificó el compromiso de la Iglesia de seguir defendiendo la dignidad, la solidaridad y la acogida como pilares para una sociedad más justa y fraterna.
Acoger, cuidar y acompañar
Mons. João Aparecido Bergamasco, obispo de Primavera do Leste-Paranatinga y presidente del SPM, señaló que se continuará acogiendo, cuidando y acompañando a las personas migrantes, fortaleciendo puentes con organizaciones, pastorales y misioneros scalabrinianos.
Testimonios como el de María Alejandra, migrante venezolana, resaltaron el valor de la Pastoral de los Migrantes como espacio de amor, fe y solidaridad: “Quiero decirles a todos los migrantes y refugiados que no están solos, que hay personas que se preocupan por nosotros y nos acompañan”.
Por su parte, Maria Ozania da Silva, de la coordinación colegiada del SPM, recordó que la migración forzada sigue siendo uno de los mayores desafíos, y pidió buscar la manera de garantizar condiciones dignas para quienes se ven obligados a dejar sus tierras por razones políticas, económicas o de guerra.
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